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Página Quince Alberto Salom Echeverría |
El país deshilvanado
Cansa escuchar el discurso de la mayoría de los políticos fluir a contrapelo de la realidad
Diputado
Costa Rica se nos ha convertido en un país desorganizado, incoherente, deshilvanado. Cansa ya escuchar el discurso de la mayoría de los políticos fluir a contrapelo de la realidad y de las necesidades sociales más urgentes. Pongo un ejemplo como abrebocas: el programa de gobierno del partido Liberación Nacional, hace apenas dos años, decía: “Contrariamente a lo que plantean quienes ven en el mercado global una amenaza, constatamos más bien que los graves problemas de desempleo y pobreza que tenemos en la zona rural se concentren en su totalidad entre los productores que no están vinculados a las actividades de exportación”.
De ahí derivaban que la lección estratégica no consistía “…en proteger a cualquier costo la producción agropecuaria dirigida al mercado interno para preservar una mítica soberanía alimentaria. Eso –continuaba el mencionado programa – condenaría al país a una producción agropecuaria ineficiente e incapaz de proporcionar un nivel de vida digno a los productores”.
Mal preparado. Hoy madura una crisis alimentaria de proporciones planetarias, es cierto, pero muy mal preparado está el país para encararla, cuando las políticas públicas que comenzaron a aplicarse desde mediados de los ochenta de la pasada centuria estrujaban a los pequeños agricultores de granos básicos y los empujaban a la vez a desmantelar sus pequeñas parcelas, justamente de la producción agroalimentaria para el mercado interno.
Todavía resuenan las prédicas desde el Banco Central y desde otros espacios, como el Ministerio de Agricultura y Ganadería, o el propio CNP, donde los jerarcas de turno, creyendo que se ponían a tono con la onda de la economía global, clamaban al cielo para que el país comprara el maíz, el arroz y los frijoles en el exterior, con el manido argumento de que era más barato que producirlo por nuestra propia cuenta; según ese razonamiento, así se beneficiaría al consumidor.
No tuvo que pasar mucho tiempo antes de que la propia vida se encargara de hacer añicos semejante visión de las cosas tan espuria y cortoplacista. Ahora, sin que medie la menor autocrítica, sin pudor, conminan desde el gobierno a los campesinos a producir para el mercado interno.
País hipercentralizado. Otro ejemplo, de los mil que me asaltan: el discurso gubernamental ha favorecido la descentralización de la institucionalidad pública, no de ahora, sino desde el gobierno anterior (1986-90). El nuestro es un país hipercentralizado; eso todo el mundo lo sabe, solo que en nuestro caso, al Estado centralista se le abona el haber sido relativamente funcional y eficiente para promover la movilidad social ascendente.
No obstante, después se generalizó la tesis de que el modelo centralista había tocado techo y que había que reconfigurar el Estado en su conjunto, descentralizándolo y dándole una nueva y más amplia dimensión a los poderes locales y a la misma sociedad civil. Esa, al menos, fue una fuerte prédica de campaña electoral del actual mandatario, pero, de nuevo, el discurso va por un lado y la realidad, por otro. En esta administración no solo no se ha descentralizado nada, sino que más bien se han recentralizado funciones importantes en el Poder Ejecutivo.
Brechas de desarrollo. Las brechas de desarrollo entre regiones en el país se han consolidado, pero este Gobierno, en lugar de adoptar una perspectiva regional para impulsar el Plan Nacional de Desarrollo, explícitamente la abandona tras afirmar que “…el Plan no aborda en forma explícita y sistemática, la dimensión territorial de la acción pública…”, aduciendo para ello razones de tipo práctico (¿?).
Se adoptó, en cambio, una perspectiva sectorial; sin embargo, en un documento de la División de Fiscalización Operativa y Evaluativa de la CGR, de diciembre del 2007, se llega a la conclusión de que, aun a nivel de los sectores, el tema de la planificación regional aparece completamente subvaluado y no se le da un tratamiento estructurado ni sistemático. (DFOE-SAF-21-2007. P15).
Peor aún, la misma Contraloría en el documento citado concluye que los consejos sectoriales no están funcionando formal ni sistemáticamente. (P8). Es decir, de nuevo vamos, como quien dice, ‘coyol quebrado, coyol comido’; lo malo es que, según los atisbos, ahorita no habrá ni coyoles para comer.
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