Costa Rica, Miércoles 7 de mayo de 2008

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Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

En una bóveda de dos metros por uno de la familia Quesada Rines, en el cementerio Colón, en La Habana, quedó enterrado Robert Lee Vesco, el 24 de noviembre pasado, muerto de cáncer el día anterior (expediente 51.230) y velado esa noche en una funeraria. Tenía 72 años.

Acusado en EE. UU. por la comisión de un fraude sin parangón ($224 millones), en contra de la firma Overseas Services, que diluyó en una red de empresas, encontró alero, refugio y protección sin límites en Costa Rica entre 1972 y 1978 en los gobiernos de don Pepe y Oduber. Los periódicos La Nación , dirigido por Guido Fernández, y La República , por Rodrigo Madrigal Nieto, lo combatieron sin tregua. Se atrincheró en La Habana en 1982.

Vesco hizo historia aquí. Su presencia y su acción no pasaron en vano, pues el mal, como el bien, dejan huella profunda y muchos hijos espirituales. Le cabe el trofeo infame de haber sido, junto con William Walker, uno de los personajes que más han escarnecido a nuestra patria. Y tanto se lo amó en Costa Rica que, si mal no recuerdo, las prestaciones sociales del periódico Excelsior , fundado por Vesco, se pagaron con el programa social de los pobres Asignaciones Familiares… Si no es cierto, pido perdón; pero si fue cierto, cantemos La Patriótica y el Himno Nacional con la letra del Estado solidario… y algunas coplas contra el neoliberalismo y el TLC.

Robert Lee Vesco trazó, como Pizarro, una línea en nuestra política. Después vino lo que vino, borrado, al parecer, de nuestra historia: las relaciones políticas con el cartel de Medellín, la carta a los temibles narcotraficantes bolivianos, los hermanos Suárez; la invitación a Mijailov, el jefe de la mafia de Moscú; los informes de la Asamblea Legislativa sobre el narcotráfico (investigado primeramente por La Nación ), el cuento chino –perdón, tico– del dique flotante, que terminó en Ginebra; los fondos de emergencia, los granos básicos; Caro Quintero, despachado a México en avión, sin colilla, en 1984, pues sabía demasiado; el Cachas, que se paseó por el Banco Nacional… y todos los otros que, por ser recientes, Ud., lector amigo, de sobra conoce.

De estos episodios y otros más frescos nació lo de monopolio y fraude mediáticos, condenas mediáticas, pensamiento único, en boca y pluma de quienes, desde sus atalayas, vieron y callaron, y que, luego, pasados los años, recordaron algo llamado patria o dignidad nacional.

Robert Lee Vesco, descansa en paz. Fondos mutuos, fuegos fatuos; distrito financiero internacional, dos metros por uno en La Habana. Edad: la eternidad. Vanidad de vanidades y todo vanidad…

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