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Francisco Alcántara |
A vueltas con la inseguridad ciudadana
Hay que buscar soluciones y abandonar los lamentos; dejar de analizar para actuar
Economista
Mediado el segundo mandato de Óscar Arias Sánchez, parece que la inseguridad ciudadana se convierte en la gran asignatura pendiente para el sentir generalizado de la población. Puede que ese sentimiento popular sea algo más que una percepción. Es probable que la pacífica sociedad costarricense esté apreciando su vulnerabilidad ante el fenómeno de la criminalidad. Costa Rica continúa siendo un país muy seguro si lo comparamos con el resto de Centroamérica, e incluso con muchos países del denominado “primer mundo”. Lo cual no significa que no exista un creciente nivel de inseguridad, como todos sabemos, muchos por experiencia propia.
Buscar soluciones. Sin llegar al alarmismo patriotero que algunos medios tratan de crear, tampoco podemos caer en el aburrimiento sartriano de llegar a acostumbrarnos a este mal que estamos padeciendo. Hay que buscar soluciones y abandonar los lamentos. Dejar de analizar para entrar en acción. Reconocer los errores no es suficiente, hay que poner en marcha soluciones. Todas esas acciones que suelen quedar olvidadas en los pasillos legislativos o en las antesalas ejecutivas. Eso que tanto pánico produce a los políticos patrios: tomar decisiones.
Dos líneas de acción. En mi opinión, existen dos grandes líneas de acción para combatir de forma eficaz esta lacra social que quiere perturbar la vida de toda una nación.
kLa primera consiste en acabar de una vez por todas con la impunidad fáctica de la que gozan los delincuentes en este país. Ya lo dijo Pierre Villaume: “La esperanza de la impunidad es para muchos hombres una invitación al crimen”. Estamos hartos de ver la escasez de las penas que se imponen a los criminales reincidentes. Lo efímeras que son las detenciones de los maleantes. Los malhechores tienen muy poco que perder: los estamos invitando al crimen.
Como siempre sucede en estos casos las responsabilidades se diluyen.
La Policía culpa a los jueces; estos, a la legislación vigente, y los legisladores… ¡al TLC! El Gobierno de turno, para variar, se refugia en la eterna “falta de recursos”. Pero al ciudadano, que nunca tiene con quien redimirse, es al que le cae el problema. Sobre el costarricense de clase media, ese que con costos llega a final de mes, recae el peso de la delincuencia, sin que nadie se sienta responsable de la situación o tome las riendas de su resolución.
Desde la barrera del ciudadano de a pie no puede establecerse si lo que provoca esta vergonzosa impunidad es la incapacidad judicial, la escasez de penitenciarías y fuerzas de seguridad o la suavidad de las leyes.
Creo que es el Gobierno de la República el que debe señalar dónde están los fallos del sistema y proponer las soluciones que correspondan. Si no hay recursos suficientes, habrá que preguntarse si no ha llegado el momento de que el Estado costarricense comience a dedicar el dinero de los impuestos a lo que realmente importa a los ciudadanos. A todos los ciudadanos.
El crimen organizado ha irrumpido con fuerza en Costa Rica. Los ladronzuelos comunes o los traficantes de drogas de barrio no son más que la punta del iceberg. Desde el narcotráfico hasta el robo de carros son actividades controladas de un modo u otro por bandas organizadas. Muchas de estas mafias cuentan con una infraestructura poderosa para evitar su desmantelamiento o el apresamiento de sus “asociados” por parte de las fuerzas policiales.
kLa segunda línea de acción que propongo es el reforzamiento de los cuerpos de seguridad debe venir por el lado de la “inteligencia”.
Contra las hampas perfectamente organizadas y llenas de recursos poco pueden hacer las patrullas de Policía que deambulan por las calles de San José. Hay que invertir en tecnología y en formación del recurso humano para comenzar a dejar claro a todas estas mafias que Costa Rica es un país en el que no son bien recibidas. Sin esa “inteligencia policial” las mafias seguirán haciendo y deshaciendo a sus anchas por todos los rincones del país.
En cualquier caso, lo que importa es pasar a la acción. Aunque aquí lo que gusta entre la clase política es la parálisis por la vía del análisis.
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