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Página QuinceYalena de la Cruz | yalenadelacruz@yahoo.com |
Odontóloga
Mi tatarabuelo de Lemos fue un judío sefardita que llegó a Costa Rica, como muchos otros: huyendo... Mi abuela paterna me contaba de sus recuerdos de infancia, de su abuelo celebrando el Shabbat, con velas encendidas, en la soledad y la intimidad nocturna de los viernes.
Ninguno de sus hijos se crio como judío, aunque todos llevaron típico nombre: Jacobo se llamó mi bisabuelo. No en vano es la historia del “judío errante”, que ha intentado tener fin luego de 1948 con la creación del Estado de Israel, en una tierra donde se encuentran sagrados sitios para las tres religiones y que hacen de Jerusalén la capital religiosa del planeta.
Tres religiones. El Domo de la Roca es quizás el sitio más significativo, pues contiene los restos del viejo templo de Salomón; la sinagoga donde Jesús, siendo niño, “fue hallado en el templo”; la piedra desde la que Mahoma subió a los cielos. Para los cristianos, además, todos los sitios de la vida, la pasión y muerte de Jesucristo se encuentran en Israel, país que, como bien dicen sus habitantes, es el único en el que la Biblia sirve como “guía turística”.
Costa Rica reconoció al Estado de Israel tras su fundación. Desde entonces, ambos países establecieron relaciones diplomáticas y culturales. Nuestro primer embajador, Luis Alberto Monge, cuenta que, antes de presentar sus credenciales ante el Knesset (equivalente de la Asamblea Legislativa), conversó con Golda Meir y la informó de que Costa Rica establecería su sede en Jerusalén; en 1978, el Gobierno la “trasladó” a Tel Aviv, pero el hecho no pasó de ser un decreto de “letra muerta”, pues en la práctica nunca hubo cambio de sede y la Embajada siguió estando en Jerusalén, donde formalmente fue “devuelta” con un nuevo decreto en 1982.
Es en la presente administración cuando por vez primera, en forma efectiva, la Embajada costarricense se traslada a Tel Aviv, y el Gobierno, como parte de su política internacional, estrecha relaciones diplomáticas con el mundo árabe.
Pero el cambio diplomático tuvo su impacto en la vida nacional; muchos de nuestros compatriotas judíos se sintieron dolidos y quizás, hasta defraudados. No obstante, en la coyuntura actual, lo más importante es tener conciencia de que, más allá de las circunstancias que pueden distanciar a los Gobiernos, lo fundamental entre los pueblos es trascender para mantener unidos los lazos de amistad que permiten estrechar las culturas y, precisamente con ello, favorecer el entendimiento y promover la paz.
El Instituto Cultural. En el caso de las relaciones costarricense-israelíes, se cuenta que un antiguo Centro Cultural desapareció jurídicamente con la muerte del padre Benjamín Núñez, por lo que, recientemente, se creó un nuevo Instituto Cultural para investigar, rescatar y difundir la cultura y mediante actividades científicas, deportivas y culturales, y fortalecer los vínculos entre ambos pueblos. En lo personal, celebro esta iniciativa.
Creo que cada día podemos aprender mucho del pueblo judío: de su capacidad de trabajo; de su cultura, forjada en el crisol de inmigrantes que dieron vida a su tierra luego del 48; de su extraordinario sistema de salud y seguridad social (de especial importancia para nuestro país, dado el patrón demográfico, es lo relativo al entretenimiento del ocio y salud de la población adulta mayor); de la investigación de punta en diversos ámbitos; de sus valores y compromiso para lograr un mundo más humano, sin los dolores del pasado que avergüenzan a la especie humana y que hoy son motivo de recuerdo para respetar la diversidad de credos y formas de vida; para que jamás vuelva a haber alguien “con piel marcada”, sino simplemente humanos, sin discriminaciones... para que nunca más tenga nadie que rezar a escondidas ni ocultar sus valores más íntimos por miedo a ser perseguido.
El mundo que hemos de empeñarnos en construir es aquel en que prevalezca el respeto a todas las creencias, a la diversidad humana en todos los campos y en todo el planeta, y en ese sentido, el Instituto Cultural Costarricense Israelí es un espacio para favorecer la tolerancia y avanzar en el camino constructor de la paz.
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