LN OPINIÓN

Costa Rica, Miércoles 20 de agosto de 2008

/OPINIÓN

Gilberto E. Arce | gilberto.arce@gmail.com

Se presume delincuente

Economista

Lo que me sucedió el 16 de julio pasado lo recordaré por el resto de mi vida. Además, considero importante compartirlo porque es parte de la ola de inseguridades a la que estamos expuestos los costarricenses.

Ese día decidí pasar a desayunar a un restaurante cercano a un hotel capitalino. Me senté, ordené y empecé a ver mis correos electrónicos mientras esperaba la ansiada orden.

Abruptamente, me abordó un extranjero con acento anglosajón quien me indicó que la computadora que yo portaba era de su propiedad, que en mayo pasado la robaron de su casa en Garabito. Me quede estupefacto. Inmediatamente, llegaron tres miembros de la seguridad del hotel a solicitarme que “cooperara”, en el sentido de que yo tenía que probar que la computadora era de mi propiedad. Arribó, además, el jefe de la seguridad privada, a quién le indicaron que yo estaba “cooperando”.

Ante la mirada hostil e inquisidora de la seguridad privada alrededor mío, accedí a que vieran el número de serie del dispositivo, tanto físicamente como en el soft- ware correspondiente. Además, me pidieron que les mostrara la factura de compra; la cual también aporté con fecha anterior al 2008. Aún incrédulos, me solicitaron el cargador eléctrico del equipo y accesorios periféricos (sin palabras).

Hasta ese momento, el extranjero no había presentado ningún tipo de documento que hiciera constar que le habían hurtado algún dispositivo similar. Solo su aparienciaredneck y picuya esposa.

“Un montaje”. La siguiente sorpresa fue que los extranjeros me dijeron que creían que toda la información que les presenté era un montaje. Mientras tanto, llamaron a la policía, quienes, contra todo pronóstico, llegaron rápido. Amablemente, la seguridad del hotel me pidió que “cooperara” acompañándolos al automóvil de la policía pública, ubicado en el parqueo del hotel. En la práctica, tenía más de una hora de estar “detenido”.

Me presenté ante los oficiales, no sin antes percatarme de que en- frente de mí había otro guardia, quién, además de un arma pequeña, portaba con sus dos manos una ametralladora enfrente de mi persona. Incluso, los guardas privados comentaron que eran policías “especiales” (lo cual, no sé qué significa).

Rodeado por guardias privados y públicos (cinco en total), nuevamente mostré toda la información antes mencionada. Mientras tanto, la esposa del extranjero presionaba a estos para que me despojaran de mi equipo ¡porque estaba segura de que les pertenecía!

Los policías públicos, entonces, apoyados por los privados, se comunicaron con sus superiores, quienes les indicaron que mi detención era injustificada y errónea. Para entonces, ya llevaba casi dos horas en esa desconcertante situación.

La actuación de la policía privada del hotel es sencillamente abusiva: a todas luces depositaron su confianza en el extranjero acusador infundado.

Estoy a favor de que extranjeros deseables vivan o visiten Costa Rica, en buena hora. Lo que sí me parece preocupante, incluso peligroso, es que muchos foráneos piensen así de quienes habitamos el país. Esto ocurrió en un restaurante cuyos precios no son cómodos. Luego de la situación sufrida, medité sobre qué sucederá en otras zonas del país, principalmente rurales, y cuál será el trato, por parte de los extranjeros, que reciben los locales, también costarricenses, en esas tierras.

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