Costa Rica, Jueves 28 de febrero de 2008

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Eduardo Arias Ayala

Pseudocientíficos modernos

 La ciencia, guiada por la ética, sí contribuye al bienestar humano

Médico psiquiatra

Hace pocas semanas, unos cuantos estudiantes y algunos profesores de la universidad romana La Sapienza protestaron contra la visita de Benedicto XVI a su campus. Alegaron que el Papa mostraba una postura conservadora, anticuada y obscurantista con respecto a temas como el aborto y la investigación de las células madre.

Parte de los motivos de la protesta se basó también en la afirmación que hiciera el Papa cuando advirtió sobre los poderes “seductores” de la ciencia que relegan la espiritualidad del hombre.

Poderes de la ciencia que ya habían seducido a muchos desde tiempo atrás. Basta recordar los estudios científicos en humanos de Mengele y sus colaboradores en los campos de exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Usando la ciencia como pretexto, llevó a cabo experimentos de inimaginable perversidad, exponiendo a torturas a cientos de personas. Para Mengele, la justificación de sus investigaciones fue el avance de la ciencia, buscando mejorar el futuro de la humanidad. La intervención de gente que no compartía esa visión de futuro logró acabar con esos experimentos. ¿Eran entonces obscurantistas y renegados contra el avance de la ciencia quienes se opusieron, y se siguen oponiendo, a ese tipo de “estudios humanos”? Obviamente no.

Cambios. Sin embargo, hoy los escenarios han cambiado y los campos de exterminio nazi se han transformando en clínicas de aborto, en laboratorios de estudios de embriones humanos y en hospitales practicantes de eutanasia para enfermos terminales, para ancianos y para neonatos con malformaciones congénitas. El poder de la seducción de la ciencia sigue ejerciéndose en algunos científicos y estudiantes universitarios.

La ciencia es un instrumento para el verdadero desarrollo humano cuando es conducida por la recta conciencia, por la ética. Bajo el binomio insustituible e inseparable entre ciencia y ética, los estudios científicos deben proteger, sobre cualquier razonamiento experimental, la dignidad y vida de todos los seres humanos, desde la concepción hasta la muerte natural.

Aferrándose a un ejercicio ético de su labor, las personas dedicadas a la ciencia experimental encontrarán grandes gratificaciones con su aporte al servicio de las necesidades primarias de los demás, aumentando el patrimonio común de toda humanidad.

Y así, en todos los campos del conocimiento, de las ciencias naturales, experimentales y sociales donde prime la ética, se contribuirá a obtener una sociedad pacífica, humanitaria y solidaria.

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