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José A. Cabezas D. |
La Liga: en el único camino posible
La Comisión Jurídica informará a la directiva sobre el resultado de su investigación
Abogado
José A. Cabezas D. es coordinador Comisión Jurídica Liga Deportiva Alajuelense
Por acuerdo de junta directiva de la Liga Deportiva Alajuelense del pasado 12 de mayo, se me asignó para dar respuesta a su Editorial "Un precedente al revés" (11/5/08) por haber asesorado a dicha directiva en la sorpresiva situación planteada a raíz del recibo de un premio por parte de los jugadores, en las circunstancias conocidas sobradamente por la opinión pública.
Si bien es cierto que dicho ente colegiado deploró y rechazó, como un todo, la inserción de una dádiva proveniente de un agente externo para que los jugadores obtuvieran una victoria que por imperativo legal indicado en su contrato de prestación de servicios deportivos, deber moral y sentido común, están obligados a hacer, tuvo que llegar a la lamentable e inequívoca conclusión de que lo sucedido no se encuentra enmarcado en ninguna norma, ni nacional ni internacional, que le permitiera aplicar una sanción inmediata y directa. La acción de los jugadores es ubicada en el área ética más que en la deportiva. Esto complica la respuesta represiva. No puede ni la Liga Deportiva Alajuelense ni ninguna otra institución pública ni privada, como lo sabe muy bien el editorialista y los lectores de su medio, aplicar una sanción que previamente no esté estipulada por la ley, a riesgo de que sea llevada a cualquier instancia judicial y tendría que responder por su error hasta patrimonialmente con los recursos de la institución.
El juramento. El juramento dado por cada uno de los directivos al asumir el cargo no solo es resguardar sus intereses y patrimonio, sino cumplir las leyes, sin convertirse en “ayatolás” que actúen por encima de estas, pero bajo la directriz del ambivalente criterio moral que le indiquen los que piensan que tienen el monopolio de la verdad.
Por otra parte, hice recordar a la directiva en aquel momento lo que parece que el señor editorialista ha olvidado: está demostrado históricamente que las medidas sancionatorias no tienen la eficacia de acabar con la reincidencia, que en este caso es lo que le interesa a la afición nacional. La penología ha demostrado que esa es una realidad palpable desde hace tres mil años. Ni las crucifixiones, ni los latigazos, ni la cárcel, ni las inyecciones letales, han logrado disminuir el delito. Lo único que lo logra es la concientización del infractor de que su actuar es dañino a la sociedad y por ese camino se logra su readaptación, término criminológico que traigo al plano deportivo. El primer paso de ello es el arrepentimiento, que su editorial trata con tanto desdén. Es extraño que descalifique por realizarlo solo a la Liga Deportiva Alajuelense y no lo haga cuando otros órganos lo aplican a otras personas, como fue, por ejemplo, la reciente orden de la UNAFUT para que el técnico Justin Campos se disculpara por su comportamiento impropio con la afición y directivos manudos. ¿No es lo mismo lo que hizo antes la junta directiva de la Liga y por lo que el editorialista le reclama “un precedente” más firme? Esto sirve para recordar que la moral, para muchos, es graduable. O quizá hasta doble, según el prisma con que mire.
Debido proceso. Sin embargo, permítame sacarlo de una grave desinformación: aun por encima del arrepentimiento mostrado por los jugadores, las disculpas públicas que ofrecieron, la devolución del dinero y la promesa de no volverlo a hacer, fue decisión de la directiva, dado que no se puede sancionar directamente, iniciar un “debido proceso” que evalúe si ha habido una violación al contrato deportivo o no, tasando su real gravedad, con la defensa adecuada de los involucrados. Esta comisión especial para el debido proceso, delegada en la Comisión Jurídica, compuesta por ocho juristas de elevado renombre, debe informar en un plazo de treinta días el resultado de su investigación a efectos de que la junta directiva tome las decisiones que correspondan dentro de un estilo de firmeza, pero con respeto al ordenamiento legal y a sus propios jugadores, quienes definitivamente lo siguen mereciendo.
Nota de la Redacción
El editorial de La Nación sobre este asunto no trató “el arrepentimiento con desdén”, como dice el autor de la nota anterior. No nos referimos a él ni con desdén ni con aplauso, pues esta no era la cuestión de fondo del editorial. Jamás trataríamos desdeñosamente un sentimiento tan humano y necesario.
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