Adolfo Constenla recibe el Aquileo Echeverría 2007
Libro sobre lengua de Térraba gana premio nacional de cultura
Estudio explicala pronunciación y gramática de lengua extinta en el 2003
Autor entrevistó a hablantes nativos de la reserva Térraba-Boruca
Don Ricardo Gómez, el último hablante fluido de la lengua de Térraba, murió en el 2003 en New Castle, Limón, diez años después de haber fallecido María Casiola Ortiz, la última mujer que dominaba ese idioma.
Ambos cargaron la responsabilidad de prolongar sus vidas en honor a una cultura y una lengua; quizá por eso, doña María casi alcanzó los 100 años de edad.
Afortunadamente, el filólogo y lingüista Adolfo Constenla pudo entrevistarlos antes de que muriesen y, basado en sus testimonios y en un estudio de varios años, escribió un esbozo fonológico y gramatical llamado La lengua de Térraba.
Por esta investigación, Constenla fue galardonado con el Premio Aquileo Echeverría 2007, en la categoría de “libro no ubicable”, en la última entrega de los Premios Nacionales de Cultura, en enero pasado.
“Por constituir un trabajo de importancia para la cultura de Costa Rica y por preservar el legado de un grupo marginado cuya lengua está casi extinta, se le concede el premio”, consigna el acta del Ministerio de Cultura y Juventud.
La obra está compuesta por dos partes: la primera describe un esbozo de la pronunciación y la gramática de la lengua de Térraba, mientras que la segunda incluye un diccionario térraba–castellano y castellano–térraba.
“Deseo proporcionar un documento que facilite un tratamiento general de la fonología y la morfosintaxis de una lengua en una situación de marcada oscuridad y próxima a la extinción”, comentó Constenla.
Vocación. Este catedrático de la Universidad de Costa Rica ha dedicado su vida al estudio de las lenguas indígenas: en 1975 terminó su tesis de licenciatura, La lengua guatusa: fonología, gramática y léxico y, en 1981 entregó su tesis doctoral Comparative Chibchan Phonology (Fonología chibchense comparada).
“El proyecto de La lengua de Térraba nació gracias a las entrevistas que me cedieron los informantes indígenas Gómez y Casiola entre 1973 y 1986”, afirmó el lingüista.
En su libro, Constenla explica que esas dos personas fueron los únicos hablantes fluidos de la lengua de Térraba (en el sentido de ser capaces de producir toda clase de enunciados en ella) que él ha podido conocer en sus muchos años de investigación.
Problema sin fin. Según un estudio publicado por la UNESCO en el 2002, las lenguas necesitan por lo menos 100.000 hablantes para sobrevivir. El mismo informe alerta que, de las 6.800 lenguas que aún existen en el planeta, la mitad de ellas son habladas por poblaciones menores a los 2.500 individuos. En la actualidad, el téribe panameño no supera los 3.000 hablantes, mientras que la variante tica desapareció en el 2003 con el señor Ricardo Gómez.
“Si una lengua no da ventajas, se muere; es necesario crear proyectos para que los niños indígenas se interesen por su idioma”, señaló el investigador.
Las lenguas, como los pueblos y los hombres, cumplen un ciclo. Sin embargo, aunque parte de ese ciclo sea su extinción, evolución o modificación, pocas veces se han sucedido estos procesos tan aceleradamente como en los últimos años.
“Mi obra solo vale en la medida en que haya en ella una representación adecuada de esas lenguas y culturas”, añadió el lingüista.
FOTOS

Adolfo Constenla ha trabajado durante más de 30 años en la investigación de las lenguas indígenas costarricenses. Francisco Rodríguez para LN.

El libro
Título La lengua de térraba
Autor Adolfo Constenla Umaña
Editorial Universidad de Costa Rica
Páginas 283
En Costa Rica
Historia de una lengua extinta
Todas las lenguas indígenas de Costa Rica, con excepción del chorotega, comparten un antepasado común: el protochibcha (similar al indoeuropeo para el castellano) que se habló desde Colombia hasta Nicaragua hace unos 6.000 años. Antes del siglo XVII no se hablaba la lengua que se conoce como “térraba”. El idioma de térraba llegó a Costa Rica con las migraciones de indígenas panameños que se instalaron en el sudoeste del país, y que hablaban una lengua conocida como naso. El naso, llamado por sus nativos Brörán qu’ercu (lengua de Térraba), sufrió dos variaciones: el térraba de Costa Rica y el téribe de Panamá. En Costa Rica se afincó en el cantón de Buenos Aires de la provincia de Puntarenas, y en Panamá lo hizo en Bocas del Toro.
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