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César Monge C. |
La Tremenda Corte
Ingeniero
Cuando se oía “El tremendo juez, de la Tremenda Corte, va a resolver un tremeeendo caso”, uno sabía qué esperar. Trespatines, con risibles excusas para disfrazar de honradez sus delitos, y un juez sólido como la roca que siempre mandaba el culpable… ¡a la reja! Era tan simple. Al final se sabía quién era el abusivo, quién la víctima y que del juez nadie se burla.
Acá tenemos un sistema judicial en el que todavía confiamos, que diferencia malos de buenos casi siempre, salvo en extrañas excepciones, como tres casos recientes, unas joyitas. Tres tremendos jueces al parecer sufren como el Quijote, locura temporal de tanto leer libros legales, al punto de perder el sentido común.
Prohibición de papel. En Osa la Policía atrapa ocho narcos con las manos en la masa: unos 900 kilos de coca. El caso es pan comido, hay carretilladas de evidencia. Todo va bien hasta noviembre. El tremendo juez dicta medida cautelar: que firmen cada 15 días y no salgan del país. Especialistas en traspasar fronteras sin ser descubiertos, curiosamente firmaron una que otra vez y ahora no aparecen. ¿Cómo es posible, si un papel se lo tenía prohibido? ¡Zafis!
Junio. Narcos inocentes porque la evidencia de que escondían droga en macetas, enviada por la policía de Holanda, venía obviamente en holandés. No hay traducción al español, no es prueba válida, hombres libres. Noviembre. Despiden a un juez nicoyano que, luego de enamorarse de un acusado, destruyó evidencia en su contra, como un cariñito. ¡Cosa más grande la vida, chico!
No veremos el día en que la Fiscalía traiga a los implicados en este “estupidicidio” a ser procesados por obstrucción de la justicia, o peor aún, complicidad en la fuga y, ¿por qué no?, asociación con el narcotráfico. Desde luego, debe haber algún inciso 32-bis, sección w, artículo 9999 del Código Procesal Penal donde los jueces concluyan que se actuó legalmente, aunque moralmente haya sido un ridículo.
Tentador peligro. Por eso no extraña que una comunidad organizada contra el hampa sorprenda a un ladrón in fraganti, lo agarre de piñata amarrado a un poste y después llame a la patrulla. Es muy tentador dictar justicia pronta y cumplida a garrotazos. Lo peligroso es que, si se les va la mano, podrían castigar el hurto con pena de muerte.
“Póngase 20 pesos de multa, secretario”. La Justicia debe ser ciega, no tonta. ¿Puede hacer algo la Defensoría de los Habitantes, Fiscalía o Sala Cuarta? ¿No deberían pagar estos jueces por la injusticia que hacen a las víctimas? ¿Indemnizar por los daños? ¿Cuánta frustración sienten los policías y fiscales involucrados en los casos?
¡Venga la sentencia! Ya sea que los jueces perdieron el juicio o les pagaron millones. Así sea justicia ciega de amor o que los delitos no importen. Para que jueguen de nuevo a policías y ladrones, 30 días de castigo, los enviamos al kindergarten.
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