LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 14 de diciembre de 2008

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Polígono

Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

Testaferros

químico

Un personaje alajuelense, apodado Camote y a quien no veía desde hacía mucho, se me apareció un día de estos en una soda de Montes de Oca y, advirtiendo mi sorpresa, se apresuró a explicarme que su presencia en aquel cantón obedecía a su interés en matricularse en un curso de tejidos en macramé abierto, para ciudadanos de la tercera edad, por una reconocida academia. Un largo resfrío le había afectado la garganta y solo alcanzaba a expresarse mediante susurros casi inaudibles, razón por la que prefería, según me dijo, moverse de una provincia a otra cargando una abultada valija de la que, tan pronto como me acerqué a saludarlo, empezó a sacar la parafernalia necesaria para instalar un equipo completo de –así lo llamó él– vidiobín . “No puedo hablar y, en vez de hacerte un dibujo, te traigo el registro electrónico de mi opinión sobre algunos de los temas de moda, así que ahora, mientras le doy descanso a mi garganta tomándome un café, vos vas leyendo en la pantalla lo que pienso sobre la palabra española testaferro y de su equivalente en francés, homme de paille, o sea hombre de paja”, continuó y, antes cerrar herméticamente la boca, anunció: “Mi ponencia se titula Cherchez la femme (ou l´homme) de paille , lo que en español quiere decir Busque a la (o el) testaferro ”.

Tuve entonces que leer el texto que comenzaba a aparecer en la pantalla y resumo más o menos como sigue: Es difícil entender por qué cierto periodismo investigativo tiene el seso tan lerdo que no le permite observar, en los pocos casos de corrupción ventilados –y raramente castigados– en los tribunales, que en el drama de la corrupción el testaferro es una figura poco importante, mientras que el papel estelar, el de corrupto principal, le corresponde siempre a alguien a quien, antes del escándalo, la prensa mimaba por su supuesta honradez más que a Maribel Guardia por su evidente belleza. Los testaferros más eficicaces suelen ser unos oscuros parientes a quienes los mismos funcionarios venales nombran en puestos de confianza, cosa que, aunque la ley y la ética proscriben, ocurre con harta frecuencia y, curiosamente, suele escapar a la observación de la prensa. ¿No sería mejor, periodísticamente hablando, aplicar desde el principio la consigna franchuta de cherchez la femme (ou l´homme) de paille ?

Así, según Camote siempre será mejor localizar a un pariente turbio que comprar una bola de cristal y dejar para más tarde la confesión de un descuido. Y conste que, escudado en su afonía, el manudo se negó a contestar preguntas, metió todo en la valija y se largó para obligarme a pagar la cuenta.

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