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Juan Rafael Quesada C. |
¡No sea sapo!
La inseguridad vial se debe combatir con medidas que no figuren solo en el papel
Historiador
¿Cuántas veces ha escuchado usted la frase que encabeza este artículo utilizada con el propósito de (des)calificar la actitud de una persona que señala una conducta indebida en la esfera pública o privada, o que cumple rigurosamente con sus obligaciones en el ámbito laboral o estudiantil?
Traemos a colación esta expresión tan “tica”, a raíz de una vivencia personal experimentada recientemente. Resulta que al observar, en San Joaquín de Flores, que un joven conductor de la empresa Tropigás enfilaba contra vía un camión cargado de tanques de gas, le alertamos –o creíamos hacerlo– del grave error en que estaba incurriendo.
Esto se tornaba, potencialmente, más peligroso, porque ocurría en una de las calles más céntricas y transitadas de esa localidad, y cuando estábamos en medio de Alma , la tormenta tropical que provocó tanta devastación en el país. Pues este joven, al escuchar nuestra advertencia, respondió de manera decidida y desafiante: ¡No sea sapo! Luego, al hacerle ver la infracción cometida, respondió que él no era “ningún idiota para no saber que iba contra vía”.
El asunto no terminó ahí. Unos minutos después, se repitió, en lo fundamental, la misma situación, cuando el chofer de una buseta marca Hyundai, condujo en sentido contrario. Al día siguiente, similar conducta tuvieron, en la misma calle, dos choferes de una próspera cadena de repostería.
Lo anteriormente narrado no se refiere a actitudes aisladas. Por el contrario, son parte y el reflejo, a la vez, de uno de los problemas más serios que afronta el país, pues los accidentes de tránsito o “transporte”, son una de las principales causas de muerte y dolor, situación estudiada puntualmente por el programa Estado de la nación . Se puede decir, entonces, que las calles, las carreteras, y hasta las aceras son una fuente de violencia, de muerte.
Causas diversas. Las causas de este flagelo, desde nuestra perspectiva, son diversas. Se refieren a cambios en la estructura sociodemográfica que han llevado aparejado el crecimiento exagerado de los vehículos de todo tipo, sin que simultáneamente se hayan construido las obras de infraestructura necesarias para evitar ese estado de caos o “guerra vial”. Asimismo, dejamos de ser una sociedad de “sencillos labriegos” para convertirnos en una sociedad de “motorizados”, pero sin que se produjera un cambio en el comportamiento colectivo capaz de asimilar esa transformación. Así vemos que tanto entre conductores como peatones prevalece la filosofía del “porta’mí”, y de un individualismo exagerado, por eso se hace caso omiso de las más elementales normas viales.
Con el fin de enfrentar esta ola de violencia, de muerte, las autoridades del país han ensayado dos tipos de soluciones. Por un lado han intentado hacer un ordenamiento vial y mejorar las obras de infraestructura. Desafortunadamente, los resultados no han sido los mejores. Por ejemplo, con el propósito de controlar la circulación del transporte pesado, en la década del 90 se decidió construir “estaciones de pesaje” en ciertos tramos, pero esto nunca funcionó. Resultado, el país perdió centenares de millones y los “pesos pesados”, casi siempre sobrecargados, deterioran continuamente las carreteras, construidas generalmente, a altos precios y con baja calidad. Luego, con el propósito de aminorar el caos vial, se determinó que los camiones y furgones podrían circular solamente a ciertas horas, pero inexplicablemente se echó abajo esta medida. ¿Por qué el Ministerio de Transportes no ha sido capaz de cumplir con este cometido? ¿Habrá sucumbido a los grupos de presión y de interés?
Cambios y educación. Surge entonces, por otro lado, la idea de hacer cambios a la ley de tránsito, de manera que se aumenten las penas para ciertas infracciones. Al mismo tiempo se habla de fortalecer la educación vial en el sistema educativo, en el supuesto de que la “seguridad de los estudiantes debe ir desde la casa hasta la escuela”, disposición que podría recargar los programas de estudio con contenidos teóricos, como ha ocurrido en otras épocas.
Es nuestro criterio que la inseguridad vial se debe combatir integralmente, con medidas que no figuren solo en el papel. Es fundamental ejecutar acciones que involucren a la mayor cantidad de actores sociales: sector público, organizaciones no gubernamentales, empresa privada, gobiernos locales. En todo ello, el norte debe ser la convicción profunda de que los asuntos públicos no competen únicamente a los gobernantes, sino que son responsabilidad de todos los individuos, de cada uno de los costarricenses. ¿Es todo esto también “ser sapo”?
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