LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 27 de julio de 2008

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Nacion.com

Página Quince

Rodolfo Cerdas

Ojo Crítico

politólogo

La princesa cautiva le ordenó al Gran Khan que la pusiera en libertad. El Khan sonrió y le dijo: “Una princesa inteligente no ordena nada que sepa que no le van a obedecer”. Nuestros diputados deben oír este consejo y no pensar siquiera en quitarle a miles de ciudadanos su derecho inalienable a la legítima defensa, prohibiendo la tenencia de armas en momentos en que la delincuencia mata, viola y asalta armada hasta los dientes y la seguridad pública da dos pasos para adelante y cuatro para atrás.

Hoy hay una moda que confunde ser pacífico con ser pacifista a toda costa. Estos últimos maldicen todas las armas, condenan todas las guerras y creen que todo se puede resolver en paz. Pero una cosa es ser razonables y otra diferente pretender quetodos sean razonables; porque esto ya no es razonable. Sin las armas y sin el brazo heroico de Bolívar y San Martín, no seríamos independientes. Sin José Martí, muerto en batalla, Cuba y América no tendrían su apóstol. Sin Mora, Cañas y Santamaría, habríamos sido esclavos de Walker. Sin Stalingrado, Normandía y Londres, los nazis habrían impuesto su régimen racista y exterminador.

La seguridad es un tema complejo. Nadie pretende aquí tener armas de guerra. Cada quien decidirá si posee o no armas y sufre o no humillaciones y abusos, con resistencia o sin ella. Son opciones. A lo que no se tiene derecho es a imponerles a los demás su propio criterio, sobre todo cuando lo que está en juego es la vida, la dignidad, el honor y la seguridad de las familias. Yo admiro la paloma de la paz, pero no olvido, como algunos, que también fue Picasso, su autor, quien pintó el terrible cuadro Guernica .

El país ve cómo el crimen y la violencia aumentan, a la fuerza pública rebasada y renuente a patrullar las calles; al Ministerio de Seguridad en manos de una estimable profesora, pero inexperta e ignorante del tema; a la Fiscalía y al OIJ haciendo todo lo que pueden, pero sin que baste. La violencia, hasta innecesariamente, aumenta. Y la ley, en vez de proteger y facilitar las cosas al ciudadano, se las entraba. Mientras, el delincuente, feliz porque esas normas ni lo tocan.

Como en el sermón se regaña a los que van a misa por los que no fueron, se quiere quitar al ciudadano su derecho a la legítima defensa, dándole efecto retroactivo a las normas y violando derechos patrimoniales legítimos en nombre de un desarme que solo afectará y beneficiará, en los hechos, al buen ciudadano, sin rozar siquiera al criminal. La paz no se proclama. La paz es indivisible y se defiende. La historia demuestra que, a veces, hay que defenderla con las armas en la mano. Como lo hicieron los costarricenses en 1856.

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