Costa Rica, Sábado 14 de junio de 2008

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Róger Churnside | chimi00@racsa.co.cr

Sepamos ser libres

 Que “los hijos del pueblo levanten la frente al sol refulgente de la libertad”…

Economista

Andando por las veredas de nuestra historia, en estos tiempos de democracia sangrante, me encontré con un viejo amigo, don Juan Fernández Ferraz, y le pregunté qué podíamos hacer respecto a las heridas tan profundas que han sufrido órganos de la patria vitales como la Constitución, la Sala IV, el Tribunal Supremo de Elecciones y hasta la Iglesia misma. Primero, me expresó su extrañeza y tristeza ante la actitud pasiva, contemplativa e imperturbable de quienes, en otros momentos y circunstancias, fueron voces y escudos altivos de la conciencia ciudadana. Y, de seguido, expresó con resolución: “Róger, déjame decirte lo siguiente:

Levantar la frente. “Espero que los hijos de mi pueblo no tarden en levantar la frente al sol refulgente de la libertad. Que sepan ser soberanos, no siervos menguados; derechos sagrados la Patria les da. Que canten un himno sonoro a Costa Rica, al bien y la justicia; juren todos en coro, ser sostén indefectible de su ley. Que tensen sus brazos nervudos y pujantes en contra del autoritarismo reptante; espanten a quienes lo promueven, valorando sus intereses y privilegios por encima de la honra nacional.

“Con paz y fraternidad vencerán. Defiendan sus tradiciones y derechos, como hombres y mujeres de noble alcurnia. No acepten vivir en torpe abyección; que sus pechos sean baluartes contra el yugo de la opresión. Sellen la democracia con amor y verdad. No inclinen sus frentes, nunca. Tampoco plieguen nuestra bandera: suelta al viento, ella debe flamear ondulante, en todo momento, cual celaje de espléndido tul; tengan para siempre en alto el pendón blanco, rojo y azul”.

Entonces, respondí: “Gracias, don Juan. Muchas gracias por refrescar esos conceptos e ideas en mi mente, ¡han sido tan descuidados en estos días! Usted ha tocado un tema que cuesta explicar, pero es fundamental para la vida individual y colectiva. Si usted me lo permite, en su nombre intentaré aclararlo con los lectores deLa Nación de esta manera:

* La moralidad conforma la médula de la cultura: da sentido a nuestra especie; envuelve las razones, los objetivos y fines de nuestra existencia humana. En cambio, el poder político, la riqueza económica y los bienes ostentosos sonsímbolos de ese sentido, que el diccionario define así: ‘representaciones sensorialmente perceptibles de una realidad en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada’.

*Lossímbolos nos permiten formular y escoger medios para desarrollar el sentido, lograr los fines. Pero no se debe confundir o equiparar lossímbolos con la realidad, ni con su sentido, ni con los fines de la existencia humana. Si hacemos eso, incurrimos en lo que se llamaidolatría , es decir, adoración deídolos ; unídolo es una imagen que construimos para representar una realidad, la cual tratamos como si fuera esa realidad. Esto suena un poco esotérico o difícil de entender, pero no lo es tanto. Está muy bien ilustrado en el episodio bíblico del becerro de oro: allí se describe cuando, al ausentarse Moisés, los hebreos construyeron un objeto metálico que adoraban como si fuera Dios; y tanto se enojó el fundador de la nación israelita, que mandó matar a miles de participantes en esos actos.

* Lo principal o central de la vida es nuestra identidad, como individuos y también como sociedad que tiene una trayectoria histórica. Nuestra identidad está configurada por la cultura que heredamos y las escogencias morales propias; sin ellas, no somos nada, por más recursos económicos y de toda índole que obtengamos. Entonces, quienes solo acumulan riqueza y concentran poder para protegerla, ocultando su rostro egoísta y mirada vacía tras una solemne máscara de piedra, dan tristeza, ciertamente. Pero, al mismo tiempo, nos acicatean para emprender la lucha por el rescate de nuestra institucionalidad.

Don Juan sonrió, me abrazó y continuó su camino.

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