La crisis crediticia
Avería en el motor financiero
Mientras los problemas se extienden de Wall Street a las calles del país, la crisis crediticia estadounidense tiene más visos de empeorar que de mejorar
Cuando un Boeing 777 de British Airways hizo un aterrizaje forzoso poco antes de tocar la pista del Aeropuerto de Heathrow, en Londres, hace unas semanas, se produjo un encendido debate respecto a las razones por las que las dos turbinas de la nave perdieron potencia al mismo tiempo. La gente bien se podría preguntar lo mismo acerca de los dos motores del sistema crediticio estadounidense –los mercados de capital y los bancos–, cuya caída simultánea ha llevado al país a las proximidades de la recesión sino es que a ella propiamente.
El grado de las congojas económicas de los estadounidenses fue subrayado el 5 de febrero, cuando señales de la abrupta contracción de las industrias de los servicios en enero ayudó a bajar el índice del mercado bursátil S&P 500 en 3,2%, la peor caída en un día en casi un año. El día anterior, la Reserva Federal publicó su encuesta trimestral de funcionarios bancarios encargados de préstamos más reciente, la cual mostraba que la crisis crediticia estaba empeorando aún más(ver el gráfico La amenaza de los préstamos) . Según la FED, un buen número de bancos había impuesto normas de préstamos más estrictas y tasas más altas para los préstamos desde la encuesta anterior, hecha en octubre.
Aunque los banqueros siempre se vuelven más tacaños cuando la situación empeora, la FED hizo notar que muchos bancos dijeron que también habían reducido los préstamos debido a un bajón en el capital y liquidez actuales o esperados. De eso, es culpa de los mercados de deuda para compras apalancadas (LBO) y complejos valores hipotecarios. Es culpa, también, del estado de negocios tan básicos como préstamos para consumo y propiedades comerciales, que están abriendo nuevos agujeros en los libros de los bancos.
Las esperanzas de que el motor apagado de los mercados de capital vuelva a rugir a principios del 2008 han sido borradas por las desalentadoras noticias procedentes de, entre otras áreas, las LBO. Hasta hace poco, los bancos habían prestado alegremente para financiar gigantescos tratos de capitales propios privados y después descargar toda la deuda o parte de ella en un mercado secundario profundo y líquido. A menudo aceptaban chuecos acuerdos de préstamo que ofrecían escasa protección contra la mora. Ahora, cuando la recesión se asoma, el número de prestatarios morosos de estos préstamos casi necesariamente va a aumentar. El apetito para deuda LBO se ha extinguido, conforme un grupo de bancos descubrió esta semana cuando fracasaron en hacer una operación conjunta por $14.000 millones de deuda usada para pagar por Harrah’s Entertainment, con sede en Las Vegas.
Este tropiezo significa que otros grandes negocios, tales como la venta de $15.000 millones de deuda ligada a la compra total de Clear Channel Communications están ahora en peligro. Eso podría dejar a los bancos ahogándose en una superabundancia de préstamos cuyo valor disminuye rápidamente. Según LCD, una agencia calificadora de Standard & Poor, aún préstamos apalancados relativamente líquidos se están negociando a escasamente 88 centavos por dólar, comparado con el valor nominal a mediados del año pasado(ver gráfico Pérdida del valor nominal) . Algunos préstamos grandes conjuntos del año pasado, tales como los usados en la compra total de First Data Corp por $29.000 millones, también se están negociando con grandes descuentos del valor nominal, lo que va a echar aún más atrás a los inversionistas potenciales.
Métalo en su “tubería”. ¿Con cuánta de esta deuda no deseada van a quedar amarrados los bancos? S&P LCD calcula que $148.000 millones de deudas LBO están en la “tubería” conjunta –en referencia a aquellas suscripciones que la SEC debe completar antes de que el producto se pueda ofrecer en venta al público– y que la mayor parte pertenece a los bancos, más otros $64.000 millones en bonos de alto rendimiento. Si no están dispuestos a aceptar precios de remate, puede que los banqueros tengan que aumentar sus previsiones contra la deuda que conservan. “Este seguidor zombi va a preocupar a los mercados durante un tiempo”, dice Mark Howard, director de análisis de crédito en Barclays Capital.
Otra fuente de problemas es el moribundo mercado para valores respaldados por hipotecas y el de obligaciones de deuda colateral (CDO), que se respaldan con tales valores. El 30 de enero, S&P bajó o amenazó con bajar la calificación de más de 8.000 bonos y CDOs, haciendo notar que las pérdidas de las instituciones financieras enlazadas con ellas podrían más que duplicarse para alcanzar la alucinante cifra de $265.000 millones.
