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EDITORIAL |
El mercado cambiario
Celebramos que las cotizaciones se insertaran dentro de las bandas
El Banco Central, sin embargo, debe definir más claramente su política de intervención para sentar reglas objetivas
Es absolutamente normal observar cambios en las cotizaciones diarias en un mercado cambiario caracterizado por la libre interacción de la oferta y demanda de divisas. Y también es normal que las autoridades monetarias intervengan temporalmente, comprando o vendiendo monedas para tranquilizar el mercado, si perciben que está reaccionando fuera de los parámetros considerados normales o “fundamentales”.
Lo acontecido en el mercado cambiario costarricense la semana pasada cae dentro de esta caracterización. No hay razones de fondo para dar cabida al nerviosismo ni para esperar una tendencia alcista semejante a la ocurrida a la baja cuando se establecieron las bandas por primera vez. Para llegar a la anterior conclusión, es necesario, primero, comprender el funcionamiento del mercado cambiario y, luego, identificar las razones por las que el tipo de cambio podría variar en el futuro. También es útil identificar los efectos de los cambios observados la semana pasada y señalar cómo esos cambios pueden conducir a una mayor estabilidad cambiaria y de precios en el futuro.
EQUILIBRIO. Cuando se establecieron las bandas cambiarias por primera vez, a finales del 2006, el tipo de cambio real de equilibrio había variado. El incremento del turismo, expansión de exportaciones y la afluencia de capitales extranjeros deseosos de establecerse en Costa Rica con propósitos de inversión productiva y adquisición de bienes raíces, entre otros, hacían que la oferta global de divisas fuera superavitaria, a pesar del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos (5% del PIB). En esa oportunidad las bandas fueron muy estrechas y ubicadas alrededor de un nivel que no correspondía al nuevo equilibrio. El mercado reaccionó y se situó rápidamente en la banda inferior, y permaneció ahí por algún tiempo. Posteriormente, el Banco Central decidió congelar la banda de abajo e intervenir cotidianamente en el mercado. Pero, de nuevo, el mercado no convalidó el movimiento y siguió ubicado ligeramente por debajo de la banda inferior. El Central seguía interviniendo y emitiendo colones por la adquisición de monedas extranjeras. Entonces, decidió rebajar en un 4% la banda inferior, con la esperanza de lograr el equilibrio. Estudios del Banco Central y del Fondo Monetario Internacional (FMI) señalaban que el equilibrio podía oscilar entre ¢490 y ¢500 por $1.
Después de ese movimiento –que avalamos plenamente en nuestro editorial del 22 de noviembre del 2007– las cotizaciones tendieron a estabilizarse, con muy poca participación del Banco Central en el mercado oficial denominado Monex. Esa menor intervención, prolongada por más de seis semanas, era una buena indicación de que el mercado en ventanilla había dejado de ser superavitario y que el tipo de cambio estaba encontrando el nivel de equilibrio. Varios factores incidieron en ello: subida de los precios del petróleo, incremento en el nivel de los alimentos, mayores importaciones por efectos de la liquidez acumulada y una mayor inflación interna comparada con la internacional. Estos son, precisamente, razones fundamentales por las que puede variar el tipo de cambio. Lo acontecido la semana pasada se enmarca dentro de esta coyuntura. El alza continuada y las propias variaciones en el Monex por encima de las cotizaciones en ventanilla, así lo indicaban. Y, aunque los bancos tardaron un poco en reaccionar para ajustar también los precios en ventanilla, finalmente lo hicieron. Ya están aprendiendo las reglas del juego. Pero todo aprendizaje genera incertidumbre y causa temor. Y ahí es donde entra a jugar un papel importante el Banco Central.
INTERVENCIÓN. El Banco Central intervino la semana pasada vendiendo divisas para evitar que cambios inusuales en las cotizaciones alimentaran la creencia de que, ahora sí, el tipo de cambio se dispararía. Creemos que hizo bien. Para eso son las reservas. El Banco Central y, en general, el país se encuentra en una posición privilegiada para defender el tipo de cambio, pues ha acumulado el más alto nivel de reservas en toda su historia, cercano a los $5.000 millones. Esa suma es suficiente para respaldar en más de dos veces la masa monetaria que circula en el país. No hay razón para asustarse. Pero el Banco Central ha de ser muy cuidadoso con su intervención. Esta debe ser temporal y orientarse a defender un nivel de equilibrio que considere concordante con los denominados factores macroeconómicos “fundamentales”. Si estos cambian, para bien o para mal, debe permitir que el mercado se vaya ajustando a los nuevos niveles de equilibrio. Tanto el Banco Central como los participantes deben reconocer que ningún equilibrio es estático, que, conforme varían las condiciones de la economía nacional e internacional (las fundamentales), debe irse ajustando el tipo de cambio para preservar ese equilibrio dinámico. Las diferencias entre la inflación interna y externa es una de ellas. La política fiscal es otra. Si el país quiere estabilizar el tipo de cambio, debe empezar por estabilizar el nivel interno de precios (IPC), dentro de lo cual la política fiscal juega un papel importante. Y eso nos lleva al punto fundamental que queremos destacar.
EFECTOS. Debemos celebrar que las cotizaciones se insertaran finalmente dentro de las bandas. Eso significa no solo que la percepción del Fondo y la del Banco Central (avaladas en nuestro editorial) no estaban tan erradas en cuanto al nivel del tipo de cambio, y que la intervención cotidiana en el mercado oficial para aumentar la liquidez dejaría de ser una de las fuentes principales causantes de la inflación. El Banco podrá ahora retomar mejor control de su política monetaria y ajustar las tasas de interés para defender el colón de la inflación.
Y un colón más estable tiene que reflejarse en las cotizaciones cambiarias pues forma parte también de los factores macroeconómicos fundamentales. Además, los exportadores tendrán un respiro. Pero no ha terminado la tarea. Si bien concordamos con la intervención de la semana pasada, el Banco Central debe definir más claramente su política de intervención para sentar reglas objetivas y tranquilizar el mercado. También debe acelerar el desarrollo y difusión de los instrumentos de cobertura cambiaria, y, claro está, trasladar las pérdidas de operación del Banco Central al Estado. Todos estos factores generarían una mayor tranquilidad y se reflejarían en una mayor estabilidad del mercado de divisas.
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