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Velia Govaere Vicarioli |
Abogada
Entre una de cal y otra de arena Costa Rica, ha logrado navegar en las aguas turbulentas del mundo moderno, defendiendo sus intereses nacionales por encima de controversias ideológicas. Su consistente rechazo a involucrarse en litigios internacionales no le ha impedido reafirmar su peculiar identidad democrática, con profundas raíces occidentales y cristianas. Pero siempre lo ha hecho sin detrimento de sus intereses de país pequeño, que no puede darse el lujo de políticas de “gestos” en la arena internacional.
No han faltado tentaciones de sudar calenturas ajenas y en más de una ocasión se ha caído temporalmente en la fiebre del momento, frente a la presión de grupos de interés o de países “amigos”. De más está recordar incidencias atípicas con la idiosincrasia nacional, como el establecimiento de una embajada en Jerusalén, la apenas velada condescendencia al uso del territorio nacional por la “contra” nicaragüense, a la par que se proclamaba “neutralidad perpetua” y episodios semejantes, como su participación inicial dentro de la coalición de aliados de Estados Unidos en la intervención militar norteamericana en Iraq.
Pero esas han sido solamente piedras aisladas en un camino, por lo demás, sólido, de neutralidad en el orden internacional, de no inmiscuirse en asuntos internos de otros Estados y de no involucrarse en disputas foráneas.
Un gran paso. El interés económico nos llevó a tener relaciones diplomáticas con Taiwán, que “compensó”, año con año, abierta o encubiertamente, nuestro reconoci- miento diplomático.
¿Por qué romperse las vestiduras por “nuestros amigos de Taiwán” cuando se decidió abrir relaciones diplomáticas con China continental? Al hacerlo cumplíamos nuestra pragmática vocación nacional y nos adelantábamos incluso a Daniel Ortega, con mucha mayor afinidad “ideológica” con el Gobierno chino en un paso decisivo a nuestros intereses estratégicos.
Un estadio “mal placé”, 200 radiopatrullas, una nueva saga de bonos declarados “secreto de Estado” es apenas el lustre del inmenso pastel que significa este paso, cuyo primer capítulo contiene, entre otras cosas, la inminencia de una negociación de libre comercio con el gigante de Asia y del mundo.
La anunciada visita a Costa Rica del presidente Hu Jintao, viene a dar el banderazo de salida a la ofensiva diplomática china en Centroamérica, con nuestro país como buque insignia, para mostrar a la región todo lo que China puede significar en comercio, en inversión y en transferencia tecnológica.
Mientras tanto, el Dalái Lama tenía programado un viaje a nuestro país. De sobra es conocido que además de líder espiritual, el Dalái Lama se presenta como el jefe de Estado del Tíbet, del que afirma ser su “gobierno en exilio”, frente a China, que la considera parte integral de su territorio nacional. China ha protestado de forma constante que los jefes de Estado de otros países, con los que tiene relaciones, reciban formal o informalmente al Dalái Lama.
Por otro lado, el Dalái Lama comparte el honor del Nobel de la Paz con nuestro Presidente y ha visitado Costa Rica en diferentes ocasiones. Su visita planteaba claramente una situación como mínimo incómoda y además poco oportuna frente a la ofensiva diplomática y comercial de Costa Rica con el Gobierno chino. Frente a esa disyuntiva ¿Fue una decisión errónea del presidente Arias “suplicar” al Dalái Lama que pospusiera su viaje a Costa Rica para otra ocasión?
Intereses nacionales. Las explicaciones oficiales de casa presidencial son las “políticamente correctas”, aunque no necesariamente las reales y comprensibles –se aceptara o no su justificación–. Pero hablar claro tampoco está en nuestras tradiciones.
Sin embargo, más allá del metalenguaje político, la solicitud del presidente Arias se ubica dentro de los intereses nacionales, comprendidos como posicionamiento estratégico del país precisamente en una época de crisis económica, en que la diversificación de mercados es tanto más urgente cuando se estancan los intercambios comerciales con nuestro principal socio comercial.
¿Habría sido mejor dejar que estallara una crisis diplomática? Nuestra profunda admiración por el Dalái Lama, como líder espiritual y como ser humano, mensajero de paz y de reconciliación, no puede en ninguna forma ser puesta en contradicción con los intereses de Costa Rica como Estado. El Estado tiene razones que el corazón no comprende.
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