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Carl Schramm |
Falsas dicotomías
La capacidad empresarial y la sostenibilidad global se complementan
Carl Schramm es presidente y jefe ejecutivo de la Fundación Kauffman, Kansas City, Estados Unidos, y coautor de Good Capitalism, Bad Capitalism - and The Economics of Growth and Prosperity (Yale University Press, 2007)
Vivimos en una época cada vez más pesimista y en ninguna parte es más palpable que en el alarmismo sobre la globalización o el choque de civilizaciones. Aún peor, al apoderarse de nuestra manera de pensar, no permite una clara discusión de los retos que el mundo encara.
Sencillamente pregúntese: si la globalización y los cuestionamientos sobre la justicia económica local en realidad son el “megaculpable”, ¿cuál es la fuerza compensatoria que se puede aplicar por igual y en todas partes? ¿Hay tal vez una estrategia que satisfaga las necesidades de todas las partes en el plano local y que ayude a avanzar más allá de falsas dicotomías de protección contra ganancia, de incentivos contra bienestar o de local contra global?
Un enfoque, tipo láser, de este asunto tiene toda la importancia, dado que, a profundidad, virtualmente todo participante en el debate cae en la cuenta, en última instancia, de que mantener un rumbo de crecimiento sólido es la clave para garantizarse un mejor futuro. Al planear ese rumbo, una cosa es segura: la necesidad de las sociedades de permitir a sus ciudadanos el llevar una vida con sentido y productiva sólo ha aumentado.
Para muchos legisladores y defensores de políticas, la sostenibilidad –social, económica y ambiental– es la respuesta decisiva. Pero, como un santo grial, se mantiene esquiva. Luego, aparecen quienes apuestan a la capacidad empresarial. Argumentan que los seres humanos, desde hace mucho tiempo, han dedicado sus energías al comercio, combinando curiosidad y riesgo. En ese esfuerzo, los emprendedores han ayudado a acortar las distancias alrededor del mundo durante miles de años.
De la mano. Desde mi punto de vista, en vez de considerar la capacidad empresarial y la sostenibilidad como mutuamente excluyentes, es vital reconocer que van de la mano. El afán humano de crear, explorar y mejorar la suerte de uno en la vida es particularmente importante para nuestros tiempos. ¿Por qué? Debido a que tiene el potencial para ser una fuerza democratizadora y una herramienta clave para lograr la sostenibilidad alrededor del globo.
Facilitar empresas emprendedoras promueve la democracia porque altera el ordenamiento social: acaba con jerarquías y clases sociales atrincheradas que reprimen la competencia y se apoyan en favoritismos políticos. Lo que surge es una meritocracia que fortalece a la sociedad democrática.
Desde los visionarios comerciantes hasta el más humilde tendero, los emprendedores tienen éxito solamente hasta el grado que las innovaciones que traen al mercado ofrezcan una mejoría venerable y duradera en las vidas de sus clientes.
Con demasiada frecuencia, la capacidad empresarial se confunde con una crasa versión del capitalismo, pero es importante reconocer que no se trata –en primer y más importante lugar– de maximización de las ganancias.
Los emprendedores empresariales son innovadores que ayudan a crear la espina dorsal de la sociedad local. Son ellos los que adaptan las tecnologías existentes a los gustos y costos locales; los que crean y revolucionan servicios básicos; los que dan el empuje a la adaptación y el aprendizaje que permiten a las sociedades mantenerse dinámicas; y quienes asumen los riesgos necesarios para que las sociedades cosechen cualesquiera recompensas.
En el corazón. Ya sea en el caso de los pequeños negocios, que dan posibilidades a los pobres mediante la creación de empleo y el suministro de bienes, o el de las grandes empresas que reducen costos y fortalecen la economía nacional y global, el trabajo de los empresarios está en el corazón del desarrollo y la sostenibilidad económica y social, al tiempo que es un prerrequisito para cualquier estado de bienestar social.
Al dar poder a los pobres –creando riqueza y elevando los niveles de vida–, los emprendedores empresariales abren oportunidades para los recién llegados y llevan a la sociedad entera hacia un cambio social duradero.
Para que no lo olvidemos, a menudo, si no es que siempre, ha sido el dinamismo de los emprendedores empresariales lo que ha ayudado a las sociedades estancadas y moribundas a sobreponerse al maltrato político y a la supresión deliberada de la oportunidad económica.
Dada la multitud de presiones en la agenda global, junto con el asunto de recursos limitados y que disminuyen, también rápidamente se está poniendo en claro lo vital que son los empresarios “reales” en el camino a alcanzar sostenibilidad y progreso social en el Asia, Oriente Medio o África que están en desarrollo.
O tomemos el ambiente como otro ejemplo. Dadas las presiones ambientales muy bien definidas que encara la comunidad global, es evidente que las ganancias futuras se acumularán para aquellos que –utilizando su conocimiento, capital y sentido de toma de riesgos– desarrollen soluciones efectivas en cuanto a costos para lo que actualmente todavía parecen problemas desmandados.
Agentes claves. Las personas que tienen éxito en esa tarea son ampliamente aclamadas como agentes de cambio. De hecho, están propensos a ser los agentes de cambio claves de nuestra época.
En ambientes muy alejados de la esfera de los emprendedores empresariales, es sorprendente la forma en que la frase “agente de cambio” se ha convertido en algo de tanta honra, y no solo en la jerga de la actual campaña presidencial en Estados Unidos.
Mientras que el título se otorga gustosamente a algunos legisladores, y de manera más amplia a activistas sociales, rara vez se usa para describir a los emprendedores empresariales. Y, sin embargo, ambos tipos de innovadores comparten el deseo de crear un tipo de levantamiento y alteración que cambie la sociedad para mejorar.
Este es un momento muy oportuno para considerar a los emprendedores empresariales como los agentes de cambio por excelencia. Son una fuerza democratizadora global que todos deberían adoptar, y a la que deberían dar una cálida bienvenida.
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