Nueva York (AP). Hace dos décadas, la familia Rubashkin abrió un matadero para producir carne kosher entre los maizales de Iowa, un estado que no era precisamente representativo de la cultura judía en el país.
Pronto, la familia que residía en Brooklyn transformó la población de Postville en un crisol de distintas culturas. Numerosos inmigrantes guatemaltecos y mexicanos comenzaron a llegar para trabajar en el matadero.
El poblado se llenó de templos de distintos credos. En las tiendas era posible conseguir tanto tortillas como bagels, pero en fechas recientes, el gran experimento desatado por los Rubashkin parece condenado a no tener un final feliz.
El negocio familiar en Iowa, Agriprocessors, que llegó a ser el mayor proveedor de carne kosher, fue objeto de una redada de agentes federales de inmigración en mayo. Casi 400 trabajadores, en su mayoría guatemaltecos, fueron detenidos y enfrentan una deportación probable como indocumentados.
Ahora, activistas sindicales y trabajadores acusan a la empresa de explotar a sus empleados, de tolerar abusos de los jefes y de contratar ilegalmente a trabajadores adolescentes.
Algunos grupos judíos han preguntado si, en vista de todos los problemas, la planta debe conservar su certificación kosher.
Todo ello ha derivado en un caos para una familia que nunca buscó llamar la atención pública y que ahora dice sentirse atacada injustamente, especialmente por la prensa.
La prensa? Es terrible!, dijo Aaron Rubashkin, patriarca de la familia, a un reportero del servicio noticioso judío JTA, durante una de las pocas entrevistas que ha concedido, en junio. Rubashkin dijo que las acusaciones de que la empresa contrataba a sabiendas a indocumentados y menores de edad y de que toleraba condiciones de abuso en el trabajo son totalmente falsas.
Desearía que todas las personas fueran tratadas como nosotros tratamos a la gente, expresó.
Los intentos por entrevistar a Rubashkin fueron infructuosos. Sus representantes dijeron a The Associated Press que el empresario de 80 años había viajado a Brooklyn, donde todavía administra la carnicería que fundó su familia hace medio siglo.
Pero la historia de la familia está bien documentada.
Aaron Rubashkin y su esposa Rivka huyeron de la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial y se asentaron en Brooklyn. La familia ha dicho que los tíos de Rivka fueron encarcelados en Siberia por sus creencias religiosas.
En la década de 1950, Aaron fundó un mercado de carne kosher en la ciudad. La familia prosperó en Estados Unidos.
En 1987, los Rubashkin buscaron una forma de aumentar el abasto de carne kosher, así que compraron una planta abandonada que empacaba carne convencional en Postville.
Dos hijos de Aaron se mudaron al poblado para supervisar la planta, seguidos por varias familias judías. Postville, que era un pueblo de 1.500 personas, pronto atrajo también a los inmigrantes latinoamericanos.
Repentinamente, el poblado se llenó de rabinos, otros judíos, guatemaltecos, mexicanos y expatriados de las antiguas repúblicas soviéticas.
Se convirtió en un lugar visitado regularmente por periodistas que buscaban una nota sobre la diversidad étnica de Estados Unidos. National Geographic hizo un reportaje y el profesor de periodismo Stephen Bloom escribió un libro: Postville: Un Choque de Culturas en el Corazón de Estados Unidos.
Y la empresa era un éxito, con marcas populares como Aarons Best y Rubashkin.
Pero en 2004, el grupo PETA defensor de los animales grabó un video sobre supuestos maltratos en la planta.
Los problemas habían comenzado antes. En 2002, Moshe Rubashkin, rabino influyente de Brooklyn, se declaró culpable de fraude bancario, por firmar cheques sin fondos. Un yerno, Menachim Balkany, fue acusado un año después de usar indebidamente recursos federales por 700.000 dólares, como recaudador de fondos con fines políticos.
Este año, Moshe Rubashkin se declaró culpable de almacenar desperdicios peligrosos sin permiso en una planta textil abandonada, propiedad de la familia, en Allentown, Pensilvania. Su hijo se declaró culpable de mentir a los agentes federales durante la investigación.
Quienes simpatizan con los Rubashkin niegan que sean delincuentes. Los describen simplemente como empresarios sin experiencia que cometieron algunos errores mientras crecía su compañía.
Es gente sencilla. Son una familia de carniceros, dijo Dovid Eliezrie, rabino de California quien ha ayudado a la familia en su relación con la prensa.
Pero Scott Frotman, portavoz del sindicato de Trabajadores Alimentarios y Comerciales, tiene una opinión distinta. Considera que el trato dado por la compañía a los trabajadores inmigrantes fue condenable moralmente.
Ellos culpan a la prensa, nos culpan a nosotros. Se niegan a aceptar su responsabilidad por cualquier cosa que ocurrió en esa planta.
Las autoridades estatales y federales investigan varias presuntas infracciones en la compañía, como emplear a menores de edad, no pagar a los trabajadores y utilizar químicos peligrosos. Los Rubashkin no enfrentan todavía cargos en ese caso.
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El periodista de The Associated Press Henry C. Jackson contribuyó con este despacho desde Des Moines, Iowa.
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