LN OPINIÓN

Costa Rica, Martes 22 de julio de 2008

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Página Quince

Amalia Chaverri

La respuesta de Ingrid Betancourt

Filóloga

La respuesta “hay cosas que deben quedarse en la selva…” que dio Ingrid Betancourt a la pregunta de Larry King alusiva a experiencias relacionadas con el sexo durante su cautiverio en la selva, no debe pasar inadvertida. Si Ingrid Betancourt hubiera abierto la más mínima rendija a esa trampa (así lo veo yo) que le estaba tendiendo Larry King, se hubieran desatado una serie de noticias morbosas, retorcidas y hasta obscenas sobre un tema -de por sí rentable en el mundo de las noticias- que también hubieran desplazado a todas las demás, ahora en el tapete, basadas algunas en conjeturas (y especulaciones) sobre el futuro político, ideológico, y hasta familiar de la ex prisionera.

Dejando de lado lo que será el futuro de esta valiente mujer, con esta respuesta ella defendió en forma solidaria, sincera y humanitaria, su mundo privado y el de sus compañeros. Esta respuesta excepcional muestra un admirable rasgo de su personalidad: el respeto por las acciones individuales y privadas que pudieron haberse dado en un contexto inusual, de excepción, insólito y desacostumbrado, opuesto a una sociedad “normal” -tal y como asumimos la nuestra- e inclusive tomando en cuenta espacios sociales de fuerte marginación como son las cárceles.

Respeto a intimidad. Con esta respuesta Ingrid Betancourt pondera el respeto a lo más íntimo, propio, profundo e intransferible, que es la conciencia moral, la subjetividad, la intimidad y el derecho a lo privado.

Lo expuesto me ha llevado a imaginar que estar en esas condiciones adversas y extremas donde es obligatorio vivir irremediablemente juntos pero, paradójicamente, aislados del mundo, es como viajar a otra dimensión del tiempo, del espacio, de los valores y de la propia intimidad. Es un viaje cuya brújula apunta hacia otra dirección donde todo se vuelve relativo, el contexto psicosocial es otro, y se desmembra el vínculo con la realidad que se vive en el “afuera”.

Me surge la hipótesis de que en ese “habitat” se forman y se manifiestan – explícita e implícitamente- nuevas reglas de convivencia, para hacer soportable, y vivible el diario vivir (valga la redundancia), así como comprensible el comportamiento de sus habitantes, los secuestrados políticos; de no darse lo anterior, la destrucción del grupo sería inminente.

Desde una perspectiva amplia y personal (que me corrijan los abogados) la respuesta de Ingrid Betancourt atañe al derecho privado, entendiendo en este caso concreto (es otra hipótesis) la opción de guardar su intimidad y la de sus compañeros, en un mundo donde los medios la infringen constantemente. No es competencia de quienes no hemos vivido esas situaciones extremas, ser jueces de todos sus actos. Buena enseñanza deja Ingrid Betancourt.

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