Es 1851. Apenas han pasado tres años desde que José María Castro Madriz fundó la República de Costa Rica y su capital –San José– no deja de ser una aldea.
Las autoridades religiosas y políticas saben que nada será mejor que la construcción de una iglesia para atraer más personas al extremo este de la ciudad.
El sitio ya es conocido como La Soledad, no solo por sus pocos habitantes, sino también por la veneración de la Virgen María bajo esa advocación en un oratorio de la familia Pacheco.
Ese año, monseñor Anselmo Llorente y Lafuente ordena levantar los planos de la nueva construcción sin sospechar que está creando un pequeño pero importante núcleo urbano que definirá la capital aún en el 2008.
Después de conocer los planes del Obispo, María Soledad Esquivel –una de las vecinas más pudientes del barrio– se decide a encargar al guatemalteco Pedro Gallardo la talla de una imagen de Nuestra Señora de La Soledad para usarla en el culto público.
Hace 150 años. Precisamente, hoy se cumplen 150 años del fin de la talla de la imagen.
Según explicó Mynor Esquivel, historiador religioso, es casi seguro que el 15 de julio de 1858 Gallardo diera los toques finales a La Soledad en su taller.
“Los escultores acostumbraban terminar sus obras en vísperas de un día de importancia para el catolicismo y el 16 de julio es el Día de Nuestra Señora del Carmen”, comentó Esquivel.
A esto se suma que la dama vivía en la que entonces era la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen.
“Era el mejor momento para terminarla”, dijo el también periodista Esquivel. No obstante, la imagen solamente conserva el nombre del escultor y el año de su creación.
De acuerdo con lo dicho por Esquivel, poco después de que llegó al país, la escultura comenzó a ser prestada a la catedral para utilizarse en la procesión del Santo Entierro (Viernes Santo) y en la de La Soledad o El Silencio (Sábado Santo).
Poco antes de morir –alrededor de 1875– María Soledad Esquivel donó la imagen al Cabildo metropolitano. No obstante, los fieles ya se habían acostumbrado a verla en su templo propio y no en la catedral.
“Y, con el venir e ir de los años, los fieles acordaron apropiarse de manera abrupta de la imagen, que así se quedó en esta iglesia (La Soledad). No obstante, el Cabildo metropolitano solicitó su retorno, pero los vecinos se organizaron y por medio de colectas pagaron a la santa iglesia catedral metropolitana un valor simbólico por la imagen más venerada de este nuestro templo”, señala entre sus notas históricas el presbítero Raúl Villalón.
Los fieles se tomaron tan en serio el canje que por décadas se negaron a introducir a La Soledad en la catedral durante Semana Santa.
No fue sino hasta en el año 2006 cuando se rompió el encanto de la leyenda que aseguraba que los canónigos cerrarían con llave las puertas del templo catedralicio si La Soledad ingresaba en él, todo con el fin de recuperarla.
Lo que sí es real es que en cada procesión La Soledad es testigo de los cambios que sufre su barrio.
De lugar solitario pasó a convertirse en residencia de obreros y profesionales acomodados; de sitio de fábricas y paseo estudiantil, volvió a mutar para ser otro barrio abandonado de la capital.
Hoy La Soledad es el límite este-norte del proyecto “San José Posible”, que busca repoblar la capital y una de cuyas obras es el bulevar sobre la avenida 4.
FOTOS

Aunque Nuestra Señora de La Soledad (derecha) es la más venerada en este tradicional templo josefino, la titular es Nuestra Señora de La Asunción (izquierda). La Soledad fue tallada en Guatemala en 1858. Adriana Ovares

Su rostro expresa el dolor por la muerte de su hijo. Adriana Ovares

Los planos de la actual iglesia de La Soledad datan de 1851. Adriana Ovares
Su templo
1839. Se registra la existencia de un oratorio en la zona que actualmente ocupa la iglesia de La Soledad. El oratorio tenía un cuadro de la Virgen María entregado a la familia Pacheco en 1782 por parte de monseñor Estaban Lorenzo de Tristán, obispo de Nicaragua y Costa Rica.
1845. Comienza la construcción de un templo que sustituiría el oratorio. El maestro de obras Carlos Quesada Fernández avanzó con zócalos y paredes.
1851. Monseñor Anselmo Llorente y Lafuente, primer obispo de la diócesis de San José, encargó a Hugh G. Tonkin nuevos y mejores planos para la iglesia de La Soledad.
1858. María Soledad Esquivel compra la imagen que aún se sigue venerando en la iglesia de La Soledad. Posteriormente la donaría al Cabildo metropolitano y este, a su vez, la vendería a los fieles del barrio.
1880. La lenta construcción del templo se ve reflejada en la creación de una “junta de construcción de iglesia para la continuación del templo de Nuestra Señora de La Soledad, atendiendo la comunicación de los vecinos sobre el particular”, según documentos de la Vicaría Apostólica de San José.
1894. Ingresan al país “ladrillos de mármol y cimiento romano” para el inmueble.
1909. El 6 de enero se decreta la erección de la parroquia.
1934. El 27 de mayo se consagran sus cuatro campanas, importadas de Europa. Las torres originales se tuvieron que modificar para soportarlas. La construcción finalizó formalmente.
1999. El templo es declarado Patrimonio Nacional.
La imagen
Estilo sevillano
La imagen de La Soledad mide 130 centímetros de altura y fue tallada en madera.
“Su rostro es semiovalado con perfil recto, al mejor estilo sevillano. Su cabeza no tiene ningún tipo de gubiado pues está preparada para usar peluca”, explicó el investigador Mynor Esquivel.
Actualmente La Soledad tiene una cabellera artificial, pero durante muchos años su peluca era de cabello natural donado por miembros de su cofradía.
Sus ojos son de cristal importado color café oscuro. El trabajo en sus manos, uñas y pies es notable por su calidad.
Los colores actuales son los originales gracias a una restauración a la que la sometió el actual párroco de La Soledad, Bernardo Mora.
Su vestido fue confeccionado en pana alemana y terciopelo de seda y lleva un trato de orlas en hilo de oro. En el manto luce encaje de azálea tipo sevillano; con dos hiladas de rosa por ambos lados.
Además, cuenta con una corona de oro y brillantes, obra del artista Eduardo del Valle. La Soledad utiliza en su altar una corona por su título religioso de “reina universal”, pero carece de orla (especie de aura dorada) debido a que no es la imagen titular del templo.
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