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Página QuinceAlberto Salom |
Diputado PAC
Un miércoles de octubre en una de esas mañanas frías y todavía lluviosas, acepté una invitación que me formularon profesores y estudiantes del Colegio María Inmaculada de Moravia, para que les diera mi punto de vista sobre el tema de la explotación minera a cielo abierto en Las Crucitas.
Es la segunda vez que visito este centro de enseñanza en mi condición de diputado, ya que durante los días en que se discutía el TLC entre los países de Centroamérica y Los Estados Unidos, fui a brindar mi punto de vista al respecto. El colegio María Inmaculada de Moravia es un formidable centro de estudios, de carácter semi privado, y como tal, por cierto, una buena vitrina de exposición de esta modalidad de enseñanza hoy objeto de controversia.
Enseñanza semiprivada. Si todos los colegios semi privados forman a los estudiantes como lo hace el María Inmaculada de Moravia, los resultados deben ser halagüeños y valdría mucho la pena mantener esa modalidad de enseñanza con algunas modificaciones. La modalidad semiprivada es un tripartismo en el que una congregación religiosa (no necesariamente tiene que ser así), los padres de familia y el Estado aportan los recursos para su sostenimiento.
Hasta ahora las congregaciones han puesto la infraestructura educativa y mantienen la potestad en el nombramiento de los profesores (punto polémico); mientras tanto el Estado paga los salarios, los cuales no exceden el monto que reciben los maestros y profesores de cualquier colegio público. Mi sugerencia, encaminada a subsanar el diferendo, con tal de que se mantenga esta modalidad de estudios que juzgo provechosa para el país, es que los centros de enseñanza se comprometan a mantener un nivel mínimo de estudiantes becados (¿no menor al 20%?), a fin de entregar a la sociedad un aporte social relevante.
El diálogo con los estudiantes, tanto en la primera ocasión como en esta segunda oportunidad, fue intenso y de mucho respeto. Me sorprendió la madurez y solidez con que argumentaron sus posiciones, no necesariamente coincidentes con las mías. Sin embargo, siempre hubo deseo de intercambio y sed de conocimiento. ¿Qué más puede pedir uno de un estudiante de nivel medio, en este caso ya graduandos? ¿Qué sugiere usted, don Alberto, inquirieron Carlos Brenes Conde, el presidente del gobierno estudiantil, y Francisco Jiménez Solano, como alternativa a la explotación minera en Las Crucitas para familias pobres que carecen hasta el día de hoy de otra alternativa de empleo? Todo un cuestionamiento, agudo, desgarrador y de gran calado.
Mi respuesta no se hizo esperar, pero es de difícil comprensión, porque requiere de tiempo y apoyo del Estado: las lapas verdes, el almendro amarillo del cual estas se alimentan, y otras especies de flora y fauna en la zona hoy en serio peligro de extinción, podrían ser aprovechadas para atraer turismo ecológico, bajo una modalidad de trabajo de pequeños y medianos empresarios. Se requiere entender que se trata de una propuesta de desarrollo diferente. Es una opción para una modalidad de progreso sostenible en el tiempo, que tiene mucho más sentido en la región.
Falsa solución. En cambio, postulé, la explotación minera a cielo abierto en manos de una empresa extranjera de capital canadiense nos aboca a una falsa solución; ya que aquí se paga un canon de solo un 2% sobre las ventas brutas, frente al 30% en los países desarrollados. Además, tal explotación produce una gran devastación sobre un amplio territorio.
Las utilidades migran, las especies nativas de flora y fauna desaparecen en poco tiempo, y el trabajo puede resultar extorsivo y de dudosos beneficios, tan solo temporales, para la gente del lugar. Carolina Rodríguez, Dayan Desanti, Gabriel Chaves y Kevin Delgado, recuerdo entre otros, a estudiantes que me formularon disyuntivas y preguntas de semejante hondura que la anterior.
De pronto me vi sumergido en el esplendor de una discusión profunda y provechosa, como las que solía experimentar en mi condición de profesor con mis estudiantes de nivel universitario en la UNA. El diálogo respetuoso, la madurez, profundidad y el trato amable de estudiantes y profesores, me hace pensar en la importancia que tiene para Costa Rica conservar esta modalidad semi- privada de enseñanza.
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