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Fernando Berrocal Soto |
De boconadas y otras cosas
¿Guardar silencio ante la indiferencia o la complicidad virginal de algunos políticos?
Ministro de Gobernación y Seguridad Pública
Dice un señor en la prensa que todo “son boconadas” del ministro Berrocal.
Son boconadas que se han incautado casi 65 toneladas y que, en 20 meses de gobierno, se ha incautado más droga que en los últimos 10 años juntos y que se han quebrado las redes de 50 bandas dedicadas a la distribución interna de droga en escuelas, colegios, barrios, playas, pueblos y ciudades. También es una boconada que en dinero efectivo, sonante y cantante, en billetes de $1, $5, $10. $50 y $100 se le han incautado casi $14 millones al narcotráfico.
Es una boconada que esta tragedia de la presencia real, con planes estratégicos definidos y precisos, de las bandas de narcotraficantes y las FARC en Costa Rica, comenzó hace diez años y que en el 2002 le dieron estatus de refugiado a más de 12.000 colombianos. La más grande de todas las boconadas es que se nos metió una mancha brava de unos 2.000 delincuentes que dirigen el crimen organizado, el sicariato y la violencia criminal en este país. Es una gran boconada porque en ese acto de soberanía solo mediaron el altruismo, la filantropía y los derechos humanos. ¿Para qué a consultar, entonces, a las autoridades colombianas sobre su identidades y antecedentes? ¡Qué pequeño detalle!
Es una boconada que Martínez Quinto, general de las FARC radicado desde hacía siete años en Puntarenas, había logrado poner parte de la flota pesquera costarricense al servicio del narcotráfico. Por supuesto, es también una boconada que los hermanos menores González Rivas, hermanos del capo de capis del puerto de Buenaventura, vivían desde hace años en el barrio Trejos Montealegre, como jefes de las redes internas, disfrutando de los buenos restaurantes de Escazú. Todo es una boconada porque estos señores, como el genial García Márquez en sus años de juventud en Venezuela, vivían “felices e indocumentados”, dedicados a negocios lícitos, contribuyendo al desarrollo del país y disfrutando de la buena mesa y la reconocida amabilidad de los costarricenses.
Y, para colmo, es una boconada que en la computadora de Raúl Reyes, segundo de las FARC, aparezca un correo desde Cuba de Raúl Granda, su Canciller, donde con pelos, puntos y señales, da la dirección en Heredia, el número de teléfono, el lugar exacto de la caja fuerte en la que están los $480.000 honestamente ganados por este grupo terrorista y guardados en Costa Rica, por si las moscas, por si se necesitan.
Es una gran boconada del ministro Berrocal que, como dijo al entregar unas patrullas y unas motos a la Policía de Santo Domingo de Heredia, casi debajo de unas mantas en las que se leían cosas como “No más presupuesto para la policía corrupta” y “Policía militarista y represiva”, entre gritos contra el TLC de un pequeño grupo de manifestantes de los Comités Patrióticos, este gran bocón dijera que iba a contar una historia real sobre el narcotráfico y las FARC que se “debía saber, porque hay personas en los sectores políticos de este país que han perdido la razón y el sentido de la realidad”. Enorme boconada, porque toda esta historia real es de mentirillas y este funcionario bocón y civilista está militarizando la Fuerza Pública y protegiendo a una Policía represiva y corrupta que se encuentra armada hasta los dientes.
También es cierto que dije otras boconadas, como que la Dirección General de Migración y Extranjería había sido la caja chica de todas las corruptelas de los últimos años, hasta la llegada de Mario Zamora que es un hombre capaz, íntegro y valiente, que ha sufrido y compartido con este Ministro bocón el ácido y el dolor de una campaña miserable y oculta de intimidación y difamación personal, desde algunos centros de poder e interés político y económico que, cuando eran gobierno, no preguntaron ni investigaron nada y desde noviembre andan pidiendo la cabeza de los que inventaron estas boconadas, en un país que es “pura vida” y que, sin embargo, casi perdemos en las manos de la peor delincuencia de nuestro tiempo: el narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción.
Resulta que ahora, como gran final y cereza de postre, deberíamos además guardar silencio ante la ingenuidad, la indiferencia o la complicidad virginal de algunos de nuestros políticos y de un sector del país que se sorprende de que las FARC, aliadas con los narcotraficantes, trataron de penetrar en Costa Rica. ¡Que no pudieron es otra cosa, y esto sí no es una boconada!
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