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Página QuinceFERNANDO ARAYA | consulfe@hotmail.com |
Consultor
¿Dónde se habla más de paz, amor y solidaridad y, sin embargo, abundan odios, intolerancias y violencias? ¿En qué actividades predominan esquemas mentales proclives al fanatismo? Si alguien desea encontrar un lugar donde el oficio preferido sea la manipulación de las emociones, ¿dónde debe buscar? Sin más preámbulo, en la política, las ideologías y las religiones. Basta leer los contenidos de ciertas investigaciones periodísticas, o consultar unos pocos libros, para encontrar cientos de ejemplos que ilustran esta circunstancia. ¿Es factible disminuir los niveles de dogmatismo, intolerancia y fanatismo asociados a los ámbitos mencionados? Sí. ¿Cómo hacerlo? Generalizando –popularizando–, a través de la educación y la cultura, los conocimientos físicomatemáticos, naturales, sociales y humanísticos, y, muy especialmente, el tipo de mentalidad que los genera.
Se sabe, por ejemplo, que la persona de “mente dogmática” no contribuye a lograr el propósito indicado. El dogmático no escucha a otros, sólo a sí mismo, se considera dueño de la verdad y presenta sus ideas como si fuesen inmutables, agrupándolas en sistemas de creencias que exigen adhesiones incondicionales y fanáticas. La “mente no dogmática”, científica, funciona distinto; es típica de quienes poseen saberes, valores y principios, pero son capaces, si la evidencia lo aconseja, de revisarlos y dudar de ellos. Esta es la mentalidad que subyace a los conocimientos en general y a las ciencias en particular.
¿Qué es el conocimiento? La mentalidad no dogmática, por lo tanto, genera sistemas de descubrimiento paulatino de la realidad, con capacidad de corrección y evolución. A esto se le llama conocimiento, cuya expresión paradigmática son las ciencias naturales (Astronomía, Cosmología, Biología, Química, Física, Geología), las ciencias sociales y humanísticas (Antropología, Politología, Sociología, Economía, Historia, Administración, Psicología) y las ciencias formales (Lógica Formal, Lógica Simbólica, Matemática). Mientras la “mente dogmática” crea dogmas que dividen a las personas, las enfrentan o excluyen, la “mente no dogmática” hace descubrimientos y los muestra, no impone, propone.
¿Qué significa pensar? ¿Cómo piensa una persona de mente no dogmática? Organiza el lenguaje que utiliza; relaciona conocimientos atinentes al tema que aborda y, finalmente, contrasta los significados de las palabras empleadas con las realidades estudiadas. En este proceder acepta, además, un postulado básico: la realidad es más basta que los fragmentos que conocemos de ella. Sabe que el conocimiento disponible es en extremo limitado, no sólo por lo complejo de la realidad, sino porque el cerebro mira tan solo partes de ella y lo hace sobre la base de informaciones incompletas. Semejante situación determina el carácter probable e incierto de las ideas, sometidas de modo permanente a la prueba de la argumentación racional y la experiencia. Esta realidad, que algunos políticos, ideólogos y religiosos no tienen en cuenta, dado que hablan y actúan como si fuesen encarnaciones divinas, evidencia que el dogmatismo y sus derivados – fanatismo, manipulación emocional, violencia – constituyen una deformación monstruosa.
Un caso. Un tema, a propósito del cual es de mucho provecho aplicar la mentalidad no dogmática, científica, es el de las relaciones entre economía, ética y cultura. Las disciplinas sociales postulan la existencia de vínculos positivos entre variables económicas, morales y culturales, no obstante lo cual aún no se cuenta con un paradigma que identifique esas relaciones y contribuya a transformarlas en soluciones técnicas de problemas socio-económicos. Esta insuficiencia se ha traducido en tres dogmas profundamente dañinos, comunes entre populistas neoestatistas y economicistas de mercado: primero, la economía y la ética son incompatibles; segundo, la cultura y los mercados se excluyen entre sí, y, tercero, crecimiento y distribución de la riqueza no pueden abordarse simultáneamente. Frente a estos dogmas, harían bien los partidos políticos y las Iglesias si formulan una síntesis de variables económicas, éticas y culturales, como fundamento del desarrollo. Por esa vía es posible superar los falsos dualismos que oponen economía y cultura, estado y mercado, rentabilidad y ética, crecimiento y distribución, así como abandonar el cuento de que en el país existen incompatibles proyectos de desarrollo, cuando lo que falta son liderazgos capaces de sintetizar propuestas distintas.
¿A través de qué vía es factible crear una sociedad cuya evolución este basada en la mentalidad “no-dogmática”, y en los conocimientos derivados? Sugiero convertir el lenguaje, la lógica, las ciencias y sus métodos de investigación, el aprendizaje de idiomas extranjeros y el desarrollo de una cultura humanística y científico-tecnológica, en el cuerpo central del proceso educativo; a lo que debe sumarse un aumento sustantivo de la inversión en investigación, así como políticas institucionales que premien la innovación y la capacidad emprendedora. De este modo es posible edificar una sociedad educadora, creadora de conocimientos. Conviene, además, como parte de la sociedad creadora de conocimientos, asegurar que los partidos políticos dejen de ser capillas de iluminados dedicados al insulto y el maquiavelismo, y transformarlos en instrumentos para la consolidación y expansión de la mentalidad no-dogmática, racional, científica.
¿Qué pasa con la religión? En cuanto a la religión, no existe razón que justifique alimentar en ella ninguna reserva o rechazo respecto a la sociedad creadora de conocimientos. En Occidente, desde los tiempos de Alberto Magno, Tomás de Aquino y los maestros de Oxford (Grosseteste, Bacon, Kilwardby, Peckham, etc), tan interesados en el método científico y la investigación experimental de la naturaleza, es claro que la mentalidad científico-racional funciona con independencia del poder religioso. La mente no dogmática, científica, que la modernidad propicia, nacida con Copérnico, Galileo, Kepler, New- ton, Darwin y otros, encuentra en aquellos personajes religiosos uno de sus orígenes.
No debe olvidarse, además, que científicos contemporáneos como Eddington, Planck, Pauli, Schrodinger, Einstein y Heisenber, escribieron textos de indudable matiz religioso y metafísico, que trascienden la combinación de matemática y empirismo de sus trabajos habituales, y valga recordar que Ludwig Wittgenstein, figura clave del positivismo lógico, analítico y científico, no rechazó el hecho religioso y metafísico, afirmó, por el contrario, que estos ámbitos, si bien no pueden expresarse en el lenguaje de la ciencia experimental, son penetrados a través de otros tipos de racionalidad.
Si, a pesar de lo anterior, las Iglesias no son capaces de hacer suya la mentalidad no dogmática e interactuar con la generación de conocimientos y la cultura científico-tecnológica correspondiente, se debe a las distorsiones que crean algunos de sus dirigentes, cardenales, obispos, sacerdotes y pastores, cuando sustituyen su investidura con la política, la manipulación, las ideologías y los negocios.
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