PRIMERA FILA
La hora buena de un arquero
Periodista
Quizás él ni se acuerda. Ocurrió hace varios años en el estadio de Liberia.
Recién había terminado el encuentro entre el conjunto local y la Liga Deportiva Alajuelense, su equipo de aquel entonces.
Los reporteros entrevistábamos al guardameta Ricardo González Fonseca, mientras que a pocos metros de distancia, detrás de la malla que separa al público de los jugadores, un hombre con su pequeño hijo le pedía, por señas, que por favor se acercara.
Entonces el arquero se disculpó con los periodistas y acudió al llamado. Como pudo, introdujo su guante derecho entre la malla y estrechó la mano del chiquillo, a quien le brillaban los ojos.
Padre e hijo, evidentemente emocionados, sostuvieron por varios minutos una amena conversación con el futbolista.
Entre tanto, uno de los auxiliares del cuerpo técnico manudo le insistía para que ingresara de una vez por todas al vestuario, donde lo esperaba el resto del equipo para rezar el Padre Nuestro y el tradicional grito colectivo de: ¿Cuáaal equipo es el mejor? ¡Liga, Liga, sí señor!
Reflexioné en esa oportunidad acerca de la responsabilidad de las figuras deportivas, quienes no deben perder de vista que por su condición de referentes del deporte, se deben a los aficionados, principalmente si se trata de atender a niños y niñas con un autógrafo o con un simple, pero sincero, apretón de manos.
Testigo cercano de aquella escena, yo, un sentimental incorregible (lloro hasta con las películas de Miguel Salguero), sentí un nudo en la garganta y quedé tan agradecido con González, como el hombre y su chiquitín, quienes luego del breve y amistoso diálogo, se perdieron felices entre los pasos de la multitud que salía del estadio guanacasteco.
Forja interminable. La anécdota acudió a mi memoria, mientras observaba a través de la televisión la extraordinaria faena de Ricardo, en la noche del miércoles pasado, cuando él salvó a su equipo de hoy, el Herediano, de una goleada en su propio reducto.
Recordé también que este hombre ha tenido que enfrentar serias dificultades, futbolísticas y extra futbolísticas, para ocupar el sitio de honor que por su calidad humana y deportiva merece.
¡Enhorabuena! Lejos de la adulación, sabemos que tanto Ricardo González como usted, amable lector, sabrán apreciar la intención de estas verdades, a la luz del espíritu de superación de un señor guardameta.
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