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Óscar Álvarez |
Politólogo
El régimen que mejor anula las libertades básicas es el régimen totalitario, no importa que se autoproclame de derecha o de izquierda. Entre los totalitarismos más clásicos del siglo XX siempre se menciona al Nacional Socialismo Alemán y al Socialismo Soviético.
En el régimen totalitario, el poder del estado no tiene límites y llega a asfixiar y anular las libertades de los ciudadanos. Limitar el poder del estado, garantizando un espacio para el ejercicio de las libertades, es lo mismo que luchar contra el totalitarismo.
Libertad y valores. La libertad es el principio más importante de la dignidad humana, pero no el único. Debe balancearse con otros principios y valores de la convivencia humana. Sin libertad no puede haber justicia y sin justicia no existe verdadera libertad. Como escribió el filósofo alemán Immanuel Kant, “el Estado ha cumplido sus fines cuando ha asegurado la libertad de todos”.
El ejercicio de la libertad implica responsabilidades, con uno mismo, con los demás, tanto los que viven ahora como las futuras generaciones. La libertad es inseparable de la responsabilidad.
Mi libertad individual no es absoluta pues está limitada por mis acciones pasadas, así como por la libertad que tienen los otros que viven conmigo en sociedad. En una comunidad de seres libres e iguales en derechos y obligaciones, mi libertad termina donde empieza la de los demás.
La libertad individual absoluta termina en la anarquía o en la dictadura o tal vez primero en la anarquía y después en la dictadura.
Esa relación compleja entre mi libertad y la libertad de los otros se regula a través de la ley, del Estado de derecho. Sin embargo, el Estado de derecho ha de ser fiel al derecho natural y a los derechos humanos fundamentales.
Un orden que garantice y promueva la libertad de creación de riqueza es esencial para que la comunidad pueda avanzar hacia niveles superiores de desarrollo humano, tanto económico y social, como espiritual y cultural. El ejercicio de la libertad debe realizarse con responsabilidad. Los derechos implican deberes. Cada derecho humano tiene como contraparte una obligación. Cada libertad implica, también, una responsabilidad.
La libertad debe estar balanceada por la responsabilidad social empresarial y ecológica a través del estado de derecho. La libertad no puede entenderse como una vía libre para contaminar, destruir el planeta y aumentar el calentamiento global.
Democracia y libertad. El respeto a las libertades humanas solo puede lograrse en una verdadera democracia. Dijo un prócer latinoamericano: “El día que nos den a escoger entre la libertad y el pan, nos quedaremos con la libertad para seguir luchando por el pan”.
La verdadera democracia es inseparable de la libertad política que hace posible la expresión de la voluntad de la mayoría a través de elecciones libres y justas.
La democracia es el gobierno representativo de la mayoría del pueblo con respeto a los derechos y libertades fundamentales de todos, incluso, los de la minoría. Sin elecciones libres y justas no hay libertad, ni democracia.
Los partidos políticos son necesarios en la práctica de la democracia y de la libertad política. Sin partidos políticos no hay democracia.
Los partidos políticos son los grandes actores de las elecciones libres. Quienes pregonan la destrucción de los partidos políticos, pregonan el surgimiento de los cesarismos autoritarios, es decir el fin de la libertad política.
Pero los partidos políticos tienen el deber de cambiar para ser cada vez más actualizados, fuertes, democráticos e institucionalizados. Porque, como escribió Gutenberg Martínez, “la democracia necesita de un sistema de partidos que funcione, y que funcione bien”, si es que pretendemos una sana gobernabilidad democrática que nos deje avanzar hacia el desarrollo.
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