PRIMERA FILA
Periodista
Al hijito de papi , un día de tantos, le dieron un juguetito para que se la pasara entretenido.
Entusiasmado el hijito de papi lo tomó y empezó jugar con él; debe haber pensado que la cosa era sencilla: si su papi ya lo había hecho, ¿por qué él no iba a poder?
Don Papá , hay que decir las cosas como son, no lo hizo para nada mal y le sacó sus buenas suertes al juguete y los vecinos del lugar se sentían orgullosos de tenerlo en sus lares.
Claro está, el juguetito no era de ellos; pero, quién está para fijarse en esas nimiedades cuando todo es color de rosa.
Parecía que el juguetito iba a durar para siempre, sobre todo cuando en una oportunidad encandiló a niños y grandes y estuvo a punto de ser el “papá de de los tomates” de los juguetes.
Como nada es eterno, don Papá se cansó un día del asunto y como en las monarquías europeas le heredó el asunto a su hijito, henchido de juventud como de inexperiencia.
Mas el juguete era solo para gente grande y en sus manos el deterioro, que ya era acusado, solo se hizo más obvio.
Todos se daban cuenta de lo que pasaba..., todos menos el hijo de papá.
Se le fue. Cuando el juguete ya estaba roto, sin remedio y a punto de que se lo quitaran de las manos, al hijo de papá se le ocurrió que él no tenía nada de culpa. Jamás de los jamases, porque él es el hijo de papá y papá no va a dejar que nada se le eche a perder.
Por eso lo mejor que se le pudo ocurrir al hijito de papi fue echarle “los muertos” a los demás de todas sus desventuras: “Todos quieren que mi juguetito se arruine. No es justo y son feos”.
Como aquel personaje de El Chavo del 8 solo atinaba a decir: “¡Míralo, eh! Míralo, eh!”
El punto es que se le arruinó el juguetito que le dieron a cuidar; a su tierna edad se le salió de las manos y no supo qué hacer: hay cosas que papi no puede solucionar con la platica que tiene.
Y el niño, que va para grande, insiste en que no se equivocó, que la ojeriza de ciertas personas lo hizo quedarse sin el juguetito que un día parecía que iba a funcionar por largos años.
La suerte está echada y ahora habrá que ver si podrán encontrar al juguetero capaz de devolverle el antiguo brillo, porque todo fue un castillo en el aire.
¿Moraleja? Acá lo que calza es un viejo dicho refrán que dice : “El tiempo perdido hasta los Santos lo lloran”.
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