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Agustín Carstens | | Copyright: Project Syndicate, 2008 @nacion.com | www.project-syndicate.org @nacion.com | Traducido del inglés por Carlos Manzano@nacion.com |
La inadvertida revolución del FMI
Los problemas económicos mundiales requieren soluciones mundiales
Agustín CarStens es ministro de Hacienda de México y presidente del Comité Conjunto de Desarrollo del Banco Mundial y del FMI
Ciudad de México – Mientras continúa la confusión que invade los mercados financieros mundiales, se va comprendiendo cada vez mejor que los problemas económicos mundiales requieren soluciones mundiales y una mejor gestión de los asuntos públicos mundiales. El pasado mes de marzo, un importante logro al respecto pasó inadvertido entre los últimos avatares financieros: un acuerdo de la Junta de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional sobre una nueva fórmula para determinar los cupos y los aumentos de éstos correspondientes a los miembros subrepresentados, en particular los países en desarrollo y con mercados en ascenso.
Con esa iniciativa precisamente , el FMI otorgó a esos países más voz en la principal organización internacional encargada de velar por la estabilidad financiera... y, por consiguiente, en la propia economía mundial.
Esa decisión, adoptada después de casi dos años de negociaciones sumamente técnicas y a veces abstrusas, entrañó un conjunto de medidas que cambian la forma de distribuir los cupos (mediante los cuales se determina el número de votos en el FMI).
Naturalmente, al final la cesión total de votos de los países desarrollados a los países en desarrollo ascendió solo al 2,7%. Entonces, ¿por qué es importante? Como he presenciado ese proceso desde dentro (como ex miembro de la Junta de Gobernadores del FMI) y desde fuera (en mi actual calidad de ministro de Hacienda de México), veo tres aspectos principales que merecen atención.
Votos básicos. En primer lugar, un gran número de países –54, para ser exactos– contarán con una mayor representación en el FMI. La proporción del cupo de Corea, por ejemplo, aumentará el 106 por ciento y la de China y Turquía se duplicará. El Brasil, la India y México obtendrán un aumento del 40%. Se trata de una señal importante de que el mayor papel de los países dinámicos y en ascenso en la economía mundial ha empezado a ser reconocido por fin. Al mismo tiempo, no se está pasando por alto la participación de los países pequeños, muchos de ellos naciones pobres: en el acuerdo del FMI se pide una triplicación de los llamados “votos básicos”, gracias a la cual se oirán mejor las voces de esos países.
Reajuste quinquenal. En segundo lugar, ese acuerdo sobre los cupos es sólo el principio, pues reconoce que la representación de los países deberá ajustarse a los cambios en la economía mundial que se produzcan más adelante. El acuerdo dispone que los reajustes de los cupos y los números de votos se harán cada cinco años, lo que dará como resultado un mayor aumento de la participación de los países subrepresentados. Así, pues, a diferencia de muchos acuerdos internacionales del pasado, éste es dinámico, no estático.
Consenso fructífero. Por último, este acuerdo es notable por la actitud de avenencia con la que se alcanzó. Varios países desarrollados, incluidos Alemania, Irlanda, Italia, el Japón, Luxemburgo y los Estados Unidos, accedieron a renunciar a parte del aumento de los cupos a que tenían derecho. Al mismo tiempo, se satisfizo un antiguo deseo de los países en desarrollo: la utilización de los tipos de interés con paridad del poder adquisitivo como criterio para calcular los cupos. Desde luego, ningún país consiguió todo lo que quería, pero todos los países lograron una institución más fuerte y más representa- tiva a escala mundial.
Los críticos han sostenido que el acuerdo no es suficiente para reflejar las nuevas realidades de la economía mundial y no les falta razón. El nuevo director ejecutivo del FMI, Dominique Strauss-Kahn, lo ha reconocido, al calificar el acuerdo de “paso importante”, pero también de “primer paso”. Está en lo cierto: es las dos cosas.
Naturalmente, resulta fácil imaginar una reforma de los cupos que diera resultados más ambiciosos, pero sería difícil lograr su aprobación. De mi época en el FMI y de mis numerosos años de trabajo en círculos internacionales, sé lo difícil que es lograr algún tipo de cambio en nuestras instituciones multilaterales… en particular, el primer cambio, como ocurre con algunos elementos de este acuerdo, en 63 años. Lo más difícil es comenzar.
De hecho, creo que este acuerdo constituye un ejemplo apropiado para otras instituciones multilaterales, como, por ejemplo, el Banco Mundial, que deben comenzar su propio proceso de reforma encaminado a conceder a los países en desarrollo y en ascenso más voz y representación. Sobre todo por esa razón, se debe reconocer la importancia del nuevo acuerdo del FMI.
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