Costa Rica, Miércoles 14 de mayo de 2008

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Suzanne DiMaggio

La agonía de Birmania

 El deterioro de Birmania exige que Ban Ki-moon deje de gestionar y empiece a liderar

Suzanne DiMaggio es directora del Programa de Asuntos Sociales de la Asia Society y exvicepresidenta de los Programas de Política Global de la Asociación de las Naciones Unidas de Estados Unidos.

Mientras sigue aumentando la cantidad de muertos como consecuencia del ciclón que azotó a una zona densamente poblada de Birmania, desde el delta Irrawaddy hasta la capital, Rangún, la dictadura militar del país está presionando con esfuerzos por consolidar su poder. Los líderes de la junta hicieron poco para facilitar los esfuerzos de recuperación después del desastre. De hecho, anunciaron sus intenciones de avanzar con la realización de un referendo nacional programado para el sábado para aprobar una nueva constitución que, esperan, afianzará su poder en las próximas décadas.

Los gobernantes de Birmania dijeron que la votación se postergará en las zonas más afectadas por el ciclón hasta el 24 de mayo, pero que el referendo seguirá adelante tal como estaba planeado en otras partes del país. Con esta medida, los líderes militares están poniendo su voto engañoso, destinado a afianzar su control represivo en el poder, por delante del bienestar del pueblo birmano.

Larga dictadura. Esto no debería causar sorpresa. Durante casi cinco décadas, los gobernantes militares de Birmania sistemáticamente socavaron los intereses de sus propios ciudadanos. En este último episodio, los medios de prensa controlados por la junta no anunciaron las advertencias sobre el ciclón que se avecinaba. La entrada del personal humanitario de las Naciones Unidas se ha visto demorada por la negativa por parte del Gobierno a permitir el ingreso de los socorristas al país sin antes solicitar las visas correspondientes. Es más, los líderes militares se están tomando su tiempo para aligerar las restricciones a la importación de suministros humanitarios y permitir el ingreso al país de un equipo de supervisión de las Naciones Unidas.

Algunos instaron a que se centrara la atención en hacer llegar la ayuda a Birmania en lugar de criticar al Gobierno. Pero la realidad es que las dos cuestiones están conectadas y la magnitud del desastre se vio agravada por el objetivo individualista de la junta de preservar su poder.

Los líderes militares han demostrado que pueden movilizar sus fuerzas de inmediato cuando así lo quieren, como puso en evidencia su ataque violento a miles de monjes y activistas políticos el año pasado. Más de siete meses después de esa brutal represión, los activistas políticos siguen siendo encarcelados y torturados. Grupos de derechos humanos informan que opositores a la constitución propuesta por la junta han sido golpeados e intimidados antes de la votación.

La actual constitución promilitar carece de credibilidad porque Aung San Suu Kyi, la ganadora del Premio Nobel de la Paz, que pasó 12 de los últimos 18 años bajo arresto domiciliario o en prisión, y otros líderes democráticos y de minorías étnicas no han sido autorizados a participar en el proceso de redacción. Por otra parte, la nueva constitución le impediría a Suu Kyi presentarse como candidata a la presidencia porque está casada con un extranjero.

En su carácter de único actor internacional en diálogo directo tanto con los generales de Birmania como con Suu Kyi, la ONU está en condiciones de ejercer presión para que haya un proceso genuino de reconciliación nacional. Pero esta estrategia actual no está dando resultados.

Falta de progreso. Hasta la fecha, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha encarado la crisis mediante el uso de sus “buenos oficios”, con Ibrahim Gambari como su representante ante los gobernantes de Birmania. En su informe de marzo de 2008 ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Gambari dijo que su visita más reciente al país había sido “frustrante” y reconoció que no se había hecho ningún progreso tangible. No le concedieron reuniones con altos líderes del gobierno, representantes de minorías étnicas y grupos políticos opositores. El resultado fue un importante retroceso.

Esta falta de progreso no es tanto un reflejo de las capacidades de Gambari como del hecho de que no ha sido facultado por los países que ejercen mayor presión sobre los gobernantes de Birmania, entre ellos China, la India y los vecinos de Birmania pertenecientes a la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático). La estrategia de los “buenos oficios” es efectiva cuando el peso del mundo la respalda y, en pocas palabras, Gambari no ha recibido la autoridad que necesita. Dado que los países que más influyen en la junta también tienen fuertes intereses comerciales en Birmania, no debería esperarse que alguno de ellos dé un paso al frente y tome la delantera por cuenta propia.

Como secretario general, Ban actuó de acuerdo con su visión autoproclamada de ser el diplomático consumado, y obtuvo algunos réditos importantes al ocuparse del exceso de burocracia en las Naciones Unidas así como de Oriente Medio. Pero, en otras cuestiones, Ban no estuvo a la altura del precedente críticamente importante fijado por su antecesor como secretario general, Kofi Annan, quien transformó el cargo para promover los derechos humanos y asumió el rol de la “conciencia del mundo” cuando fue necesario.

Empezar a liderar. El deterioro de Birmania exige que Ban deje de gestionar y empiece a liderar. Debería empezar por exigir que Birmania cumpla con su responsabilidad de proteger a los ciudadanos del país y condenar el uso de violencia y tácticas represivas.

Dada la postura de línea dura de los generales birmanos hasta la fecha, probablemente resulte necesario que Ban viaje a Birmania a reunirse cara a cara con sus líderes. Una idea es presionar a los generales para que acepten conversaciones multipartidarias basadas en el modelo norcoreano, una estrategia que Ban ayudó a forjar desde sus días como ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Sur.

Ante los ojos del mundo, los generales de Birmania están consolidando su régimen tirano mientras cientos de miles de sobrevivientes del ciclón siguen necesitando desesperadamente un refugio, agua potable y atención médica. La situación exige la participación directa del secretario general. Sin ella, la junta seguirá teniendo mano libre para actuar contra los derechos humanos del pueblo birmano.

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