Costa Rica, Martes 6 de mayo de 2008

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Jorge Guardia | jguardia@capitales.com

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abogado-economista

El 1 de mayo, en la Asamblea Legislativa, el presidente Arias se curó en salud. Inculpó al mundo por los males venideros y vertió toda la responsabilidad en los diputados y empresarios. “De ustedes depende…”, sentenció. Ese fue su principal mensaje político. Y les recetó un velado paquete tributario.

Digo que se curó en salud por saber a cabalidad que la lucha contra la inflación ha sido estéril, que no podrá sostener la producción al ritmo prometido (6% anual) ni, tampoco, bajar el desempleo, que la reducción de la pobreza (del 20,2% al 16,6% de familias pobres) en el 2007 fue coyuntural y se revertirá, y que la lucha contra la desigualdad tendrá que esperar. El 2007 fue –y será– su mejor año.

Inculpar al mercado de alimentos y petróleo por no poder reducir la inflación es una excusa. Los precios de los combustibles y comestibles se han disparado y podrían subir más, pero eso explica solo una parte del IPC. Lo principal ha sido la liquidez y expansión del crédito, sobre lo que guardó silencio. Se limitó a defender el proyecto de ley de capitalización del Banco Central, que con- lleva un aumento de impuestos. El Estado no asumirá ninguna carga; en cambio, subirá encajes y cánones para sufragar el costo de Sugef, Sugeval y Supen. Más impuestos a la intermediación financiera.

La otra cara del paquete proviene de la escogencia dada a la oposición: tributos o deuda pública. A menos de dos años de concluir su período, los diputados serán muy cautelosos al aprobar nuevos impuestos, por las repercusiones electorales que implica. Tampoco le querrán dar nuevos recursos para gastar con holgura y hacer política. ¿Cómo justificar nuevas cargas si la recaudación ha sido impresionante? Él tampoco se conformará. A falta de impuestos, incrementará la deuda externa y trasladará el costo a su sucesor. Recibió un presupuesto equilibrado (gracias, don Abel) y lo entregará deficitario. Las arcas vacías, como la primera vez.

También hará descansar el financiamiento del gasto en la política salarial. Conminó a los empresarios (en palabras elegantes) a subir salarios por encima de la inflación. Eso implica cargas adicionales para las empresas, que las tendrán que asumir como los demás impuestos indirectos a la producción. Algunas los trasladarán total o parcialmente a sus clientes; otras tendrán que disminuir sus utilidades, dependiendo de las respectivas elasticidades de demanda. Si se trasladan, serán nuevos impuestos sobre nosotros, los consumidores. Pero en algo concordamos: las vacas que se avecinan serán más flacas, como modelos. Y tendrán que desfilar, con las otras, en el próximo cow parade.

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