Costa Rica, Jueves 22 de mayo de 2008

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Jaime Gutiérrez Góngora

‘Reflexiones’del Dalái Lama

médico

Que Pepe de los Palotes diga que hay que “evitar que la globalización se produzca a costa de los pobres”, y que aboga “por una desmilitarización a escala mundial”, no tendría mucha importancia.

Pero el asunto se torna tenebroso cuando lo dice el Dalái Lama, líder de los 350 millones de budistas del mundo, que se ha labrado un importante protagonismo y es influyente dentro de amplios círculos en Occidente y Asia.

El concepto de “los pobres” escapa a una definición universalmente aceptada.

El 98% de “los pobres” tiene refrigeradora en Estados Unidos, por ejemplo. En los países desarrollados, los pobres “están mejor hoy que ayer”.

Por lo tanto, ¿se puede decir que no hay pobreza en esos países desde que arrancó la Revolución Industrial? Etcétera.

La globalización. A pesar de que siempre existirán desgarradoras desigualdades, la globalización pretende que los pobres se enriquezcan también, lo mismo que los ricos. La globalización no favorece un rígido sistema de castas que no les permita a los pobres subir por la escalera del éxito por meras razones sociales, sino por méritos propios.

La globalización castiga también a los ricos. La competencia es buena para nosotros los usuarios, pues nos ofrece la oportunidad de obtener bienes y servicios mejores a un menor precio. Pero es mala para los ricos que se arruinan cuando sus negocios fracasan por la competencia. En fin, todos vivimos “a costa” de otros. Pero no hay derecho a que se trate de poner en tela de juicio un sistema menos malo que los del siglo XIX, que llevaron al mundo a terribles e injustas guerras por mercados.

¿Desmilitarización? Sin embargo, lo peor de las declaraciones del Dalái Lama es su recomendación de “una desmilitarización a escala mundial”. Quisiera creer que lo dijo por ignorancia. A un buen hombre que pasa buena parte de su tiempo meditando puede no quedarle mucho tiempo para profundizar en el conocimiento de la Historia.

En el siglo XX no se produjo un fenómeno político de la magnitud y universalidad que el movimiento a favor de la paz y del desarme después de la Primera Guerra Mundial. Los Gobiernos iniciaron una sostenida actividad diplomática en pos del desarme. Por años después de esa guerra, cualquier plan de desarme, por ilusorio o irrelevante que fuera, era suficiente para que los pueblos y sus dirigentes se aferraran a él. La paz perdurable sería la consecuencia del desarme.

Hitler usó esa actitud suicida de las democracias para rearmarse y, cuando estas se percataron de lo que había ocurrido, ya la Segunda Guerra no pudo ser evitada por medio de la disuasión, pues Hitler ya estaba mucho mejor armado que ellos.

Peligros. ¿Desarmarse con un Irán xenofóbico, fundamentalista, rico y armado en lucha contra Occidente? Si las Naciones Unidas no pueden garantizar que Irán no está construyendo un arma atómica, ¿cómo haría el Dalái Lama para lograrlo?

“Es el mayor error mezclar el desarme con la paz. Cuando exista la paz, existirá el desarme”, pronosticó Churchill, que sabía de estas cosas más que el Dalái Lama. No parece comprender el religioso que no hay paz. Se está librando una guerra de civilizaciones no reconocida por líderes europeos, sobre todo porque, al no reconocerla, no tienen que enfrentar sus consecuencias.

Como el Dalái Lama ahora, no aprendieron de la Historia y, en lugar de enfrentar a Hitler cuando era débil, lo dejaron armarse y condenaron al mundo a 55 millones de muertos en la “Guerra Innecesaria”, como llamó Churchill a la Segunda Guerra Mundial.

El Dalái Lama debería recordar que, mediante del masivo rearme de Estados Unidos, el presidente Ronald Reagan terminó con la Guerra Fría y, por eso, no volaron los cohetes que habrían destruido buena parte del mundo y quizá hasta los templos budistas del Tíbet.

Para unos, es una figura decorativa; lo exhiben. Para otros, una especie de Madre Teresa budista o un líder político de una causa perdida. Pero desde ahora, para mí, el Dalái Lama es una figura peligrosa.

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