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Página Quince Fernando F. Sánchez C. |
Cuando se erosiona la solidaridad
Se nos está erosionando la solidaridad; esta patología social debe atenderse con urgencia
Diputado
En varias oportunidades he caracterizado a Costa Rica como “el país del buen Samaritano”. Ese lugar donde no se pasa de lado, ni se vuelve la espalda a los más necesitados; donde habita la empatía y no se es indiferente ante los problemas de los demás. Esto ha permitido que nuestro país se desarrolle en paz consigo mismo y sus vecinos, a partir de una democracia que es modelo en todo el continente.
Sin embargo, en los últimos años, servicios, garantías y, sobre todo, valores centrales para la construcción de nuestro sistema político y nuestro engranaje social, se han debilitado. Esto, no solo por falta de visión política o de un “modelo de desarrollo deshumanizado” (el “Fuenteovejuna” de estos tiempos) sino por algo más grave: la erosión de la solidaridad en nuestra ciudadanía. Rescato 2 preocupantes ejemplos.
Maltrato a mayores. Primero, los datos suministrados en el foro “Por una vida sin maltrato”, organizado por el Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (Conapam), son un claro reflejo de este fenómeno. En el 2007 fueron víctima de abuso o maltrato 1.817 adultos mayores, la mayoría por parte de sus familiares. Tristemente, en los primeros 4 meses del 2008 se han registrado 490 denuncias por maltrato, 267 casos más que en el mismo periodo el año anterior (¡un crecimiento del 120%!). Inclusive un estudio realizado en el 2003 por el Hospital Blanco Cervantes determinó que 3 de cada 10 adultos mayores presentan factores de riesgo de agresión, negligencia o abandono.
Luis Rosero Bixby ha proyectado que en Costa Rica la población mayor de 65 años pasará de un 7,6% en el 2000 (unas 300.000 personas) a un 30% (casi 2 millones de personas). Si no hacemos nada para acabar con esta ola de maltratos hacia los adultos mayores, nos estaríamos condenando como sociedad ciertamente a vivir más, pero peor. Un país que maltrata a sus mayores es un país donde han aumentado los malagradecidos, y eso no es propio de Costa Rica.
¿Qué hacer al respecto? Por el momento comencemos aprobando en el Congreso el Código de la Persona Adulta Mayor (Exp. 15876) y preparando una ley general que reivindique los derechos sociales y económicos de esta población. Debe también apoyarse y difundirse el Observatorio de los Derechos Humanos de las Personas Adultas Mayores, que está propiciado por la Asociación Gerontológica Costarricense (Ageco). Además, es urgente pensar en otro hospital para el adulto mayor. Ahora que se construye un nuevo hospital en Heredia, vale la pena considerar la actual infraestructura del San Vicente de Paul –o parte de ella– para este fin.
Otro abuso. Otro ejemplo de la erosión de la solidaridad en Costa Rica es el abuso al sistema de emergencias 9-1-1. Según datos del propio sistema, 8 de cada 10 llamadas que reciben son falsas. Solo entre enero y febrero del 2007, se registraron casi 7000 llamadas indebidas. Esta “oda a la inconsciencia” se ha caracterizado por irresponsables que inundan el sistema 9-1-1 con bromas de mal gusto, llamadas morbosas o engaños.
Quienes así actúan lo hacen con total desprecio hacia la vida y los bienes de los demás, pues no consideran los costos en que incurre el sistema por tramitar estas llamadas, o los atrasos u omisiones que generan para atender emergencias reales. Solo preguntémonos: ¿cuántos incendios, inundaciones, robos, emergencias médicas o de otro tipo son mal atendidas por su culpa? Quien juega con el 9-1-1, juega con la vida y el patrimonio de los demás. Eso solo sucede en un país donde abundan los inconscientes, y esto tampoco es propio de Costa Rica.
Debemos detener este abuso. Por ello, hemos presentado un proyecto de ley que reforma el servicio de emergencias 9-1-1 (Exp. 16619). En resumen, el proyecto amplia el rango de lo que se entiende como “llamadas indebidas”–y, por tanto, sancionables– al sistema, eleva las penas por hacerlas (25% de un salario mínimo por la primer llamada –aproximadamente ¢50.000– y un 5% más por cada llamada indebida adicional), y autoriza al 9-1-1 a reinvertir los fondos de las multas en mejoras tecnológicas y de infraestructura tanto propias como de sus socios (Bomberos, Cruz Roja, Policía, Comisión de Emergencias, etc.).
En Costa Rica se está erosionando la solidaridad. El maltrato a adultos mayores y el abuso al sistema 9-1-1 son solo 2 ejemplos de muchos otros casos en que la consideración, la empatía y el amor al prójimo han dejado de ser la norma. Esta patología social debe atenderse con urgencia. De no hacerlo, podría secarse la savia que ha mantenido unido nuestro tejido social, incluyente nuestro desarrollo y estable nuestra democracia. Con esto todos perdemos. Bien decía la Madre Teresa de Calcuta, que “la falta del amor es la mayor pobreza”.
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