López y Barrantes atizan lucha por la media cancha
Cancún. Hacer una alineación puede convertirse en un ejercicio sencillo: si hay dos candidatos para cierta posición y uno anda mal, no hay que dar muchas vueltas para decidir cuál cantará el himno en la cancha y cuál lo hará con el chaleco de suplente desde el exilio de la banca.
Durante meses, Michael Barrantes le simplificó el trabajo a Jeaustin Campos. El exporteño llegó cobijado por una alta expectativa, pero mostró un rendimiento pobre en el Torneo de Invierno y le puso en bandeja la titularidad a José Luis López.
En el futbol no todas son maduras. Barrantes hizo una labor notable en Puntarenas, pero su futbol se extravió apenas empezó a entrenarse en Tibás.
De repente desaparecieron los metrallazos de fuera del área y se evaporaron los pases teledirigidos. Y como en Saprissa no hay mucho tiempo para esperar a los rezagados, pronto terminó con una butaca fija en el banquillo.
Barrantes tardó en superar el bajón. Fue protagonista secundario en el Torneo de Verano, pero tomó nuevo aire en la Copa Ricard de Uruguay. Desde entonces volvió a ser aquel mediocampista que era noticia en el Puerto: un estricto agente de aduanas a la hora de filtrar el juego rival y un delantero más cuando su equipo se apropiaba del balón.
En alzada. Con José Luis López sucede algo similar. Su futbol de montaña rusa experimenta altos picos de talento, pero en otras ocasiones se hundió en picada hasta caer en la región del anonimato.
Uno de esos baches le llegó justo cuando el cuerpo técnico de la Selección reclutaba nombres para el pasado Mundial. No podía ser más inoportuno: López terminó viendo Alemania 2006 por la televisión.
Pero la serie ante el Atlante lo sorprende en una nueva cresta de la ola. No solo se parece a aquel jugador por el cual Saprissa libró un pulso financiero y diplomático con Herediano hace cuatro años, sino que aparenta ser una versión mejorada: tiene madurez adicional para discernir cuáles aventuras ofensivas sí valen la pena asumir, y cuándo es mejor quedarse atrás a fajear al número 10 del equipo rival.
El problema lo pasó a tener Jeaustin Campos. Y no es solo decidir entre Pupy y Barrantes: Celso Borges, Walter Centeno o hasta Randall Porras pueden jugar en el puesto cinco, dependiendo de la agenda que manejen para ese día.
A veces actúan los dos, pero lo común es que el cuerpo técnico se tenga que apañar con un incómodo costo de oportunidad: cómo debe doler dejar entre los suplentes a alguien que viene jugando bien.
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José Luis López (der.) volvió al protagonismo. Aquí en la final de la Uncaf ante Luis Guzmán, del Motagua. AFP
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