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Costa Rica, Sábado 20 de diciembre de 2008

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Página Quince

Enrique Vargas

Fecundación in vitro y desarrollo

 La vida humana es un continuo y cada una de sus etapas es el eje de la siguiente

Abogado

En entrevista de La Nación del 10 de octubre, un médico hace una caricatura de la medicina al afirmar que la fecundación in vitro puede realizarse a la “tica”. Hace algunos años un avión de Lacsa se accidentó porque dos acomodadores habían distribuido las valijas a la “tica”. Esa chapucería le impidió elevarse y siguió directo en la pista. No se incendió ni hubo muertos ni heridos gracias a la pericia del piloto, quien no hizo las maniobras conforme a esa misma irresponsabilidad. Y en un tema tan serio como la vida humana, manifiestan los especialistas que no existe una técnica médica para practicar esta fecundación partiendo de un solo embrión humano.

Práctica riesgosa. Hacerlo a la “tica” es correrse el riesgo de que la criatura nazca o desarrolle posteriormente algún defecto, y es tirar los embriones sobrantes, portadores de vida humana, al tarro de la basura. Es igualmente irresponsable esta otra afirmación del mismo médico: “Por lo menos con esto hay algo que ofrecerle a la gente. Hoy en día no hay qué ofrecerle”. Se envalentona porque el Tribunal Superior Segundo de lo Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda emitió un fallo que declara admisible la fecundación in vitro. Sin embargo, un juez superior salvó el voto y declaró el asunto inconstitucional por causa de oponerse a la Constitución Política, que declara en el artículo 21: “La vida humana es inviolable”.

En el año 2000 el precitado galeno perdió el juicio ante la Sala Constitucional, pero ahora el referido Tribunal, extrañamente, lo nombró perito para que lo asesorara. Tres profesionales presentaron un recurso de coadyuvancia contra tan permisiva sentencia.

Ansiosos como están algunos por legalizar el aborto, y de quedar firme ese fallo, tal legalización caería por su propio peso, pues la fecundación in vitro desecha 19 embriones, que ya son vida humana, para implantar uno. Es decir, con-lleva el aborto. Al respecto, investigaciones sostienen que las píldoras del “día después” son microabortivas porque, una vez fecundado el óvulo, la píldora impide la implantación en el endometrio e interrumpe el continuo de la vida.

Este efecto antiimplantatorio lo reconoce la prestigiosa FDA de los Estados Unidos, que lleva un estricto control de las drogas. También así lo declaran Francia, Brasil, Chile y Nueva Zelanda. La Asociación Demográfica Costarricense afirma lo contrario. Dice su presidente: “No hay evidencia científica de que la AE inhiba la implantación del óvulo fecundado en el endometrio” ( La Nación , Foro, 10/11/08). La AE se refiere a la anticoncepción de emergencia o “píldora del día después”. Por cierto, jóvenes funcionarios de esta agencia anticonceptiva aparentan desconocer su historial, que data de 1966, y, por tanto, ocultan la verdadera identidad institucional.

La vida humana es un continuo y cada una de sus etapas es el eje de la siguiente. Es un todo único. Aristóteles, precursor del pensamiento filosófico y científico, diría que el embrión humano es una persona en potencia, como lo es un huevo “empollado”.

Por lo mismo, sería incapaz de apoyar un microaborto o de sacarle a la gallina ese huevo para evitar su incubación. Sin embargo, como el hombre se ha vuelto autosuficiente, se cree autorizado para transformar la realidad a su antojo y para rechazar a quienes critiquen los descubrimientos científicos y sus aplicaciones sin limitaciones éticas.

Por razón de esa autosuficiencia estamos sufriendo este desastre económico mundial, con ejecutivos que ganaban un bono anual hasta de 70 millones de dólares. Con el negocio de las pastillas microabortivas, las multinacionales están haciendo el negocio tipo Wall Street, y continúa la explotación inicua de la mujer, disminuida en su condición de persona. Así empezó Hitler y mató cruelmente a 6 millones de judíos, 400.000 gitanos, negros y homosexuales. A Obama, coronación del antirracismo norte- americano, también lo hubiera eliminado, en su absurdo pretexto de purificar la raza aria.

Falta de seriedad. Asimismo, defender como verdadera la cifra de 27.000 abortos ilegales por año en Costa Rica, sin base estadística científica demostrable, es nada serio. Esto ya lo hacía Nathanson en Nueva York, llamado, “el rey del aborto”. Es más, cuenta en su libro: “Nuestra línea de conducta favorita era achacar a la Iglesia cada muerte producida por abortos caseros” (La Mano de Dios, p. 112). Ahora es un gran defensor de la vida. Cuenta que dirigía “la mayor clínica de abortos del mundo occidental”, denominada “Centro de Salud Reproductiva y Sexual”. Practicaban 120 abortos por día. Según los citados 27.000 ilegales, en Costa Rica se practicarían 73 por día. Afirma Nathanson que en el período 70-79 había “3.000 clínicas abortistas” en Estados Unidos, y dice haber practicado “30 millones de abortos”. Su .entro cobraba $1.500 por operación; pero a un promedio de $1.000, el negocio les produjo 30.000 millones de dólares. Aquí no sabremos la verdad de cuándo comenzaron estos 27.000 por año. Y la oposición a esta malpraxis no es nunca un prejuicio religioso, como quieren hacerlo creer.

En cambio, es más que un prejuicio contra la vida la campaña a favor del aborto. Ya decía Einstein que es más fácil dividir el átomo que destruir un prejuicio. El de la vida humana y su comienzo es una realidad eminentemente científica. Son sorprendentes los descubrimientos de la doctora. española Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y especialista en la tolerancia inmunológica del embarazo. Sus investigaciones parten del óvulo recién fecundado.

Igualmente sorprendente es que, en vez del 2,1% del crecimiento demográfico mínimo recomendado por los demógrafos para reponer la población fallecida, este mínimo en nuestro país está en 1,30. El dato del 2007 fue suministrado por el Instituto de Estadística y Censos. O sea que, al disminuir la población activa, la restante no producirá los recursos económicos necesarios para pagar sueldos y pensiones, se cerrarán escuelas y colegios, centros de salud, agencias bancarias y empresas, y se frenará drásticamente el desarrollo del país.

Señores diputados, jueces y gobernantes, si quieren defender la vida, emitan las leyes, sentencias y decretos para el progreso social de Costa Rica.

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