LN OPINIÓN

Costa Rica, Miércoles 23 de julio de 2008

/OPINIÓN

Mishelle Mitchell Bernard

Requisa pública, bonito show ...

 Me anticipo a la requisa oficiosa de mis datos y revelo los hechos

Dirección de prensa, Presidencia de la República

Me anticipo a la requisa oficiosa de mis datos y revelo los hechos, antes de que sean manipulados en el marco de una “investigación” periodística, o manoseados por el oportunismo politiquero, porque renuncio a ser accesorio de maquinaciones que quieren desprestigiar a un buen Gobierno y a personas decentes que colaboran con él.

Como periodista, reconozco la importancia consustancial a nuestra profesión de preguntar y dudar, pero, como ciudadana, también sé que todo texto fuera de contexto es un magnífico pretexto para destruir honras.

Los hechos. Por eso deseo reafirmar los hechos: soy consultora del Banco Centroamericano de Integración Económica. El BCIE me paga $4.000 mensuales según un contrato privado vigente y así lo reconoció el diputado Alberto Salom el 14 de julio. Presto mis servicios de asesora en comunicación al presidente de la República y al ministro de la Presidencia, por encargo del BCIE.

Desde diciembre del 2006 me inscribí como trabajadora independiente ante la Caja, y desde entonces, y hasta abril del 2008, declaré un ingreso mensual de ¢1.861.000 para asegurar a mi familia. En enero del 2008 acudí a la Caja para pagar la cuota correspondiente y la administración,sin ninguna notificación previa , duplicó mi aporte voluntario de ¢176.700 a ¢342.499 mensuales. La bofetada fue mayor al leer enLa Nación del 20 de febrero anterior, que sólo 51 personas reportamos ingresos superiores a ¢1,7 millones. ¿Seremos solo 51? Ahí les dejo para investigar, ojalá sin malicia y sin manchar honras, esta vez.

Acumulé deuda al interrumpirse el pago de los honorarios prestados al BCIE entre febrero y marzo de este año, en coincidencia con la finalización de un contrato y la entrada en vigencia de uno nuevo. Conforme a la posibilidad que me dio la Caja, modifiqué mis datos para poner al día mi situación, y durante los últimos tres meses he pagado ¢47.042 por mes, pero ya he solicitando se reinstale el monto original de mis ingresos.

Desnudo mi bolsillo, aunque no sea de incumbencia nacional, para anticiparme al título morboso y reafirmo que la modificación mencionada es parte de un arreglo administrativo legal.

¿Empleados públicos? Me anticipo a la discusión que determinará si los consultores del BCIE somos empleados públicos o no. Ahora resulta que el acceso a una computadora, a un teléfono y a un espacio en la Casa Presidencial me ubica en esa categoría: y, si lo fuera, ¿qué? Trabajo honradamente y dedico muchas horas y esfuerzo a mi labor.

Se dice que supuestamente soy empleada pública “porque doy órdenes a un equipo de trabajo” –o al menos así lo cree una reportera de Telenoticias–. No lo creo. A lo mejor ella desconoce que relaciones de coordinación eficiente, y no de jerarquía, permiten a un equipo, con la mitad de personal de otras administraciones, producir un programa semanal de televisión, administrar una página web y producir semanalmente decenas de comunicados de prensa, audios y fotografías.

Se aduce que supuestamente soy empleada pública porque recibo “viáticos y recursos públicos”, como me increpó otro reportero. Recordé que quienes viajamos con el Presidente en comitiva oficial, lo hacemos con un modesto estipendio que no nos exime de informar a los ciudadanos y a los medios del quehacer de su mandatario.

Recordé que mi pasaporte es el mismo documento personal con el que he viajado sin privilegios, que yo pago mis impuestos de salida así sea que vaya en comitiva oficial o no, que la cuenta del celular al que insistentemente me llaman los colegas es el que pago desde mi cuenta personal. Recordé también que en las giras locales con el Presidente, mi fresquito y gallito lo pago yo.

Afortunadamente, tengo una carta en mi cartera que me autoriza a viajar en autos de la Casa Presidencial.

Recordé que para algún colega viciado resulta inconveniente que ya no sea el Estado quien financie sus tours fuera del país, sino que ahora se le manda datos, imágenes y voz por Internet. Así terminó la conveniente práctica de un vivillo de cobrar los viáticos provistos por su medio y dejarse los estipendios que le pagaban algunos Estados anfitriones. Ese mismo vivillo recordará con nostalgia el billete que le soltó Taiwán.

Fui elegida por mis atestados, experiencia y responsabilidad y por ello recibo una remuneración justa pagada por el BCIE. No seré yo quien sienta vergüenza por trabajar al lado del mejor mandatario que haya tenido este país en décadas.

Finalmente, recordé el día en que una periodista de televisión nos decía a sus pupilos, años atrás, que “un periodista tiene un mar de conocimientos de un centímetro de profundidad”. Suspiré y dije: “Ya entendí, en esto del periodismo se vale chapotear”. Bonito show , el de ser accesorio de la malicia de algunos informadores, bonito show . A esos, les gusta pringar...

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