Costa Rica, Miércoles 7 de mayo de 2008

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Rodrigo Arias Sánchez

Fundamentos de la confianza

 Algunas razones por las que se ha restaurado la confianza del costarricense

Ministro de la Presidencia

Luego de dos años, la presente administración ha sabido restituir la confianza de los ciudadanos en el presente y el futuro del país. Esta restitución de la confianza tiene sus fundamentos.

1. Rumbo claro. Desde antes de asumir nuestras funciones, le anunciamos al país hacia dónde queríamos conducir la barca común. Señalamos que nos proponíamos profundizar la participación de Costa Rica en las grandes corrientes de la economía mundial como una estrategia destinada a atraer inversiones productivas, generar empleos, estimular la producción nacional e incrementar las exportaciones como plataforma para combatir la pobreza. Esa claridad de propósito generó confianza en los costarricenses.

2. Coherencia. La presente Administración ha sabido ser coherente entre la palabra y los hechos. No hubo sorpresas en el despliegue de las acciones de Gobierno. La defensa del TLC con los Estados Unidos, así como la búsqueda de su ratificación y de la aprobación de su Agenda de Implementación, fueron la más clara evidencia de nuestro sincero compromiso con la estrategia definida. A ello se agregan decisiones tales como el establecimiento de relaciones diplomáticas con China, nuestra proactiva contribución al logro de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, la finalización exitosa de la negociación de un TLC con Panamá y el vigoroso estimulo al aprovechamiento de los acuerdos comerciales con Canadá, Chile, México y el CARICOM.

3. Solidaridad. Dijimos, y lo hemos probado, que el éxito de la estrategia económica debía ir acompañado de logros similares en el orden social. De esta forma, los elevados crecimientos de la economía obtenidos en los últimos años –aunados a otros esfuerzos– nos han permitido mejorar la recaudación fiscal y, como consecuencia, destinar mayores recursos al financiamiento de programas focales destinados a combatir la pobreza tales como construcción de viviendas de interés social, becas para que los estudiantes de menores recursos puedan mantenerse en las aulas y, además, mejorar –gracias a tres sustantivos aumentos en los últimos 24 meses– las pensiones del régimen no contributivo y de las pensiones de montos menores del régimen del Seguro Social.

4. Eficacia. Durante la presente administración disminuyeron la pobreza y el desempleo. Eso no es todo. También mejoró la calidad del empleo y la afiliación de trabajadores al Sistema del Seguro Social, un buen signo de estabilidad laboral. Esa mejora fue proporcional en todos los grupos poblacionales y en todas las regiones del país. Además, en todos los quintiles, aumentó el ingreso per cápita, quedando pendiente una mejora en la equidad de ese aumento que vaya en directo beneficio de quienes hoy reciben menos. En este punto, particular mención merece la creación del Sistema de Banca para el Desarrollo, que influirá, de manera determinante, en la reducción de la pobreza y mejoramiento de los índices de equidad.

5. Transparencia. El ejercicio del poder supone un riguroso sometimiento a valores y principios éticos que garanticen la transparencia de la gestión pública y la bondad moral de los actos de los gobernantes. La creación de una Comisión de Ética, independiente del Poder Ejecutivo, ha permitido someter a escrutinio los hechos presuntamente irregulares de servidores públicos cuyo resultado ha sido, en los casos que lo ameritaron, la inmediata separación del funcionario. Por muy dolorosos que hayan resultado algunos cambios en particular, el compromiso militante de esta administración con la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas seguirá siendo un pilar, pues genera confianza en los administrados sobre la idoneidad con que se manejan los recursos públicos.

6. Determinación. La ruptura de los monopolios en telecomunicaciones y seguros, la revisión y mejoramiento del sistema financiero estatal y el saneamiento de las finanzas del Banco Central, son iniciativas impostergables que ha adoptado el Poder Ejecutivo a fin de reformar importantes estructuras del Estado. La aprobación legislativa de estas reformas, así como de aquellas relacionadas con la concesión de obra pública, el sistema tributario y todo lo concerniente a la seguridad ciudadana deberán ser el fruto de la responsabilidad de los miembros de la Asamblea Legislativa. Para lograrlo, el Gobierno se ha esforzado en construir mayorías legislativas estables y procurar las reformas reglamentarias necesarias para darle viabilidad a los urgentes proyectos de reforma legal.

7. Consistencia. Fieles a la advertencia del Presidente de que al pueblo hay que decirle lo que debe saber y no lo que quiere oír, hemos dicho siempre la verdad por más dura o impopular que sea. Hemos reconocido el reto pendiente en materia de seguridad ciudadana, las limitaciones que tenemos para elevar del 6 al 8% del PIB la dotación presupuestaria para educación y la necesidad de reformas fiscales para elevar la carga tributaria –con equidad y progresividad– para preservar los logros alcanzados tanto en Hacienda Pública como en el sistema financiero. Advertimos, igualmente, los graves perjuicios que hubiese sufrido Costa Rica en caso de no ser aprobado, como dichosamente lo fue, el TLC con Estados Unidos y defendimos sin ambages ni cortapisas la ruptura de monopolios públicos insostenibles dentro de la estrategia de desarrollo del país. En suma, hemos sido congruentes entre lo que creemos que debe ser y lo que procuramos que sea, reconociendo limitaciones y errores, y defendiendo tesis buenas, aunque sean impopulares. Eso da confianza.

8. Reconocer la realidad. Ya el presidente Arias lo advirtió: “Vienen años de vacas flacas”. La especulación y el alza en los precios internacionales del petróleo; la crisis financiera en Estados Unidos y la consiguiente recesión de esa economía; el riesgo de que las economías de la Unión Europea se alineen con la norteamericana, así como el desmesurado incremento en los precios internacionales –y amenaza de desabastecimiento– de algunos de los alimentos básicos, conspiran contra los logros que hemos alcanzado en el crecimiento de nuestra economía, la reducción de la pobreza y el desempleo, el incremento sostenido de las inversiones extranjeras directas y de los flujos de capital por turismo y desarrollo inmobiliario. Antes que caer en el pesimismo o la desesperanza, estas situaciones nos deben hacer reforzar, a todos los sectores, la fe en nuestras capacidades y el coraje para enfrentar y superar nuevos retos que, en esta coyuntura, pasan por reforzar y apoyar la producción para el consumo nacional sin desatender o abandonar, por ello, el esfuerzo productivo para la exportación.

Las razones expuestas constituyen algunos de los fundamentos –sólidos y sostenibles– que han permitido, en los últimos 24 meses, restaurar la confianza del costarricense y que dan la certeza de que podemos enfrentar y superar los retos presentes y futuros. Esa certeza, sin duda, hace más posibles nuevas victorias que deberán traducirse en más prosperidad y más equidad social.

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