LN OPINIÓN

Costa Rica, Sábado 19 de julio de 2008

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Enrique Gomáriz Moraga | enriquegomariz@yahoo.com

Un país confundido

 Ante una coyuntura que pone de manifiesto serias deficiencias culturales e institucionales

Analista político

En la enredada y penosa situación nacional, reconforta el ánimo la emisión de observaciones bienpensantes de quienes, como mi tocayo Enrique Tovar, consideran que todo está perfecto, que estamos ante la normal tensión entre gobierno y prensa; que Costa Rica tiene el mejor de los gobiernos y que la prensa está cumpliendo con su deber de “hurgar, husmear, dudar, averiguar, preguntar, fiscalizar” (La Nación, 16/07/08).

Poco estimulante. Déjeme decirlo con la franqueza que aún tiene un castellano semitropicalizado: la actual coyuntura costarricense ofrece un espectáculo poco estimulante. En el país, lo que se ha logrado es una aguda confusión interna: para buena parte de los costarricenses, el Gobierno ha sido sorprendido en actos de corrupción y para otra buena parte lo que realmente sucede es que ciertos medios políticos y periodísticos están faltando a la verdad.

Al mismo tiempo, en el entorno regional, los países vecinos observan entretenidos cómo los ticos se enredan en sus propios mecates y las agencias de cooperación miran Costa Rica precisamente como el último país al que les gustaría ir a trabajar.

Por eso, don Enrique, no creo que la prensa tica esté para premios, ni que en los medios políticos haya una cultura cosmopolita y del siglo XXI. Con todo respeto y algo de pesar le explicaré por qué lo pienso así.

En primer lugar, le diré que la prensa seria no está para husmear ni fiscalizar, sino para satisfacer el derecho ciudadano de informarse verazmente.

Esa es precisamente la diferencia entre el buen periodismo actual y el decimonónico: ya no es realmente válido el periodismo del supuesto y la afirmación sin confirmar, sino el de la pura información contrastada. Y eso no es precisamente lo que se ha evidenciado en esta oportunidad.

Por ejemplo, el argumento central de algunos medios es que un proyecto apoyado por Taiwán destinado a mejorar precarios se habría gastado en otros usos. El Ministro de Vivienda asegura en un artículo firmado que el proyecto tenía cuatro objetivos y no solo el de mejoramiento barrial. Cualquier ciudadano puede pensar que resolver esa controversia es bien sencillo: basta con ver el proyecto y comprobar si tiene uno o cuatro objetivos. Pues bien, don Enrique, le invito a que revise las informaciones surgidas en los dos medios que más han insistido en este asunto, para ver si algo tan sencillo fue hecho.

Deficiencias culturales. El problema es que las denuncias surgidas en estos medios están haciendo funcionar los mecanismos contralores y de justicia, pero cabe preguntarse si algo similar sucederá por cada una de las acusaciones que resulten falsas. En una democracia moderna esto debe ser posible: le animo a que conozca del varapalo reciente que la justicia española le ha dado a la prensa en el caso de las acusaciones falsas contra el alcalde de Madrid.

Pero la coyuntura también está poniendo a prueba la cultura de algunos medios políticos. Una muestra de lo que digo se evidencia en el hecho de que la presidenta del PAC, entre otros, ha renunciado a sus consultorías para evitar “confusiones y contagios”. Es decir, que existe una fuerte corriente cultural de rasgamiento de vestiduras que obliga a los otros a tentarse la ropa. ¿Eso le parece encomiable? El presidente Óscar Arias dice que es más bien muestra de cómo está el nivel de la envidia y del deporte nacional de serruchar pisos, pero yo creo que el asunto es más grave: un país que en el sigo XXI tenga tantas dificultades para distinguir entre una consultoría bien pagada y un acto de corrupción, presenta alto riesgo de condenarse al ostracismo y al atraso.

No, don Enrique, no estamos ante sanos pugilatos entre Gobierno y prensa, sino ante una coyuntura que pone de manifiesto serias deficiencias culturales e institucionales y donde todos los contendientes están contribuyendo a reducir la confianza mutua entre los costarricenses y a dar una imagen poco edificante del país en el exterior. Eso tendrá menos remedio si encima pensamos que todo marcha sobre ruedas.

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