Costa Rica, Domingo 3 de febrero de 2008

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Cuatro de cada diez llegan a los 30 años sin tener bebé

Mujeres con educación superior retrasan más la maternidad

 Adultas jóvenes buscan “condiciones mínimas” en su vida antes de embarazo

 Al contrario, 55% de las adolescentes que no van al colegio se embarazan

Andrea Vásquez R. | avasquez@nacion.com

Paula Barrionuevo, diseñadora de modas, tiene 34 años de edad y cuatro meses de embarazo. El bebé vino por sorpresa: ella y su esposo lo esperaban hasta el 2009.

Barrionuevo representa cada vez menos una excepción; por el contrario, es de un grupo creciente de mujeres con estudios superiores que decide posponer su maternidad para después de los 30 años, según el Centro Centroamericano de Población (CCP).

Históricamente, más del 80% de las costarricenses ya eran mamás al cumplir sus 30 años. Por ejemplo, en 1980, 86 de cada 100 ticas tenían al menos un hijo a esa edad.

Esa tendencia se mantuvo hasta 1994, año en el que 81% de las mujeres eran madres en el momento de entrar en su tercera década de vida.

Sin embargo, la tendencia en el retraso de la maternidad se intensificó a partir del 2000: ya para el 2006 había 64 mamás por cada centena de treintañeras.

Con estudios superiores. En esta tendencia se señala como protagonistas a las mujeres que han cursado estudios universitarios.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en el 2000, la mitad de las mujeres con estudios no había tenido niños a sus 28 años.

Al contrario, 86% de las mujeres de esa misma edad pero que contaban solamente con estudios primarios habían entrado a la maternidad para el año 2000.

De la misma manera, ocho de cada diez jóvenes que tenían solo secundaria habían tenido al menos un hijo en el mismo período.

“En el grupo de jóvenes sin estudios secundarios, el porcentaje de muchachas de 20 años que ya habían tenido hijos era de un 52% en 1984; es decir, la mitad de las que no entran a la secundaria se embarazan en la adolescencia”, afirmó Luis Rosero, demógrafo y director del CCP.

Según Rosero, el porcentaje de estas jóvenes que se convertían en mamás aumentó a 55%, de acuerdo con los datos del censo del 2000.

Un factor crucial en la caída de la maternidad, explica Rosero, se encuentra en el número de mujeres con educación superior, el cual aumentó de un 14% a un 19% entre 1984 y el 2000. El porcentaje de mujeres con estudios primarios o secundarios, en cambio, no creció.

A pesar de que la caída de la maternidad influye en el descenso de la tasa global de fecundidad, Rosero comentó que el factor determinante en la baja tasa de fecundidad del país (1,9) es la reducción del número de hijos por mujer.

Razones múltiples. Cuando Paula Barrionuevo vio que la prueba de embarazo salió positiva pensó en todo: “Pensé en que había que acomodar un cuarto (para el bebé), en cuánto costaba un parto y con cuál ginecólogo me iba a matricular. Estoy segura de que que mi esposo solo pensó: ‘¡Yupi!’”.

El nacimiento de los hijos suele implicar mayores demandas para las mamás que para los papás.

“Las mujeres posponen su maternidad porque la sociedad no tiene las condiciones para cumplir con su proyecto de vida al mismo tiempo que se es mamá”, señaló Lorena Flores, encargada del área de construcción de identidades y proyectos de vida del Inamu.

Ana Elena Badilla, especialista en género, señaló que si bien el posponer la maternidad promueve el desarrollo de las mujeres, es fundamental crear conciencia en que el cuido de los niños debe ser una responsabilidad compartida por el Estado, las empresas y los padres.

“En el caso de las adolescentes, no es que ellas dejen de estudiar porque se embarazan; es lo contrario. Al dejar de estudiar las jóvenes buscan un proyecto de vida compensatorio: la maternidad”, manifestó Flores con respecto a los embarazos adolescentes en mujeres con baja escolaridad.

Una investigación que el CCP realiza en Latinoamérica, señala, preliminarmente, que las mujeres necesitan contar con un mínimo de condiciones para entrar en la maternidad, como tener cierto ingresos económico.

“Además, es responsabilidad de las mujeres encontrar un buen papá para sus hijos”, añadió Barrionuevo, como una razón más para retrasar un embarazo.

Aunque tanto la madre como su hijo pueden lograr mejores condiciones de vida al retrasar un embarazo, desde el punto de vista médico existen peligros.

De acuerdo con Danilo Medina, jefe de ginecología del hospital Calderón Guardia, los riesgos se duplican tanto para la madre como para el feto luego de los 35 años, y se cuadriplican después de los 40.

Sin embargo, el médico explicó que es muy probable que la madre goce de un embarazo normal si lleva un estilo de vida saludable.

La “segunda revolución reproductiva” –como le ha llamado Rosero al retraso de la maternidad–, es consecuencia de un cambio en los valores sociales, como el auge de la realización profesional.

A Paula Barrionuevo también le cruzó otro pensamiento por la cabeza al saber que estaba embarazada: “Tengo todavía seis meses para trabajar con toda intensidad”.

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Barrionuevo está embarazada por primera vez a sus 34 años. Dice que quiere tres niños. alejandro sandino para ln

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