Costa Rica, Miércoles 30 de abril de 2008

/OPINIÓN

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Jorge Eduardo Sánchez S.

Banca para el desarrollo despolitizada

Diputado

Leyendo el editorial del periódicoLa Nación del pasado domingo 13 de abril de 2008, no sorprende la divergencia en la visión de país que tenemos con el editorialista.

Pero lo que sí es sorprendente es que este no leyera con calma y correctamente el texto de la ley aprobada en segundo debate antes de editorializar al respecto, porque señala supuestos temas que fueron superados al final de la discusión en la Asamblea Legislativa, como, por ejemplo, la composición del consejo rector. Uno de los tantos errores de percepción y lectura del editorialista.

Definición. Debemos señalar que el Sistema de Banca de Desarrollo, número uno: no es otro banco. Número dos: no es un banco de segundo piso. Número tres: no es una institución de beneficencia. Número cuatro: no es un programa. Es un sistema que nace para cumplir un rol de desarrollo nacional y dejar de lado la incapacidad de los fideicomisos que se prestaron incluso para un clientelismo político.

Debió empezar por ahí el editorialista, por la definición misma del concepto de banca de desarrollo que fue logrado luego de escuchar a los diversos sectores, incluidos los banqueros.

Actualmente hay más de $1.430 millones de todo nuestro sistema bancario invertido fortaleciendo otras economías y no la nuestra: economías como la japonesa, en yenes; la norteamericana, en dólares, y economías como las europeas, en euros. Ahí están depositados los fondos de los costarricenses, producto de las utilidades de nuestro sistema bancario. El Sistema Financiero es un medio para movilizar recursos para la inversión, no es un fin en sí mismo.

Consideramos que parte de las utilidades de los bancos –que no son recursos de captación– debería estar dirigida a fortalecer la democratización económica utilizando la misma infraestructura del sector financiero, pero con un concepto absolutamente diferenciado. Descubrimos, por la misma boca de los banqueros, que ellos no podían incursionar en nuevos modelos crediticios si no se les garantizaban los parámetros bancarios que la Sugef y Conasif les exigen.

Responsablemente los legisladores, lejos de politizar el otorgamiento de créditos, lo que hicimos fue lograr que se diera una regulación diferenciada a recursos que son diferentes; porque, como el editorialista no se dio cuenta, no son recursos de la captación de los ahorros de los costarricenses, son recursos producto de las utilidades netas de los bancos públicos, o sea, de los costarricenses, y somos los costarricenses quienes tenemos la potestad de disponer a qué se dedican.

No quisimos dedicar ese dinero a regalarlo, quisimos dedicarlo a la inversión productiva por medio del mismo Sistema Financiero.

No politizamos. No lleva razón tampoco el editorialista, en que estamos politizando el Sistema de Banca para el Desarrollo; todo lo contrario, está despolitizado porque, como lo dije anteriormente, esta iniciativa no implica mayor burocracia, sino que es un sistema integrado con toda la infraestructura financiera nacional en la que, junto a las instituciones públicas y privadas que prestan servicios no financieros, valorarán que los proyectos a financiar sean viables y sostenibles.

Entre los recursos a destinar a estos propósitos está el del “peaje bancario” que se toma de la banca privada para poder captar recursos en cuenta corriente, con los cuales se coadyuva a constituir un fondo de crédito para proyectos de desarrollo.

Todas las condiciones de crédito se establecerán de manera diferenciada porque las naranjas, el ganado, los frijoles y maíz no tienen los mismo tiempos para producir que un supermercado, una pequeña compañía de diseño de software o un consultorio profesional.

Los proyectos productivos no solo reciben financiamiento, sino asesoría permanente adecuada a sus necesidades específicas para garantizar que pueda desarrollarse y empezar a ser sujeto de la banca comercial. El objetivo es que los que hoy no son sujeto de crédito en el sistema tradicional lleguen a serlo algún día, a través de la financiación de su idea productiva y lleguen a ser “banqueables” como empresas en la formalidad.

Será acaso que lo que quiere el editorialista es que siga teniendo acceso al crédito solo el 35% de los costarricenses, y el otro 65% no, con lo cual se siga incrementando la brecha social y los problemas que estos causan. Siendo así, ciertamente el editorialista y yo creemos en cosas diferentes, el editorialista y los 57 diputados creemos en cosas diferentes.

Nosotros creemos que la riqueza de una nación no radica en su ingreso per cápita, ni radica en lo que se acumula en el Banco Central, radica en la capacidad que tenga de distribuir riqueza y lo que pretendemos es distribuir riqueza a través del emprendedurismo, de las buenas ideas, de los proyectos viables, factibles y financiables.

Fideicomisos. Un tercer elemento que tampoco leyó el editorialista: se despolitizaron todos los fideicomisos agropecuarios, todos.

Estos fideicomisos se convierten en un fondo que será administrado según rigurosos criterios financieros y técnicos en el marco de la evaluación y desarrollo de proyectos, no políticamente en la gaveta de un ministro de Agricultura.

¡Qué mezquindad! Que mezquindad, no reconocer el desprendimiento político que hubo para poner al servicio de un verdadero sistema un fideicomiso nacional para el desarrollo, para avales, garantías y acompañamiento, sin poner en riesgo nunca la confianza del sistema financiero costarricense.

Pero de qué me extraño si, al fin y al cabo, es el editorialista del medio de comunicación, que como empresa, se aprovechó de los incentivos turísticos para, con impuestos de todos los costarricenses, desarrollar proyectos en Guanacaste y otras áreas del país. Se aprovechó de una ley politizada, hecha por políticos

Como dicen en mi pueblo, Pejibaye de Perez Zeledón, alergia en los ricos y sarna en los pobres. Darle incentivos a las empresas es mérito para los políticos, pero darle bonos a los pobres como una oportunidad de salir de la pobreza o crear un sistema de banca para el desarrollo, eso es un relajo. Cosas veredes, amigo Sancho.

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