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EDITORIAL |
La pesadilla de Alcatel
La actual administración del ICE ha hecho bien en separarse técnica y moralmente de Alcatel
Las autoridades del ICE actuaron negligentemente ante el mal servicio, previsible y, luego, verificado, de Alcatel
El Instituto Costarricense de Electricidad(ICE) anunció, el martes pasado, el rompimiento definitivo del contrato suscrito con la empresa Alcatel. De acuerdo con esta decisión, la operación y el mantenimiento de las 400.000 líneas de telefonía celular GSM, a cargo de dicha empresa, pasarán a manos de esa entidad pública, que ha prometido mejorar sustancialmente el servicio.
El ICE, como informamos ayer, le cobrará a Alcaltel $76 millones (cerca de ¢40.000 millones) como indemnización por las prolongadas e injustificadas deficiencias en dicho servicio. También el ICE rechazó un canje para que Alcatel instalara 200.000 líneas adicionales y otros equipos, sujeto a que se liberara a esta empresa del cobro de los daños en que había incurrido. Las condiciones de Alcatel –entre las que sobresalía nada menos que el mantenimiento del contrato– se consideraron inaceptables para llevar a cabo dicho canje.
Otra condición consistía en que se omitieran, en el acuerdo respectivo, las fallas en la cobertura, esto es, que se ocultara la verdad. Esta cláusula irrespetuosa revela la actitud o el talante de Alcatel en sus relaciones con Costa Rica. También explica el porqué de no pocos desatinos o desvaríos cometidos en otros países y aquí, cuyo epílogo es precisamente la resolución de este contrato.
La razón principal de la decisión del ICE descansa, como decíamos, en la deficiencia del servicio, comprobada y denunciada recientemente por la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos(Aresep). Y decimos “recientemente” porque, pese al sinnúmero de quejas desde que se inauguró el servicio, las anomalías continuaron. Sin embargo, también se investiga a Alcatel, como ha sido público y notorio, por el pago de sobornos a funcionarios públicos a fin de obtener el contrato. Se le reclaman por esta causa ¢10.000 millones.
También sigue su curso un proceso para inhabilitar a esta empresa como proveedora del ICE y, suponemos, de cualquier otra institución pública. Se ejecutará, asimismo, la garantía de cumplimiento por $15 millones.
Con esta decisión digna y objetiva de la actual administración del ICE se pone fin a una de la peores pesadillas sufridas por nuestro país, de parte de una empresa extranjera. Una pesadilla que entraña irrespeto y burla, a la vez que exhibición de una de las mejores páginas de humor, dados los imaginativos esfuerzos espaciales de los usuarios para captar la señal telefónica.
Asimismo, al cortar toda relación con Alcatel, en este proyecto y en el futuro, se extirpa la incoherencia moral de continuar un contrato con una empresa que ha violado los más caros criterios éticos y hasta técnicos en las relaciones con un país. Nos imaginamos que el Gobierno francés tendrá en cuenta este antecedente.
No podemos concluir este comentario sin referirnos al hecho claro e inobjetable de que si Alcatel gozó de un fuero especial en Costa Rica fue porque, además de deshonrar su propio código de ética, contó aquí con cómplices y colaboradores, por acción y por omisión.
Este capítulo no debe cerrarse no solo en lo tocante a la recepción de comisiones, sino al cumplimiento del deber, de parte de las autoridades del ICE, cuando se podían prever o se habían verificado las fallas del sistema celular.
¿Se pusieron en ejecución, de parte del ICE, los principios y prácticas elementales sobre el control, la evaluación y la calidad en la realización del proyecto, y, sobre todo, en el acto de recepción del mismo?
Los valores éticos y el cumplimiento del deber no son pura teoría. Constituyen la base y la condición primera de la eficiencia y eficacia de la técnica y de la recta administración. Son la piedra angular y, por ello, la más eficaz garantía de la calidad del servicio y de la realidad del Estado solidario que, al parecer, no se supo defender.
Si Acaltel se atrevió a tanto fue, sin duda alguna, por la complacencia interna de quienes debían cumplir con su deber.
Esta página no debe arrancarse. Alguien tiene que dar cuenta.
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