Costa Rica, Domingo 8 de junio de 2008

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Luis Alberto Moreno

Respuesta innovadoraa la inflación alimentaria

 Cerca de 26 millones engrosarían la legión de los pobres en América Latina

Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo

La cumbre alimentaria de las Naciones Unidas concluida en Roma esta semana fue un reconocimiento oficial a una realidad ya conocida por demasiadas familias a lo largo de América Latina y el Caribe. A medida que un porcentaje cada vez más grande de sus ingresos desaparece en la compra de alimentos, millones de individuos en la región corren el riesgo de perder gran parte del terreno ganado en la lucha a la pobreza en los últimos cinco años.

Si no se llevan a cabo medidas para mitigar la inflación de alimentos, cerca de 26 millones de personas en la región podrían revertir a una situación de extrema pobreza, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo. La situación de los 71 millones de latinoamericanos que hoy viven por debajo de la línea de pobreza se haría aún más difícil. Los Gobiernos de la región se apresuran a anunciar programas para responder a la crisis. Ante un panorama que provoca tanta ansiedad, cualquier medida es bien recibida. Pero la dura realidad es que muchas de las recetas más populares para combatir la inflación alimentaria podrían dejar un sabor amargo.

Medidas perniciosas. Algunos países productores de cereales, por ejemplo, han prohibido las exportaciones o incrementado los impuestos a la exportación con el objetivo de garantizar el suministro nacional. Otros Gobiernos están imponiendo controles en los precios e intentando eliminar actividades de especulación y acaparamiento. Algunos países están gastando miles de millones en subsidios directos a los alimentos y a otros servicios esenciales como agua y electricidad.

Es muy probable que, con el tiempo, este tipo medidas tenga un efecto opuesto a lo deseado. El control de precios y tasas excesivas a la exportación perjudican a los agricultores y desincentivan la producción cuando más se la necesita. Los subsidios directos a la alimentación suelen beneficiar a los consumidores de clase media y alta. Y la intervención de los gobiernos en las cadenas de producción o distribución tiende a disminuir la eficiencia y a fomentar la corrupción.

Pero la buena noticia es que los Gobiernos de América Latina tienen la oportunidad de liderar una respuesta innovadora a la crisis alimentaria –una respuesta con beneficios a corto y largo plazo–. En los últimos 15 años, América Latina se ha convertido en líder del desarrollo de programas de subsidios condicionados. Estos programas ofrecen pagos periódicos a familias de bajos ingresos siempre y cuando los padres aseguren que sus hijos acudan a la escuela y reciban atención médica.

Subsidios condicionados. Siguiendo el ejemplo de programas pioneros como Oportunidades en México y Bolsa Familiar en Brasil, en los últimos años, cerca de una docena de países de la región han adoptado programas de subsidios condicionados como un componente central de su estrategia para aliviar la pobreza.

Se han efectuado estudios que demuestran que estos programas incrementan la asistencia escolar, mejoran la nutrición y previenen algunas enfermedades, a un costo bajo para el contribuyente. Hoy este modelo de asistencia social es objeto de análisis y réplica en todo el mundo. Recientemente el alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg, lanzó un programa de subsidios condicionados denominado “Opportunity NYC”.

Aprovechando estos buenos resultados, los Gobiernos hoy pueden utilizar sus programas de subsidios condicionados para incrementar los pagos a las familias más afectadas por la inflación alimentaria. Esta opción tiene varias ventajas. Los subsidios condicionados mejoran directamente el poder adquisitivo de los pobres, en lugar de beneficiar a consumidores con más recursos. Al hacer posible que la gente adquiera más alimentos, estos programas estimularán a su vez una mayor producción agrícola en lugar de penalizar a los productores.

Costa Rica y otros. Estudios empíricos han demostrado que el resultado más inmediato de las subsidios condicionados es un aumento de la inversión en alimentos y dietas más variadas. Por ellos, los bebés y niños de edad temprana reciben una alimentación más equilibrada, lo cual mejora sus perspectivas a largo plazo. Finalmente, a diferencia de otros subsidios, estos programas no crean nuevos grupos de interés. Cuando la situación de una familia mejora al tal punto que excede los parámetros predefinidos de ingresos y bienestar social, se “gradúa” del programa. De esta manera, los subsidios condicionados aseguran que la ayuda llegue solo a quienes la necesitan de verdad.

Costa Rica, El Salvador y México ya han tomado pasos para facilitar la asistencia alimentaria por medio de sus programas de subsidios condicionados, , y otros países están estudiando alternativas similares. Los programas de transferencias de recursos no necesariamente son viables para países sumamente pobres como Haití, porque consumirían una parte demasiado grande de sus presupuestos y amenazan la estabilidad económica. Los países más pobres, en América Latina y en otras partes del mundo, continuarán necesitando ayuda directa de Gobiernos donantes.

Estos donantes podrían liderar con su ejemplo. En lugar de saturar de subsidios a sus ricos sectores agrícolas, una práctica que distorsiona aún más el mercado alimentario internacional, podrían optar por ofrecer apoyo financiero para ayudar a los más necesitados y estimular la producción local.

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