Costa Rica, Domingo 8 de junio de 2008

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EDITORIAL

Producción y libre comercio

 La Cumbre de la FAO clama por la producción, pero no adoptó un compromiso formal y concreto

 Los países productores de granos básicos deben estimular la exportación y eliminar los subsidios que perjudican a los pobres del mundo

La subida de precios de alimentos que azota el mundo es un tema de gran preocupación para todos por las consecuencias sociales que conlleva. Las personas más pobres y marginadas dentro de los países más pobres del mundo son los que sufren las consecuencias más graves de esta crisis. En el mundo existen hoy 862 millones de personas en estado de subnutrición, que corren el peligro de que su situación se empeore aún más, dados los aumentos de precios de los alimentos (53% en los primeros cuatro meses del 2008, con respecto al mismo período del 2007).

Dentro de este marco mundial, la región de Centroamérica y el Caribe es una de las más vulnerables, dada la frágil condición económica, social y política de muchos de sus países. El efecto negativo de los altos precios de alimentos sobre las economías de la región, agravado por la situación de precios de hidrocarburos, significa que las posibilidades de destinar más recursos para la educación, la salud o la infraestructura son menores, en detrimento de las posibilidades de trabajo productivo. El descontento social derivado de esta situación, sobre todo en los sectores marginados, puede derivar en inestabilidad política para la región.

Esta semana se celebró en Roma la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, organizada por la FAO y la ONU, en la que representantes de 180 Estados se reunieron para discutir sobre las posibles soluciones a esta crisis. En la declaración final se insta a adoptar las acciones necesarias para erradicar el hambre en todos los países del mundo, con el objetivo inmediato de reducir a la mitad el número de personas subnutridas, a más tardar para el año 2015. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, además, hace un llamado para que el mundo dedique 20.000 millones de dólares al año a resolver este problema. Sin embargo, la cumbre en Roma terminó sin una obligación de los países de comprometerse firmemente a tomar las acciones necesarias para resolver la crisis. Y aquí es donde existe el peligro de que se apliquen medidas de distinta índole en cada uno de los países, según sus propias necesidades, y no necesariamente buscando lo mejor para el resto del mundo.

Como es bien sabido, el problema del alza viene dado porque la producción de alimentos no alcanza para satisfacer la creciente demanda de estos. Debido a problemas climáticos, el potencial de producción de alimentos se ha visto limitado en algunas regiones. Por otro lado, el alto crecimiento económico de los países emergentes (China e India entre ellos) ha provocado cambios importantes en los patrones de consumo de alimentos, que induzca a demandar mayores cantidades de granos básicos, no solo para su consumo directo, sino, sobre todo, para alimento de animales. Los altos precios del petróleo, junto con políticas de subsidios a la producción de biocombustibles, han aumentado también la demanda por granos básicos.

Al final de cuentas, aun cuando la producción aumente año con año, la demanda crece todavía más rápido. Como es impensable restringir la demanda de alimentos, dado que más bien existe un faltante para cubrir las necesidades de los millones de personas subnutridas, las medidas por tomar deben ir guiadas a aumentar la producción mundial. En este sentido, aplaudimos la instancia incluida en la declaración final de la Cumbre para que los países y los organismos internacionales brinden apoyo a los agricultores a tener acceso a semillas, fertilizantes y otros insumos adecuados para el medio local, así como la asistencia técnica adecuada para incrementar la producción agrícola. Igualmente importante es la petición incluida en la declaración final orientada a asegurar que las políticas de comercio de los países contribuyan a fomentar la seguridad alimentariapara todos. Con este fin, el documento reafirma la necesidad de reducir al mínimo el uso de medidas restrictivas al comercio, reconociendo que las medidas proteccionistas que puedan aplicar algunos países solo favorecerán a unos pocos, pero irán en detrimento de la búsqueda de la solución del problema de los altos precios de alimentos a nivel mundial.

Aquí es donde se requiere un mayor compromiso de parte de todos los países. Aquellos que tienen grandes capacidades de producción de alimentos, especialmente de granos básicos, deben eliminar sus barreras para exportación, brindando así la motivación adecuada para que sus agricultores produzcan aún más. Los que aún mantienen subsidios internos para la producción ineficiente, deberían desistir de ellos. Esto ayudaría mucho a aumentar significativamente la productividad agrícola y, por ende, la producción de alimentos necesarios para erradicar el hambre en el mundo.

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