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Costa Rica, Viernes 29 de agosto de 2008

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Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

El Poder Ejecutivo remitió 42 proyectos de ley a la Asamblea Legislativa para ser discutidos en el período de sesiones extraordinarias correspondientes al mes de agosto. El otro período extraordinario corre del 1.° de diciembre al 30 de abril. En un país sin sentido del tiempo, esta camisa de fuerza cronológica –unas 16 sesiones para un tumulto de proyectos– no está al alcance de la comprensión de nosotros los neófitos en el arte de la política.

Quizá cabe preguntarse cuál es la razón constitucional para dedicar a menesteres legislativos un mes aislado, el de agosto, con todo y romería y Día de la Madre, inscrustado entre dos períodos extensos de sesiones. También nos remueve el magín el porqué de todo un año de sesiones legislativas sin lapsos de vacaciones, como en otros países, lo que tiende a desviar el criterio sobre la labor diputadil de lo esencial a lo secundario o cuantitativo.

Todo se complica, además, con el desventurado reglamento interior de la Asamblea, que, si fuera sensato, es decir, enderezado al deber de legislar y no a entorpecer, fecundaría el tiempo legislativo, aun el escuálido mes de agosto cargado de proyectos de ley. Tampoco obligaría a la ficción de pasar todo el tiempo en la Asamblea Legislativa. El tiempo se llena “siendo” legisladores, sujetos a un ordenamiento y a un ritmo creativos, no “estando” sentados en el plenario o en las comisiones, lo que conspira contra el estudio reposado, el descanso y la natural labor política.

¿Ficciones parlamentarias? Además de la dicha y muchas otras, la tontera del quórum: todos junticos, antes del timbrazo y del anuncio performativo: “se abre la sesión”, a fin de ganarse la dieta y echar a andar. Otra: enviar 42 proyectos de ley en agosto al parlamento, entre urgentes, secundarios e inútiles, a sabiendas de que la cantidad no hace la calidad y de que, más bien, aumenta la ineficacia del propio reglamento. Tampoco cabe la justificación oficial de que el envío de tantos proyectos “deja el camino marcado para diciembre”, el tiempo de nadie del calendario tico por los efluvios navideños.

Estas ficciones legislativas son legales, pero nocivas, mas no tanto como la cómica “asamblea general” del PUSC, del sábado pasado, llamada así in extremis por su presidente, dada la falta evidente de quórum (30 delegados de 70), lo que no impidió la modificación de los estatutos para elegir al nuevo tesorero y allanar la candidatura presidencial de la persona interesada, en pos del 2010. Este mes de agosto termina así, este fin de semana, en medio de una bruma extraña, en espera de un septiembre patriótico más ordenado, lúcido y venturoso, sin huracanes ni inundaciones…

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