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Gerardo E. Martínez-Solanas | [©FIRMAS PRESS]@nacion.com |
Gerardo E. Martínez-Solanas. Economista y politólogo. Director de DemocraciaParticipativa.net
*Según la doctrina liberal, se refiere a los puntos de vista diametralmente opuestos sostenidos por Jeremías Bentham y Wilfredo Pareto, sobre el cálculo de un óptimo de satisfacción social. (N.R)
“La fuerza del cambio” fue lema del 37º Congreso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como si Barack Obama, el candidato demócrata de Estados Unidos, los inspirase. Además, el PSOE afirmó en su documento ideológico que“la izquierda no puede dar la espalda a las empresas” y que “necesitamos integrar a la empresa en nuestro proyecto de sociedad” . Destila una nostálgica renuncia a la revolución, la lucha de clases, el Estado benefactor y centralista. Es un “cambio” en pro de una sociedad de clases medias. No más igualitarismo ni imposición por el gobierno central de soluciones confiscatorias para “el bien común”.
El socialismo del siglo XXI ha abrazado gradualmente la libre empresa y parece adentrarse en la democracia. Pero ¿es “socialismo”? ¿Esa es la “izquierda”? O es la de Chávez, Kirchner, Ortega, Correa y Morales, que imponen el “cambio” centralizador. Es inquietante saber a la izquierda de qué clase de socialismo estamos hablando. El socialismo español, por su propia naturaleza, debiera conservar una filosofía centralizadora, pero promueve la disgregación autonomista desde sus instituciones regionales. Quizás porque es más fácil centralizar el poder a ese nivel, con la consecuencia probable de la formación de miniestados.
La confusión de términos y principios se complica con la demagogia. El Partido Popular (PP) es “acusado” –como si fuera una falta– de “derechista”. Aunque ellos se identifican como “centro” y son parte del movimiento de partidos populares que han invadido pacíficamente la antigua Internacional Demócrata Cristiana, transformándola en la Internacional Demócrata de Centro (IDC). Pero, qué ideología es “de centro”? Desde la Asamblea Nacional de la Revolución Francesa, con jacobinos a la “izquierda” y girondinos a la “derecha”, no había “centro”. Y cuando los jacobinos guillotinaron a los girondinos, ¿a la izquierda de qué se sentaron?
Un discurso convincente. Eran más identificables los partidos de la IDC cuando abrazaban el “humanismo cristiano” como patrón filosófico, defendían su secularismo y proclamaban su carácter no confesional con propósitos de justicia social regidos por el Principio de Subsidiariedad. Un principio de democracia participativa que fomenta la idea federalista, pero se aleja de la dispersión autonomista porque predica “la unidad en la diversidad”. ¿Es esa la ideología del PP español, miembro de la IDC? Son estas las bases de su programa de gobierno?
Preguntemos al Partido Justicialista argentino, presente en la IDC y en la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA): ¿Es “de centro”? ¿Está guiado por el humanismo cristiano? ¿Aplica la subsidiariedad? ¿Fomenta el federalismo y la democracia participativa? En fin, ¿dónde esta “el centro” de su política y su ideología?
Así observamos al Partido Demócrata Cristiano chileno que, refugiado por demasiado tiempo a la sombra de los socialistas, no sale a la palestra pública con fuerza propia ni ideas y proyectos independientes, suficientemente definidos para una genuina opción electoral. Sería oportuno que se definiera, alzando la bandera legítima de una tercera opción frente al resurgimiento conservador.
Semejante desconcierto de ideologías, propósitos y proyectos políticos se manifiesta con mayor crudeza en la Venezuela de Chávez. Es comprensible la indispensable unidad opositora para vencerlo, pero no la unanimidad de las ideas. El electorado exige un discurso claro de los aspirantes a dirigir sus destinos. Un discurso convincente, transparente. Las “concertaciones” pueden ser necesarias, pero no a costa de renunciar al discurso fundamental ni tampoco ponerlo a la sombra de las conveniencias.
Ni hablar del liberalismo. ¿Quién lo define? ¿Un norteamericano o un europeo? ¿Es benthamiano o paretiano?* En fin, el caos conceptual en todo el espectro político. Empero, la política bien concebida no es desconcierto, sino orden y transparencia. Bastaría comprenderlo y aplicarlo para triunfar en todas partes.
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