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Página Quince. Thelmo Vargas |
¿Es seguro su asegurador?
Las pólizas son tan confiables como confiable es el asegurador
Economista
La regla de oro de los aseguradores es: “No ponga todos los huevos en una misma canasta”. Con apego estricto a ella pueden ofrecer rentablemente seguros de daños (transporte, automóviles, incendio) y de personas (pensiones, riesgos del trabajo, protección contra los efectos financieros de la muerte prematura: mejor conocida como seguro de vida). La “ley de los grandes números” y la “teoría de carteras” son parte del instrumental de trabajo cotidiano de los aseguradores. Una y otra destacan la enorme importancia que tiene el dotar de la mayor diversificación a sus carteras. También lo son el controlar el riesgo moral (posibilidad de que el asegurado se torne descuidado, o abusivo, una vez que toma el seguro) y la selección adversa (que solo demanden sus servicios los malos riesgos).
A cambio de primas recibidas con certeza, los aseguradores dan promesas de pago a futuro condicionadas a la ocurrencia de ciertos eventos. El seguro es tan confiable como confiable sea el asegurador. Este debe ser capaz de generar confianza intertemporal. Por eso apuesta al conservadurismo, cobra las primas que actuarialmente procedan y mantiene sus reservas técnicas inver- tidas en títulos de alta seguridad (AAA), no en acciones de discotecas. Hasta la vestimenta de los ejecutivos de las compañías debe ser conservadora. ¿Le entregaría usted una prima de ¢150.000 a un agente de traje color rojo, camisa celeste, corbata verde perico, zapatos blanco y negro?
Toda regla es violada. Hoy las noticias nos informan de un conjunto particular de compañías aseguradoras, conocidas como monolínea, pues se especializaron en dar garantías financieras, que no tuvieron cuidado en la apreciación y aceptación de riesgos (underwriting), metieron todos los huevos en una misma canasta... y perdieron. Y al perder también perdieron quienes en ellas confiaron.
Las compañías monolínea surgieron a mediados de la década de 1970 para asegurar contra el incumplimiento en el pago de principal e intereses de bonos municipales en Estados Unidos, que al ofrecer ventajas impositivas a los inversionistas locales los estimulaban a concentrar en ellos sus inversiones. El seguro que ofrecían compañías como ACA Capital y MBIA Inc resultaba atractivo para los municipios (porque podían colocar sus títulos de deuda a tasas de interés bajas) y a los inversionistas, porque daba “seguridad” a sus inversiones. En principio, los aseguradores podrían diversificar su cartera si cubrían exposiciones de diferentes municipios.
Confiabilidad dependiente. No obstante, las monolíneas extendieron su mercado a operaciones con garantía hipotecaria subnormal. El seguro de operaciones con garantía hipotecaria (CDO) subnormal estaba expuesto al riesgo “sistémico” de elevación de la tasa de interés y baja del precio de las viviendas, que se materializó hace poco causando pérdidas multimillonarias. Además, las aseguradoras monolínea no solo operaban con alto apalancamiento (típicamente los riesgos asumidos sobrepasaban 150 veces su capital), sino que lo hicieron en un entorno contaminado de riesgo moral, porque quienes –a cambio de jugosos honorarios– contribuían a estructurar los CDO y otorgaban buenas calificaciones a estos y a sus aseguradores. Muchas instituciones financieras no consideraron riesgosas sus inversiones en CDO, dado que estaban aseguradas, sin percatarse de que el negocio era tan seguro como fuera el subyacente, y las pólizas tan confiables como confiable fuera el asegurador. Cuando estos supuestos fallaron, las autoridades las obligaron a crear provisiones elevadísimas para cubrir pérdidas de sus inversiones, como si estas nunca hubieran contado con una póliza de seguro.
Pese a que en el largo plazo la prudencia premia, en el mundo financiero moderno la “creatividad” de algunos actores y la oferta de generosas bonificaciones por resultados inmediatos parecen haber inducido a muchos ejecutivos a cruzar la frontera de la prudencia. El enorme riesgo que caracterizó a los “vehículos financieros” garantizados con deuda subnormal, a las carteras de los aseguradores monolínea y otras experiencias preocupantes, como el sonado caso del banco francés Société Générale, en que un empleado escondió operaciones riesgosas que se tradujeron en una pérdida de 5.000 millones de euros, ha llevado a las autoridades reguladoras y supervisoras a revisar con cuidado las prácticas y la normativa de la administración del riesgo de los entes financieros supervisados. No es improbable que pronto se anuncie una cirugía mayor en esta materia y que hasta los supervisores reconozcan que también ellos fueron miopes.
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