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EDITORIAL |
Impulso a las bibliotecas
Tras años de letargo, el sistema ha comenzado a moverse en buena dirección
Liderazgo, visión, recursos y apoyo local son claves para el éxito
El Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinabi), creado en el año 2000 y compuesto por la Biblioteca Nacional Manuel Obregón Loría y 60 más distribuidas por todo nuestro territorio, tiene como misión “promover el desarrollo” y “establecer políticas y lineamientos” para mejorar el desempeño de todas ellas. Y su visión habla de “aplicar las nuevas tecnologías que coadyuven al mejoramiento de los servicios de información, recreación, educación”, mediante su apoyo a “las manifestaciones culturales, tanto regionales como nacionales”.
Los conceptos son excelentes, pero, hasta ahora, muchos de ellos han quedado en el tintero. Por descuido gubernamental, falta de liderazgo interno, carencia crónica de recursos, insuficiente compromiso local y hasta desdén de sus usuarios (reales o potenciales), la mayoría de nuestras bibliotecas languidecen al margen de esas “nuevas tecnologías” tan necesarias para cumplir con sus tareas, alejadas de las cambiantes necesidades y demandas de la población. Por esto, con contadísimas excepciones, han dejado de ser verdaderos centros de información, conocimiento, preservación y renovación del patrimonio cultural, y permanecen virtualmente detenidas en el tiempo o presas del deterioro.
Tan lamentable situación, sin embargo, pareciera estar en un estimulante, aunque aún lento y laborioso, proceso de cambio, como revela un reportaje que publicamos el pasado lunes. Con el impulso del Ministerio de Cultura y el liderazgo de su directora, la investigadora literaria Margarita Rojas, el Sinabi ha despertado de su letargo, los recursos destinados al mantenimiento de las bibliotecas han comenzado a aumentar y, aunque todavía es urgente “llenar los huecos” acumulados por la falta de recursos, al fin existe una ruta para el desarrollo y la inversión que haga honor a la visión oficial del Sistema.
Parte de la propuesta para que este necesario proceso logre un salto cualitativo con verdadero impacto cultural, pasa por una ley que dote al Sinabi –creado por decreto– de la personería e instrumentos necesarios para asumir sus tareas en la sociedad actual. Sin embargo, no basta con ello, y el proyecto ya presentado a la Asamblea Legislativa, aunque está muy bien concebido, tiene el inconveniente de proponer la generación de recursos con destino fijo, algo inconveniente para el buen manejo de la hacienda pública.
Por esto precisamente, mientras el plan avanza por la corriente legislativa y –esperamos– es mejorado, hay que acelerar la acción en otros ámbitos, que podrían incidir positivamente en tener mejores bibliotecas.
En una dimensión general, es imperativo mantener una política de apoyo presupuestario creciente de parte del Gobierno, producto de la convicción sobre la importancia de estos centros; establecer sistemas de contratación y capacitación del personal más apegados a las necesidades actuales; rediseñar los espacios de consulta, lectura e interactividad, para hacerlos más atractivos a la población; desarrollar la capacidad de gestión y proyección de los directores y directoras, y buscar mayor vinculación entre las bibliotecas y los centros digitales que se están estableciendo en distintas partes.
Pero, más allá de la Biblioteca Nacional, eje máximo del Sistema, resulta indispensable que las bibliotecas locales y regionales sean vistas y tratadas no solo como parte de la responsabilidad del Sinabi y el Ministerio de Cultura, sino como proyectos integrales de las comunidades, que involucren a las municipalidades, grupos cívicos, empresas y los propios usuarios. La de Goicoechea, que ha recibido apoyo del Club de Leones del cantón, es un buen ejemplo a tomar en cuenta.
Podemos contar con el buen sentido de rumbo, el activismo y el compromiso de la ministra de Cultura, María Elena Carballo, y la directora del Sinabi, Margarita Rojas, y con planes bien establecidos y parcialmente financiados. Pero el “algo más” para lograr el cambio sustancial, que es mucho, las trasciende. Es aquí adonde entra la necesidad de un compromiso compartido.
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