LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 13 de julio de 2008

/OPINIÓN

Prof. Arturo Condo

Los precios de los alimentos

 Opciones estratégicas: innovación tecnológica y oportunidades para todos

Rector INCAE

Todos compartimos la preocupación por el dramático incremento del precio de los alimentos. Según datos de la FAO, el aumento de precios internacionales de alimentos en el último año ha sido de más del 50%. En el caso de los aceites vegetales, el aumento ha sido de casi el 100%. En Costa Rica, el incremento del costo de los alimentos para los 12 meses anteriores a abril de este año fue del 11%. Algunos productos como huevos, pastas y aceite aumentaron más de un 50%, y la harina de trigo, un 80%.

Causas. Es importante entender las diferentes causas de este fenómeno. La más comentada alrededor del mundo es la fabricación de biocombustibles. El aumento del precio del petróleo y sus derivados ha promovido el uso de una cantidad creciente de algunos commodities agrícolas para la producción de biocombustibles. Las políticas de algunos países han definido qué cultivos se dedican a esos fines y han acelerado este proceso. En el caso más cercano, los incentivos de EE. UU. han llevado a que una cuarta parte de su producción de maíz se destine a la producción de etanol, lo que disminuye su disponibilidad para el consumo humano. Esto tiene impacto mundial porque ese país es responsables de una tercera parte del comercio internacional de maíz. En el año 2007, el uso del grano para la producción de etanol superó por primera vez las exportaciones en una tendencia que parece aumentar, lo cual ha afectado en forma importante el precio internacional.

La producción de biocombustibles no es, sin embargo, la única causa del incremento de precios de los alimentos. Una de las más importantes es el crecimiento económico de países como India, China y, en general, la región del sudeste asiático, que representan casi la mitad de la población mundial. Por un lado, esto ha aumentado la demanda de alimentos en mercados internacionales con la consecuente presión sobre los precios; pero, además, el aumento del ingreso per cápita en esas poblaciones conlleva un incremento de la demanda por proteínas animales que requieren una mayor cantidad de granos básicos para su producción. El efecto compuesto es uno de los mayores determinantes del aumento de los precios y casi garantiza sus sostenibilidad. La FAO estima que en la próxima década los precios de los alimentos van a seguir subiendo o, en el mejor de los casos, se estabilizarán si se consigue subir la producción mundial.

El crecimiento económico de esas naciones tiene también un efecto indirecto debido al aumento de la demanda por energía y el consecuente aumento del precio del petróleo y de sus derivados, entre los que se incluyen numerosos insumos agrícolas, los que, a su vez, afectan los costos de producción de alimentos. El precio del petróleo afecta además el componente de transporte de los alimentos entre el lugar de producción y su destino de consumo.

A lo anterior hay que añadir dos factores adicionales. El cambio del clima alrededor del mundo ha afectado zonas productoras, lo cual afecta la oferta mundial disponible. Un ejemplo dramático es el caso de Australia que enfrenta en los últimos 25 meses una de los peores sequías de su historia la cual ha disminuido en casi 10% sus exportaciones agrícolas. Por último, la situación actual de los mercados de valores ha aumentado la inversión financiera encommodities transados internacionalmente, lo cual aumenta aún más la presión sobre los precios internacionales.

Soluciones. Ante el origen multidimensional y sostenido de la situación actual, es necesario articular iniciativas que consideren sus condiciones y tengan objetivos claros. A mi parecer, cualquier solución debe tener como objetivo fundamental la seguridad alimentaria de nuestra sociedad, entendida como la capacidad de satisfacer sus necesidades nutricionales de manera que se asegure su bienestar y salud. En los segmentos de menores ingresos, el problema tiene un impacto muy grande. Los costarricenses de menor ingreso dedican casi la mitad de sus gastos a la alimentación, mientras que los de mayor ingreso dedican solo el 20%. Para los primeros un aumento significativo de los precios disminuye en forma importante su capacidad de satisfacer otras necesidades, como la educación de los hijos, la vivienda y la salud. Esto se complica ante el aumento simultáneo de los gastos de transporte y puede derivar en un aumento de la población bajo la línea de pobreza

Lo más riesgoso en este momento es confundir la meta de seguridad alimentaria con el tema deautoabastecimiento , es decir, la capacidad de producir localmente una proporción importante de los alimentos que se consumen en una economía. Esta no es una distinción retórica o conceptual. Si se implementan políticas que aumenten la producción local, pero por las condiciones del mercado eso no se traduce en menores precios al consumidor, no se resolvería el problema de fondo. De hecho, la única forma en que un aumento de la producción local se traduzca en precios locales más bajos en un entorno de crecientes precios mundiales, es a través de prohibiciones a la exportación y controles de precios internos. En el pasado y en este momento, en diferentes países alrededor del mundo, esta combinación de medidas se ha traducido en desabastecimiento y la aparición de mercados negros, contrabando y corrupción. No es falta de patriotismo de los productores ni de los distribuidores de alimentos, ellos enfrentan costos más altos de sus insumos y de transporte. La confusión de estos objetivos pueden llevar a una profundización de la crisis y que las verdaderas soluciones tarden más en hacerse realidad, lo cual tendría un costo humano muy alto e inaceptable.

Una política solidaria. Ante el objetivo fundamental, la ayuda más clara en el corto plazo es proveer de medios para que las familias de bajos ingresos puedan satisfacer sus necesidades alimenticias. Esto requiere de una política solidaria de la que Costa Rica ha dado claras muestras en el pasado. También es posible revisar los costos de intermediación de muchos productos. En el caso de harina de maíz en México, por ejemplo, se ha encontrado que el precio al consumidor puede reducirse entre un 10% y 20% si se hacen más eficientes los canales de distribución y comercialización. En los pocos productos donde existen protecciones arancelarias importantes, estas podrían ser revisadas si llevaran a un disminución de los precios para los más pobres. Estas protecciones fueron implementadas para apoyar a productores locales en un mundo de bajos precios internacionales, muchas veces apoyados por subsidios distorsionantes en países ricos. Estas condiciones han cambiado, tal vez es el momento de revisar dichas medidas.

En el contexto actual, no hay que perder de vista que el aumento de los precios internacionales es una oportunidad que puede ser aprovechada por productores agrícolas que por definición están en las áreas rurales donde se concentra la mayor pobreza del país. Explotar las posibles oportunidades de negocios daría a estas poblaciones un mecanismo para aumentar sus ingresos y su bienestar.

A más largo plazo, me parece que existen dos prioridades estratégicas para Costa Rica. La primera es la innovación tecnológica que va a ser el pilar fundamental para resolver el problema alimentario mundial. Costa Rica debería estar entre los países que desarrollen soluciones tecnológicas de alta productividad, no solo subiendo la producción de alimentos por área cultivada, sino aumentando el contenido nutricional de distintos alimentos y desarrollando nuevos productos. La biodiversidad de este país debería ser una ventaja en este esfuerzo. La segunda prioridad a mediano y largo plazo es la que debería ser la prioridad de siempre. Esta y otras crisis se resolverán definitivamente en la medida en que TODOS los miembros de nuestra sociedad tengan oportunidades para un un ingreso mayor y las condiciones para que este se traduzca en bienestar sostenido, o sea, acceso al desarrollo.

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