A esto hay que agregar la factura potencial por la debacle de las aseguradoras de bonosmonoline (compañías catalogadas como triple A que garantizan el pago de intereses y principal de un bono y operan solo en esa línea de aseguramiento) . Los bancos compraron protección para derivados de crédito de lasmonoline en la forma de cambios por mora de crédito. Pero la base de capital de las aseguradoras es ahora tan débil que podrían ser incapaces de pagar cualesquiera reclamaciones. El 6 de febrero, MBIA, una de las aseguradoras más grandes, anunció que recaudaría otros $750 millones por medio de una emisión de valores para tratar de conservar su excelente calificación de crédito.
Eso deja a los bancos encarando otro golpe potencial, cuyo tamaño es bastante difícil de calcular debido a que los bancos usan diferentes enfoques para asignar valores a sus coberturas. Pero en el peor caso imaginable, la bancarrota de todas lasmonoline , Matt King, un analista de Citigroup, estima que la cuenta total alcanzaría $34.000 millones.
Hasta aquí, la crisis del crédito se ha visto como un fenómeno de Wall Street, lo que es comprensible por las cantidades descomunales que los grandes bancos han malgastado. Pero también se está convirtiendo en un asunto de cualquier calle principal en los Estados Unidos. “Reguladores y banqueros deberían estar formando equipo ahora para examinar los próximos niveles descendentes en el sistema”, dice Michael Poulos de Oliver Wyman, una firma consultora.
Tiene razón. Por un lado, el impacto de elusivas deudas ligadas consubprime se está percibiendo más allá de los grandes bancos: el 5 de febrero, el US Central Federal Credit Union, con sede en Kansas, que es un último recurso para los bancos cooperativos del país, perdió su calificación AAA de S&P debido a la caída en el precio de sus valores hipotecarios. Por otro, los negocios de préstamos a consumidores y por propiedad comercial de muchos bancos han sido afectados por la desaceleración.
Sorprendentemente, la encuesta de funcionarios de préstamos de la FED mostró que el 70% de los encuestados esperaba que la calidad de sus tarjetas de crédito y otros portafolios de préstamos a consumidores empeoraran. Algunas firmas ya están sintiendo la estrechez: la ganancia del cuarto trimestre de Wachovia, un gran banco regional con sede en Carolina del Norte, disminuyó a solamente $51 millones, en comparación con $2.300 millones en el mismo período en el 2006, en parte debido al marcado aumento de las pérdidas en propiedad residencial y préstamos para autos. Las acciones de algunas compañías de tarjetas de crédito cayeron esta semana, después de que analistas de UBS le dijeron a los inversionistas que vendieran sus participaciones en American Express, Capital One y Discover.
Pronto en un banco cercano… La propiedad comercial es un dolor de cabeza aún más grande. Cierto, también lo es para lo mejor de Wall Street: por ejemplo, Deutsche Bank tuvo recientemente que tomar algunos edificios en Manhattan que pertenecían a Harry Macklowe, un conocido promotor inmobiliario, quien no logró refinanciar $7.000 millones a corto plazo que se emplearon para pagarlos. Pero la historia de las propiedades tiene un giro exclusivamente preocupante para los bancos en todos los Estados Unidos.
Eso se debe a que, además de ofrecer hipotecas comerciales, los bancos regionales y locales también hacen gran cantidad de “préstamos para construcción” a los constructores de centros comerciales, condominios y otras propiedades. Un negocio que los grandes bancos de inversiones prácticamente ignoraron, el crédito para construcción fue extremadamente rentable durante el auge de las propiedades, pero ahora un número creciente de esos préstamos se está agriando debido al descalabro. Coros Bankshares, con sede en Chicago, reportó recientemente que sus ganancias del cuarto trimestre prácticamente fueron barridas por una previsión grande para los préstamos para construcción.
Los reguladores se están poniendo nerviosos. En un discurso ante banqueros de la Florida a finales de enero, John Dugan, el Contralor de la Moneda, hizo notar que más de un tercio de los bancos comunitarios de los Estados Unidos –y más de tres quintos de los de Florida– tienen préstamos por propiedad comercial que equivalen a más de tres veces su capital. Y continuó con una predicción de aumento en las reservas por pérdidas en préstamos y en fracasos bancarios. ¿Qué tan mal se pueden poner las cosas? Gerard Cassidy, de RBC Capital Markets estima que entre 50 y 150 bancos con activos de hasta unos $2.000 millones cada uno podrían fracasar en el curso de los próximos dos años, la tasa más alta desde la crisis de ahorro y préstamo de finales de la década de 1980.
Con todo lo doloroso que eso pueda resultar, una constricción más general del crédito –si las bases de capital de los bancos fueran socavadas por previsiones crecientes y ganancias declinantes– sería peor. Esta preocupación ayuda a explicar la prontitud reciente de la FED para reducir las tasas de interés. Pero dado los complicados problemas de los motores del crédito de Estados Unidos, puede que se necesite más que una inyección de combustible monetario para que vuelvan a ronronear.
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