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René Castro |
Energía: competitividad y sostenibilidad
Profesor INCAE
Ha sido de utilidad pública el debate originado sobre el presente y el futuro de la generación de electricidad del país. La Nación ha publicado artículos de ingenieros del ICE, diputados, empresarios, académicos y periodistas. Cada quien ha puesto sus cifras e investigaciones sobre la mesa y poco a poco vamos sacando algunas cosas en claro.
Hoy estamos de acuerdo en que hay un potencial superior a 300 MW en el uso de residuos de la agricultura (biomasa), y un potencial 20 veces más grande en fuentes renovables tradicionales como hidroelectricidad y geotérmica que enfrentan obstáculos crecientes para ser utilizados. Sin embargo, aún diferimos en materia de costo y precio de los renovables y respecto a la conveniencia de las plantas térmicas basadas en petróleo, y esa discusión conviene profundizarla. También se ha omitido del debate el nuevo rol del ICE, institución que puede transformarse de un monopolio a un líder del esfuerzo nacional por generar el 100% de la electricidad con fuentes renovables para el 2021 y convertirse en un exportador de energía limpia al estilo de Noruega y Canadá, creando empleo y riqueza para nuestro país.
Potencial renovable. Coincido con los ingenieros del ICE en que el potencial identificado en renovables tradicionales supera los 7.200 MW y que el grueso ha sido y seguirá siendo hidroeléctrico. Además coincido en que un porcentaje importante sufre limitaciones ambientales (i. e., ubicado en parques nacionales) o sociales (i. e. ubicado en reservas indígenas). Pienso que ese potencial del que usamos menos de un tercio es desarrollable, pero implicará diseños ambientalmente innovadores y más responsables, incluyendo negociaciones que trasladen más beneficios directos a las comunidades locales.
El Sindicato de Ingenieros del ICE ( La Nación , 19 de Mayo) concuerda conmigo en que hay más de 300 MW potenciales en biomasa; ellos sostienen que son teóricos y yo opino que son utilizables a precios competitivos. Aporto como muestra un botón: hay en el país varios ingenios que ya generan electricidad y una empresa arrocera que comenzó a generar con cascarilla de arroz hace pocas semanas.
Por ello, las plantas térmicas deberían cancelarse. Alternativamente, podrían usarse solo para horas pico y para cubrir las épocas de mantenimiento de las plantas renovables. Financieramente, esto afectaría menos la competitividad del país que pagar el altísimo costo de operación, pues la inversión inicial es relativamente baja y lo caro es el combustible. De otra manera calculo que el precio promedio de la industria subiría de 7.5 centavos de dólar por KWH a más del doble con sólo que se genere el 20% con plantas térmicas (por impacto del costo marginal en el promedio).
Costos y precios competitivos. En Incae hemos calculado que las cuatro empresas que ya producen y las decenas que tienen potencial de generar (hoy sin utilizar) con residuos de biomasa pueden hacerlo a costos que varían entre 5 y 12 centavos por KWH. La alternativa escogida por el ICE está basada en plantas térmicas de petróleo que hoy superan los 50 cent. por KWH.
A ese nuevo potencial podemos sumar la treintena de pequeñas empresas privadas que hoy operan (todas menores a 20 MW según la ley #7200) y a quienes les vencieron o vencerán sus concesiones en los próximos meses. Podríamos aprovechar la oportunidad para renovar las concesiones mediante una licitación que promueva que se compre la mejor oferta en términos de calidad y precio o bien permitirles que exporten electricidad a su cuenta y riesgo.
Alternativamente, el ICE podría constituir una unidad de “comercialización Internacional” y usando la designación de único actor autorizado en el convenio de integración centroamericano, podría comprar en forma competitiva toda la electricidad renovable que se produzca en el país y exportar los excedentes. Por ejemplo, a los precios de hoy esto significaría adquirir electricidad a precios menores a 12 centavos localmente y revenderla a precios de mercado con lo cual obtendría una jugosa ganancia que podría servir para acelerar el desarrollo de más proyectos y para dotar de electricidad a los 30.000 costarricenses (principalmente indígenas) que aún carecen de servicios básicos como la electricidad.
La lógica de este negocio es que por economías de escala el ICE sería un intermediario que agrega credibilidad en la región, pues posee el respaldo de sus propias plantas, de la red nacional, el volumen, y el prestigio. Una estrategia similar siguieron la provincia Manitoba del Canadá con el estado de Nueva York, y la pequeña Noruega con la UE. Sin embargo, implicaría que el ICE acelere su aprendizaje para operar en mercados competitivitos, y conlleva optimizar la producción nacional de electricidad como parte de la estrategia nacional de ser competitivo y sostenible.
ICE, líder inexplorado. El ICE se nos venía convirtiendo de pionero mundial en electricidad limpia a un líder reticente a evolucionar con los cambios en el mercado y los cambios del clima.
Esto debe cambiar aceleradamente. El mercado nacional se convirtió en centroamericano al interconectarnos con líneas de trasmisión de alto voltaje por medio del proyecto Siepac y, por tanto, el país podría exportar electricidad limpia y obtener buenos precios. También competimos en el mercado global, pues muchos productos son electro-intensivos (i. e. chips de computadora) y llevan en su seno esta ventaja de disponer de electricidad limpia a precios competitivos y predecibles.
El planeta y los cambios del clima nos imponen reevaluar la dependencia del petróleo. También parece conveniente depender menos de la hidroelectricidad y probablemente diversificar más con fuentes como la geotermia, la biomasa, las eólicas y otras energías alternativas. Recientemente, empresarios costarricenses me han informado de que estudian la factibilidad financiera de proyectos con energías alternativas tales como: la producción de hidrógeno usando la electricidad que sobra por las noches en las plantas a filo de agua, la generación de 50 MW con energía solar aprovechando las zonas de mucha luminosidad identificadas por el ICE en Guanacaste y la producción de biocombustibles con algas, todas ellas parecen ser ahora viables por los altos precios del petróleo.
Soy optimista y pienso que, en vez de dispararnos en nuestro propio pie, nos tocará atestiguar la evolución del liderazgo del ICE, que llevará el país a ser el primero en el mundo en generar 100% de su electricidad con fuentes renovables y un exportador de energía social y ambientalmente responsable. Finalmente, implementar esa meta del Plan Nacional de Desarrollo, requiere de cooperación pública-privada, agregaría velas al barco del desarrollo nacional y sin duda nos ubicaría en una estrategia de nación que sería competitivamente sostenible.
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