LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 20 de julio de 2008

/OPINIÓN

Leiner Vargas Alfaro

Combustibles, impuestos y pobreza

Economista

Hace alrededor de 10 años publiqué, en compañía de un profesor noruego, el doctor Balbir Singh, un artículo titulado “Impuestos a los combustibles y contaminación urbana, el caso de Costa Rica”, que creo vale la pena rescatar en sus conclusiones, en el marco de la creciente escalada de precios de los combustibles, insumo básico para el transporte tanto de carga así como, de personas en el país. Tres conclusiones relevantes en el marco de la discusión actual y un comentario sobre ellas que paso a describir a continuación.

La primera y algo que al parecer resulta obvio es que la elasticidad o respuesta de la cantidad demandada de combustible ante cambios en los precios es inferior a uno y muy cercana a cero en el corto plazo. A mediano plazo el efecto es un tanto más elástico. Pero los efectos sustitución son relativamente pequeños y, por lo general, predomina el efecto ingreso, dado que el uso de energía en general puede verse como un bien superior, desde el punto de vista económico –es decir, es un bien cuya demanda sube ante cambios en el ingreso compensado–.

Esto significa que los efectos de un aumento sostenido de los precios de la energía sobre la canasta de consumo provocan la sustitución de gasto en otros bienes a favor del gasto en combustible o en energía en general. Ante esto, las familias pobres o muy cercanas a la línea de pobreza son muy vulnerables, dado que los incrementos en los precios de la energía pueden implicar privaciones de otros bienes de valor nutricional o estratégico en la canasta de consumo, como la salud y la educación, con incidencias a largo plazo muy fuertes en la distribución y capacidad de generar rentas futuras por parte de dichas familias.

Los subsidios. Una segunda conclusión encontrada en aquel momento fue que la elasticidad ingreso, que en nuestro ejercicio de aquella época se asocia al producto, al ser utilizada la proxy del PIB como la variable dependiente dentro del modelo, fue ampliamente superior a la unidad. Lo que significa que existe una relación directa y muy fuerte entre el crecimiento de la producción, el transporte de carga y pasajeros y como tal, su efecto derivado de consumo de combustibles. Esto significa que en momentos de ciclo económico de amplio crecimiento, como el actual en nuestro país, la demanda se dispare de forma significativa muy por encima del crecimiento de la producción y de igual forma la factura petrolera y, como tal –ceteris paribus–, el déficit de balanza comercial.

Finalmente y como parte del trabajo compartido del profesor Singh, el académico Marvin Acuña y este servidor, se logró realizar una evaluación del impacto de los subsidios a la energía y/o de los impuestos sobre el bienestar y la distribución del ingreso de las familias costarricenses. El resultado fue que en materia de subsidios, resulta mucho más eficiente si lo que se requiere es subsidiar a los pobres y mejorar la distribución del ingreso, el subsidiar la educación o la salud o inclusive subsidios directos al ingreso de esas familias, que aplicar políticas tendientes a utilizar los subsidios a los combustibles, como un instrumento para favorecer la distribución del ingreso o disminuir la pobreza.

Propuesta improcedente. Por último, se encontró que el impacto de los subsidios en la contaminación urbana es alto y tiene efectos directos e indirectos sobre la salud, afectando directamente los costos de la seguridad social preventiva y curativa en diferentes niveles en las principales ciudades del valle central. Con todo lo anterior, podemos fácilmente realizar una conclusión. Resulta altamente improcedente la propuesta del Gobierno de subsidiar el diésel con el argumento de favorecer a los pobres y a la producción local. Si, por ejemplo, ese equivalente de subsidio se utilizara en otro instrumento, educación, salud o ingreso directo –bono a los pobres– ,sería más efectivo, socialmente hablando.

No quiero con este artículo dejar la sensación de que es mejor no hacer nada y dejar que se produzca un efecto sustantivo de deterioro de la pobreza o de disminución en la producción, solo creo que es necesario tener el debido cuidado de no agravar la enfermedad con la posible solución planteada. Dado que los impuestos perdidos o dejados de recaudar tienen fines alternativos, sería conveniente valorar con cuidado los posibles efectos en otros mercados de las acciones de política económica a implementar.

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