La columna de Barraza
Las tres verdades
Buenos Aires
Dice un proverbio chino que existen tres verdades: “Mi verdad, tu verdad y la verdad”. Moraleja: nadie es su dueño absoluto.
En su polémico paso por el futbol argentino, el siempre frontal Ricardo La Volpe, cuyas energías para batallar con la prensa –que lo apalea–, son notables, sostuvo: “el futbol de antes era superior al de ahora, eso seguro”. Y reinstaló una vieja polémica sobre qué es mejor, si lo de ayer o lo de hoy.
Polémica estéril: cada época tuvo sus luces y sus sombras. Mas, tanto se despotrica contra el juego actual, que uno se siente inclinado a defenderlo.
Julio César Pasquato Juvenal , inolvidable analista de El Gráfico , compañero y amigo sin par, vio futbol con agudeza desde 1932 hasta 1998. Y nunca osó comparar. Desmenuzó cada época en su crítica apasionada. Todas, según él, tenían un rico sabor y mostraban su sello: el romanticismo de los 30, la aparición de los grandes cracks del 40, la enorme popularidad de los 50, el advenimiento del futbol internacional de clubes en los 60, Holanda y la nueva dinámica de los 70, la irrupción de Pelé, Maradona, Beckenbauer, Cruyff, la llegada de la televisión, los cambios reglamentarios que sin duda adecentaron el juego… Todo lo disfrutó.
El mismo La Volpe, ya entrado en tema, dice que los mejores equipos que vio en su vida fueron “el Milan de Arrigo Sacchi y el Ajax de Van Gaal”. Uno es de 1990, el otro de 1994. No pertenecen precisamente “a la antigüedad”.
Sí podríamos catalogar como “futbol de antes” (“del bueno”), al que es considerado “el partido cumbre” de la historia: Brasil 4-Italia 1, final de México 70.
La octava maravilla del mundo. Pues bien, quienes puedan acceder al video, hagan la prueba de volver a verlo. La decepción será tan fuerte que pasarán a defender salvajemente el futbol actual.
Más: prueben ver la semifinal, el legendario Italia 4-Alemania 3. Puede que les dé un ataque de caspa. El juego era infinitamente más lento (no hay nada más tedioso que un partido lento), se daban ventajas notables en la marca, los arqueros eran muy malos…
En contrapartida, hace unos días vimos varios espectáculos alucinantes: Boca 4-Colo Colo 3, Getafe 3-Bayern 3 y varios de Champions League, que nos dejaron con el corazón galopando.
Fueron asombrosos: ritmo espeluznante, precisión en velocidad, agresividad en ataque, goles y jugadas notables. Todo con un grado de oposición muy superior al de 1970. Y con limpieza absoluta, porque ya no es posible dedicarse a pegarle al rival, como hacían algunos: ahora existen las tarjetas. Y se aplican. ¿Qué hacemos, pues? ¿Borramos el pasado? No, lo dejamos en su caja de cristal, lo atesoramos como lo vivimos en su momento: hermoso. Como puede ser el presente.
Por ello vale ser cauto, jamás se nos ocurriría decir que este futbol es muy superior al de antaño. Cada cual tiene sus partes bonitas. Meses atrás, Venezuela volvió a ganarle a Uruguay y los diarios charrúas coincidieron en sus titulares: “¡Nos tienen de hijos!”.
En esto también se avanzó. ¿O era mejor antes, cuando Uruguay goleaba 7 a 0 a Venezuela…? ¿O cuando Peñarol humillaba 11 a 2 al Valencia? No porque Peñarol fuera una orquesta sinfónica, sino que el Valencia era patético. ¿Eso era buen futbol? En el Mundial 82, Hungría, una menos que discreta selección, goleó 10-1 a El Salvador y, en 1974, Yugoslavia 9-1 a Zaire. ¿Por qué no prueba ahora Serbia hacerle 9 goles a algún equipo africano?
Es imposible, porque el futbol se universalizó (Havelange mediante). Se desarrolló y si todos tienen un nivel parejo, significa que es mejor, más democrático. Antes, la aristocracia futbolera estaba circunscripta a tres países de Sudamérica y media docena de Europa. Hoy, entre los 50 primeros, cualquiera puede vencer a cualquiera. Antaño, si un equipo tenía mejores jugadores que su rival, le ganaba y punto. Ahora hay maneras de combatir desigualdades: táctica y preparación.
La memoria es selectiva, recuerda lo más bonito. Por eso evocamos los grandes juegos y los próceres futboleros del ayer, pero hubo una buena porción de mediocridad también. Es pernicioso quedarse atado al palo del pasado. En la vida y el futbol no existe el túnel del tiempo. Ahora el juego es así y hay que disfrutarlo como es. Podríamos replicarle a La Volpe que “el futbol de hoy es superior al del pasado, eso seguro”. No lo haremos. Alcanzará con recitarle el proverbio chino.
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