![]() |
PÁGINA QUINCE Carlos Alonso Vargas |
Perspectiva católica del ecumenismo
Filólogo
Comenzando con el domingo de Pentecostés, tiene lugar cada año en Costa Rica la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Por ello es oportuno reflexionar sobre lo que significa el ecumenismo desde el punto de vista católico.
Hablar de “ecumenismo” es referirse precisamente a los esfuerzos por acercar entre sí a las diversas confesionescristianas . No se trata de la relación con religiones no cristianas. El ecumenismo es algo intracristiano: está centrado en Cristo como único Salvador, ligado a la fe en la Trinidad, a la aceptación de la Biblia como Palabra de Dios, al bautismo como lo que nos une a la muerte y resurrección de Cristo.
Unidad completa. Esos son los pilares de lo que todos los cristianos tienen en común, en medio de la lamentable división histórica en múltiples Iglesias y denominaciones, que es precisamente lo que el ecumenismo procura contrarrestar. Cristo quiso y quiere la unidad completa entre sus seguidores, como reflejo de la unidad entre él y el Padre y como testimonio de que toda la humanidad está invitada a acogerlo a él como su Salvador.
Todavía en la primera mitad del siglo XX, la postura de la Iglesia Católica hacia los cristianos no católicos era de hostilidad y, podría decirse, de arrogancia. Como si se les dijera: Ustedes son los que se fueron; la unidad está en la Iglesia Católica, así que, si quieren la unidad, vuelvan acá. Esa actitud es explícita, por ejemplo, en la encíclica de Pío XIMortalium animos (1928). Bajo ese punto de vista, la única posible reconciliación entre las confesiones cristianas consistía en un “regreso”, sin más, de protestantes y ortodoxos al catolicismo.
Cambio radical. El cambio radical vino con el papa Juan XXIII (1958-1963) y con el Concilio Vaticano II (1962-1965), convocado por él y continuado por Paulo VI. El Concilio reconoció que el movimiento ecuménico venía del Espíritu Santo; declaró que los cristianos no católicos eran verdaderos cristianos; reconoció que en las divisiones históricas también había culpa del lado católico; admitió que la propia Iglesia Católica necesitaba cambiar, y comprometió a todos los católicos a orar por la unidad de los cristianos.
Los papas posteriores al Concilio han promovido con valentía el ecumenismo. Juan Pablo II, en su encíclicaUt unum sint (1995), afirma que “con el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica se ha comprometidode modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica” (n. 3; énfasis del original), y que “el ecumenismo… pertenece orgánicamente a su vida y a su acción” (n. 20). El ecumenismo es parte integral del catolicismo, y, para ser católico, hay que ser ecuménico.
La unidad es una meta. Este compromiso de la Iglesia Católica expresa un profundo cambio de actitud respecto a la unidad de los cristianos. Ya esta unidad no se concibe como algo “logrado” que la Iglesia Católica posee y resguarda, sino más bien como una meta que alcanzar, hacia la cual todas las Iglesias cristianas tienen que avanzar. Por algo Juan Pablo II habla en el texto citado de “recorrer el camino”. La unidad no se puede alcanzar por simples esfuerzos humanos, sino que tiene que ser un don de Dios.
Por eso, la unidad no es fácil de lograr. No es la senda ancha de un consenso ambiguo sobre afirmaciones que quedan bien con todo el mundo o sobre causas ajenas a la fe cristiana. Tiene que estar basada en la verdad de lo que Dios ha revelado en su Palabra, en su propósito de salvación y en la acción del Espíritu Santo. Implica el doloroso realismo de afrontar la división y sus consecuencias en la vida práctica de los cristianos.
La unidad ecuménica es una causa con la que todos los cristianos debemos comprometernos, esforzándonos por fomentarla en vez de obstaculizarla. Exige que cada uno reconozca a los miembros de las otras Iglesias como verdaderos hermanos en Cristo. Exige renunciar a la arrogancia, al espíritu sectario y al proselitismo. Y exige, sobre todo, la oración y la docilidad al Espíritu Santo para que se cumpla este propósito de Dios para su pueblo.
![]() |
EN VELA | ![]() |
EN GUARDIA | |
| JULIO RODRÍGUEZ | JORGE GUARDIA | |||
![]() |
LETRAS DE CAMBIO | ![]() |
OJO CRÍTICO | |
| LUIS MESALLES | RODOLFO CERDAS | |||
![]() |
ENFOQUE | ![]() |
POLÍGONO | |
| JORGEVARGAS | FERNANDO DURÁN | |||
![]() |
TAL CUAL | |||
| ALEJANDRO URBINA | ||||
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | | TARIFARIO DE LA NACIÓN | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2008. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS |
||||